La salida de dinero de los ETF, el deterioro del sentimiento inversor y la posible subida de tipos merman el comportamiento de la criptomoneda, que cae un 20% en junio de 2026.
La que debía ser la época dorada de bitcoin se convirtió en una depresión profunda. La criptomoneda no ha cumplido ninguna de las previsiones del mercado y tampoco las expectativas de los inversores. La expectación que dominaba el ecosistema el año pasado, alimentada por Donald Trump y las novedades regulatorias, se ha apagado por completo. Las salidas de los fondos cotizados, la liquidación de posiciones largas apalancadas, el deterioro del clima inversor y los datos macroeconómicos presionan a la baja al bitcoin que encadena caída tras caída como un efecto dominó. En las últimas sesiones ha perdido los 60.000 dólares y cotiza un 53% por debajo de sus máximos de octubre del año pasado. En junio retrocedió un 20%, su peor mes desde el colapso del exchange FTX en 2022, lo que agrava su desplome en el año (un 38%).
La volatilidad de bitcoin y sus fuertes subidas y bajadas no son una novedad: son la naturaleza de las criptomonedas. Pero las caídas que han marcado la tónica del mercado desde octubre pasado han generado un cansancio que empieza a pesar en el ecosistema, especialmente porque parece no haber luz al final del túnel, ni catalizadores a la vista a los que aferrarse.
A diferencia de hace cuatro años, cuando bitcoin se hundió un 41% en un solo mes, sacudido por el colapso de Terra/Luna y un pánico generalizado en el mercado que culminó con la quiebra del exchange FTX de Sam Bankman-Fried, las causas no son internas. No hay escándalos en el mercado, ni crisis de confianza en la industria. Pero el cambio de naturaleza de la criptomoneda, que ha pasado de ser puramente especulativa a considerarse como potencial reserva de valor por empresas y grandes gestoras, ha transformado su base inversora y su sensibilidad hacia los datos macroeconómicos o la política monetaria.
En esta fase aguda de crisis, los analistas señalan a los ETF como uno de los principales factores de presión; es decir, los mismos instrumentos que democratizaron la inversión en la criptomoneda pionera y sostuvieron su precio están contribuyendo ahora a que se apague su brillo. Los inversores están a la defensiva y retiraron dinero a ritmo récord: más de 4.100 millones de dólares de los 13 fondos en junio, la mayor salida neta desde que estos productos comenzaron a cotizar en enero de 2024, según datos recopilados por Bloomberg. IBIT, el fondo de BlackRock con más activos bajo gestión, por si solo representó 3.000 millones de dólares de esas retiradas.
A esto se suma el debilitamiento de otro pilar: la fragilidad de la demanda institucional. En los últimos años, la moda de las tesoreras cripto por acumular bitcoin infló el precio del activo. Pero en un mercado deprimido como el actual, esta estrategia también se ha desmoronado. Muchas compañías se han deshecho de los activos acumulados, y Strategy, la más grande, abrió la puerta a vender parte de sus tenencias para garantizar pagos a inversores. Una mala señal para el mercado: si la empresa más fiel vende bitcoin, cualquier podría hacerlo.
El entorno macroeconómico es otro frente abierto. El índice de precios de los gastos de consumo personal, el indicador favorito de la Reserva Federal para medir la inflación, subió un 4,1% en mayo respecto al año anterior, el mayor incremento desde abril de 2023. Esto refuerza la posibilidad de que los tipos de interés se mantengan altos durante más tiempo o que incluso podrían elevarse en las próximas reuniones de la Fed. Este escenario, junto a la fortaleza del dólar, ha afectado tanto a los activos digitales como a la renta variable y a las acciones tecnológicas, que experimentaron correcciones en las últimas sesiones.
Por último, el deterioro del sentimiento inversor es evidente. Este prolongado criptoinvierno ha mermado profundamente la fe de los inversores, especialmente de aquellos que buscan elevadas rentabilidades. Parte del capital ha rotado hacia la Bolsa, en particular hacia las acciones ligadas a la IA, en busca de retornos más atractivos. La pregunta surge espontánea. ¿Se ha acabado la moda del bitcoin? Los expertos rechazan esta idea. Javier Cabrera, analista de mercados, asegura que la criptomoneda ha vivido ya suficientes crisis como para considerarse solo una moda. Cualquier tipo de activo, tiene periodos en los que el interés es mayor que otros y gana en popularidad, afirma. Javier Molina coincide en esta lectura. Se trata más bien de un momento sin momentum, en el que el dinero rota hacia otros activos que sí se mueven.
En este entorno, los inversores quedarán pendientes en el corto plazo de los flujos hacia los ETF y de la evolución de la política monetaria de la Reserva Federal. Sin señales positivas en ninguno de estos frentes, bitcoin seguirá bajo presión, oscureciendo un panorama ya muy sombrío.
Elisa Tasca – El Pais de España

