El ser humano se encuentra frente al desafío de dar una acertada lectura a lo que acontece a su alrededor. Por lo general se acostumbra a ver solo la hoja del árbol y no el inmenso bosque que realmente rodea su existencia. Es quizá allí donde radique la proliferación de diversos problemas que no han podido ser resueltos.
Sobre esta limitación del hombre por conocer ya lo había advertido Platón en su famoso -Mito de la Caverna-. Allí el pensador ateniense señaló que “No son los ojos lo que ven, sino lo que nosotros vemos por medio de los ojos”. Con esas palabras distinguió el mundo de la percepción, basado en los sentidos, respecto al mundo del conocimiento, a través de la razón.
Muchas veces nos dejamos engañar por lo que vemos al instante y escuchamos de los demás. Estamos sometidos a una permanente ilusión al dar crédito a todo lo que se asoma a nuestra presencia sin hacer el mayor esfuerzo por dilucidar e interpretar los hechos de la vida diaria. Nos convertimos en repetidores de las cosas y las establecemos en verdades absolutas, cuando en realidad solo son apariencias.
Precisamente, -El Mito de la Caverna- es una metáfora usada por Platón donde muestra a unos prisioneros que permanecen encerrados en una cueva y solo pueden contemplar sombras proyectadas. Esas imágenes constituyen para ellos la realidad aparente. Cuando uno de los prisioneros consigue salir al exterior, descubre progresivamente un mundo distinto al que suponía real.
La idea que trata de mostrarnos Platón es que una persona puede confundir la realidad durante un largo tiempo porque no ha intentado verla desde otra perspectiva. Pues, los sentidos no constituyen el conocimiento por sí solo, tienden a engañar. Es importante que hagamos el esfuerzo usar el intelecto para darle significado real a las cosas que están a nuestro alrededor. Solo así podemos conocer y avanzar en la vida.

