Según relatos no verificados, en una remota población olvidada de Dios y los hombres de los gobiernos, varios vecinos fueron parte de un acontecer singular que parece como sacado de un cuento. Los hechos y que ocurrieron más o menos así:
El compa Tiburcio, jubilado de la administración pública y su perro Rocky, hurgaban junto con ellos en un basurero en busca de algo para completar el menú del día. Esta tarea la realizaban algunas veces dada la insuficiencia de bonos y salario mínimo. Ese día Rocky gruñía malhumorado mientras husmeaba entre los desperdicios. Alguien dijo como pensando en voz alta: “¿Hasta cuándo Señor? ¿Dónde están los reales del petróleo”, quizás pensando en iniciar una conversación de esas que se dan en cualquier parte menos en las alturas de la Asamblea Nacional.
─ ¿Qué dices Tiburcio? ─ preguntó uno de los vecinos.
─ No he dicho nada, en boca cerrada no entran moscas ─respondió Tiburcio secamente.
─ Yo tampoco fui ─dijo otro.
─ ¡Vergación! … ¿Y entonces nadie fue? ─protestó alguien ─¿Ahora también nos va a dar miedo desahogarnos en un basurero aunque ni siquiera nos vean Marcos Rubio o los del gobierno?
─Deben ser los espíritus, a mí ya me habían contado que en este basurero salían muertos ─comentó una voz.
─Si no fue uno de nosotros, entonces fue el perro de Tiburcio; preguntémosle ─propuso un gracioso.
Siguiendo el hilo de su ocurrencia el gracioso interpeló al perro.
─A ver Rocky, sé buen perrito, ¿fuiste tú quien preguntó?
Rocky lo miraba de forma muy extraña, como muy entendido. Emitió unos ladridos y pareció como que se aclaraba la garganta, o al menos dio esa impresión. De pronto y que dijo, testimonian los presentes:
“Sí, fui yo, apreciados jubilados y pensionados, conciudadanos todos”, contestó Rocky en claro y perfecto castellano y agregó algo más ante los estupefactos presentes.
“Y lo que estoy es arrecho por tanto silencio en la Asamblea Nacional, en el Gobierno, en el PSUV y en nuestras fuerzas armadas ante el robo de nuestro petróleo, el oro y demás riquezas de nuestro país. Esto afecta la economía de nuestros dueños y nos obliga a nosotros las mascotas a acompañarlos a hurgar entre desperdicios cuando no hay comida. Lo que le pasa al pueblo también nos pasa a nosotros…”
Mas emocionados por la defensa de la soberanía que por oír hablar al perro, los vecinos se manifestaron eufóricos.
─ ¡Así se habla compañero! ─agitó uno emocionado por aquella extraordinaria expresión de libertad.
─ ¡Púyalo Rocky!
Rocky continuó.
“Ya he conversado con los otros perros del vecindario y están dispuestos a levantar sus ladridos de protesta contra el saqueo y la entrega de nuestros recursos; las mascotas no tenemos miedo y nos estamos organizando, llegaremos hasta las últimas consecuencias”.
─ ¡Bravo!
─ ¡Hurra!
“Es bueno que se sepa que los loros están en la primera línea de combate, tienen tiempo entrenándose en hablar castellano y ya unas cuantos de ellas hablan inglés y hasta chino. Nos hemos estado preparando para este momento en que se está arreglando una transición que deje afuera al pueblo y mantenga el pillaje de los colonizadores. Tenemos que rechazar esa transición arreglada por intereses, mas chucuta que los aumentos de los bonos. En vista de que las fuerzas armadas nuestras no reaccionan ante el saqueo que nos empobrece a todos, los perros, los loros y las tortugas nos vamos a la guerra… estamos esperando la señal para lanzarnos a la ofensiva y producir una verdadera transición que pare el pillaje gringo y el entreguismo traidor de los culpables del desastre. Los gatos y los canarios también están en la volada y darán una gran sorpresa cuando el día señalado llegue… ¡Nos van a tener que oír carajo!”.
─ ¡Yankis go home!
─ ¡fuera el sionismo!
…
…
Y así continuó hasta la madrugada la insólita asamblea de ciudadanos dirigida por un perro que aprendió a hablar de la pura arrechera.
No se sabe más de lo que pasó después de culminar la asamblea. Se rumora que los cuerpos de seguridad andan buscando a Rocky para encerrarlo en el helicoide porque sospechan que está metido en una conspiración, lo que atentaría contra los derechos humanos de las mascotas. Dadas esas circunstancias es probable que Tiburcio no haya vuelto por el basurero y suponemos que la está pasando mal sin este recurso.
Por otro lado, hay rumores de que en otras comunidades cercanas han ocurrido casos semejantes en que las mascotas están hablando por nosotros y asumiendo la causa de la soberanía.

