En ese inmenso océano de la investigación histórica a veces se presentan ocasiones en las que algún investigador se atribuye el hecho de ser “el descubridor” de un documento histórico (o de un lote de estos) y está totalmente equivocado, porque está incurriendo en un error en la metodología de la investigación y por ello se hace propicia la ocasión para explicarlo a través de tres escenarios:
Caso 1: Haber leído por primera vez un documento antiguo o una colección de documentos que ya fueron citados en las referencias bibliográficas de un artículo, en una revista indexada, en una revista especializada en historia (no indexada), pero que está en una base de datos de publicaciones, en un libro o tesis de grado no constituye un descubrimiento, ya que ese material forma parte del acervo histórico de un país o institución y del registro bibliográfico existente.
Otro aspecto que se suma a lo anterior es que el hecho que una persona desconozca la existencia de un documento y lo lea por primera vez es un acto de aprendizaje personal y no es un descubrimiento historiográfico.
Caso 2: ¿Cuándo podemos hablar de un descubrimiento?
Un descubrimiento es cuando se saca a la luz por primera vez un documento inédito, desconocido o que no ha sido catalogado (en ningún archivo o publicación previa alguna) o cuando el historiador localiza de forma física una fuente primaria que no ha sido indexada. Sobre redescubrimiento y revalorización podemos hablar cuando un documento que ya ha sido citado pasa a analizarse desde un nuevo punto de vista.
Caso 3: ¿Cuál es el término correcto?
En el mundo académico en vez de usar la palabra descubrimiento se pudiesen utilizar de forma rigurosa y académica las siguientes frases:
1- “A partir de la revisión de la cita bibliográfica en: autor, año, se localizó el documento…”.
2- “Se analizó el documento identificado previamente por: autor.
3- El presente trabajo examina/revalúa el documento (x), registrado en…
Para finalizar y a manera de reflexión, debemos decir que afirmar el descubrimiento de algo que ya está documentado formalmente en la bibliografía se considera una falta de rigor, tanto en lo conceptual como en lo historiográfico, y no se es sincero con el público lector. Por esta razón, hoy en día hay que estar muy pendientes, ya que en el mundo de la difusión de la historia de Venezuela el enemigo no solo es quien quiere distorsionarla con fines politiqueros e ideológicos, sino que también quienes la falsifican para hacerse ver como una especie de compendios humanos de sapiencia que terminan por convertirse en verdaderos gigantes con pies de barro. Por ello debemos pensar siempre que la verdadera historia se construye con el trabajo continuo y dedicado, que debe ser guiado por la batuta de la honestidad intelectual.

