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Sergio Monsalve: Del “dame” al “doy”

 

Del necesito que me den al cómo te puedo ayudar.

Décadas de populismo mal formaron a la población en esperar dádivas, soluciones mesiánicas, ofrendas caídas del cielo.

El estado mágico, dice Fernando Coronill, inculcó un falso argumento: por arte del hechizo de la administración pública, los ciudadanos solo tendrían que aguardar con pasividad por la llegada de una acción benéfica, de marca oficial.

Los últimos 20 años aceleraron el proceso de dependencia, inventando Misiones para cada problema y contingencia.

En vez de arreglar los hospitales, con el concurso de privados y públicos, el gobierno diseña una Misión Salud, para cerrar un acuerdo político con el castrismo.

Pero los médicos cubanos, ya de por sí abandonados en su país, verían cómo el remedio solo empeoraría una enfermedad tropical, la de un socialismo caribeño empecinado en curar con placebos, palmaditas en la espalda, apariencias, fingimientos y asistencialismos discrecionales.

La burocracia brindaría un servicio VIP a los altos jefes, mientras la gente se acostumbraría a las migajas del engaño populista.

Verbigracia, el doblete sísmico dejó en evidencia la escasa sustancia y efecto del entramado misionero en el país, tanto en el ámbito de salud como en el área de la construcción, a merced del peligro y el riesgo de Misión Vivienda.

Casas prefabricadas, apartamentos sacados de una chistera de trucos baratos, que prometían un sueño, una redención, un reconocimiento, un pago por una deuda histórica, y que a la postre fueron una pesadilla, una ruina, un cementerio de almas en pena.

La gente de los barrios y de los ranchos de las zonas afectadas, sufrieron menos que las víctimas de las edificaciones improvisadas por el culto de la personalidad, quien imaginó liberar y honrar un compromiso, cuando en realidad cavó la fosa de sus afectos, de sus partidarios en la Guaira.

Por eso, Venezuela ha entendido, de manera traumática, el alto precio del regalo envenenado, buscando desmarcarse de su rosca ponzoñosa.

Lo vemos en los jóvenes y familias que rompen con el círculo vicioso, saliendo a dar, incluso la vida, en lugar de esperar por una solución, caída del cielo.

Todavía hay trabajo por hacer.

Pero notamos un renacer en la cultura que surgió de las cenizas del 24 de julio.

Puede ser el inicio de una nueva batalla, de una cruzada por nuestra independencia de los lazos y de las cadenas de la sumisión.

La gente, sin esperar por los caudillos y decretos, ya inició la transición, hace tiempo, creando redes de apoyo y reconstrucción, al margen de los acuerdos entre mafias y partidos.

Los ciudadanos tampoco esperaron por un informe de inteligencia, para que les explicaran por qué los decepcionaron, otra vez, en el terreno.

Con las evidencias en mano, narraron su desencanto en cámara, mostrando que obras improvisadas, no fueron amores, sino causantes de su duelo.

Aquí están los animes, las varas de aluminio, los cimientos endebles, que sepultaron nuestra ilusión.

Allí están ellos que salieron a robar y proteger activos, a cuidar bóvedas y caletas, en vez de tomar una pala y sacar a los tapiados, para que tengan un velorio digno, de cuerpo presente.

Los que siguen hablando y procrastinado en sus centros de operaciones, los que pontifican desde la comodidad del privilegio, los que se encerraron en una burbuja para dirigir acciones a los lejos, también fueron sepultados y borrados del mapa, por las ondas del sismo.

Ellos no lo saben pero juegan a que el teatro, su teatro de vanidad, siga y continúe.

La verdad es que, con un duro golpe, ha terminado la fase que comenzó en La Guaira con el deslave.

De aquellos lodos vinieron las tempestades que hoy vuelven a tener a Vargas como epicentro de la ayuda humanitaria, de la catástrofe.

De un hecho a otro, las personas aprendieron y emprendieron su viaje del héroe, que es ponerse a trabajar antes que un villano les marque la agenda de la sujeción, de la esclavitud.

Un 24 de julio comenzó la nueva Venezuela, donde “el dame” fue relevado por “el doy”.

Eso creo.

Comunicador social (Universidad Central de Venezuela), locutor y especialista en cine y documentales. Fue presidente del Círculo de Críticos Cinematográficos de Caracas y director de documentales y largometrajes. Profesor universitario y autor de libros y artículos para diversos medios sobre cine.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM