1) Sal a la calle y ponte en los zapatos del otro. Lo dice Fernando Savater en Ética para Amador, también lo refieren los principales colosos de la teoría del cine de la no ficción, como Bill Nichols, en el libro clásico La Representación de la Realidad. Salir a la calle es un principio del periodismo, honrado en el país por sus grandes reporteros. El color y la singularidad se aportan desde el contacto con la gente en el asfalto.
2) No seas un vampiro de la pornomiseria. Lo vimos en el documental Agarrando Pueblo del colombiano Luis Ospina, a quien conocimos y escuchamos en librería Buscón de Caracas. Ahí nos enseñó un código moral para saber detectar la mirada etnocéntrica de instrumentación del dolor ajeno. Por igual, es un tema que marcó Edgar Morin, recientemente fallecido. Sus palabras siguen vivas entre nosotros.
3) Empatiza con el dolor de los demás. Lee el clásico ensayo de Susan Sontag, dedicado al problema de mostrar imágenes de violencia de forma fría y mecánica. Se acaba por generar indiferencia y pasividad, en lugar de llamados a la acción, pues las personas se acostumbran a consumir de manera morbosa, anestesiando sus sentidos. Por eso urge explicar, desarrollar y brindar contexto a la noticia del terremoto. Es un dilema, un asunto delicado, analizado tras el fin de la segunda guerra mundial y el holocausto.
4) Honra la libertad de expresión y verifica la información para no hacerte eco de rumores, fakes, bulos. En la escuela se enseña a confirmar tres veces cada dato, contrastando con medios confiables y profesionales. De tal modo se evita caer en engaños, trampas y manipulaciones de bots.
5) Dignifica la imagen de las víctimas. En tal sentido, debes advertir una red flag: la de reporteros y comunicadores amateurs que solo buscan un ángulo sensacionalista de la catástrofe, cebándose en la muerte y la tentación de convertirla en espectáculo. Han sucedido varios terremotos en el mundo que han logrado discutir y desmontar semejante enfoque amarillista. Hoy regresa en redes sociales. Por tanto, procura limpiar tu Tik Tok, dejando de seguir a chacales que nada más van detrás de la necrofilia.
6) No hagas como el influencer que explota la tragedia en beneficio de su contenido. Hay malos y buenos ejemplos en el ecosistema de los creadores de contenido. No se puede meter a todos en la misma bolsa. Rescatemos el trabajo de aquellos que se arriesgan, ofrecen su espacio como voluntarios, enviando mensajes inspiradores. Por el contrario, no alimentemos a los trolles que se visten de vedettes, de dignos, a costa de cualquier tendencia.
7) Evita caer en el turismo del apocalipsis. Son los que asisten por trámite a las zonas de desastre, para tomarse selfies y ser protagonistas. Tampoco suman los que interrumpen las labores serias de rescate, para fotografiarse delante de las ruinas.
8) Profundiza en el contexto desde una mirada humana. Es lo que se ilustra en los textos, en los salones de clase de comunicación social. Esto significa hacer contacto, permitir que las personas afectadas puedan narrar su historia, saber escuchar y transmitir las denuncias correspondientes con el fin de sensibilizar a la comunidad nacional e internacional.
9) Busca la poesía y la luz a pesar de las circunstancias. Si se pudo construir un legado fílmico, tras la Shoah, confiamos en que el cine venezolano estará a la altura de las circunstancias. De hecho, realizadores y documentalistas, dentro y fuera del país, hacen su trabajo de documentar la tragedia con los recursos que cuentan a la mano. En ellos y los comunicadores alternativos hay un trabajo meritorio que aporta mucho para la posteridad.
10) Sin pecar de optimista, descubre la resiliencia y los focos de esperanza. Byun Chul Han lo afirma en uno de sus ensayos. Es el verdadero motor de la acción que salva y redime.