Amigos lectores:
I. Toda catástrofe irrumpe con preguntas cruciales relativas a nuestro modo de vivir y organizarnos. Tras la devastación se levantan preguntas cruciales sobre los fundamentos con que se piensan y construyen las ciudades. En el urbanismo y la arquitectura están algunas de las respuestas que la sociedad demanda: tal el marco o el fondo del ensayo que ocupa las páginas 1 y 2 de esta edición.
II. “Venero las explicaciones que Aristóteles nos ofrece. A la “trama” la define como una adecuada sucesión de eventos, incluyendo la “agnición”, o paso de la ignorancia al conocimiento hasta descubrir la verdadera identidad de un personaje; o, en el caso de la arquitectura, de un lugar. El “carácter” es la capacidad de mostrar lo que realmente somos, nuestra coherencia y actitud ante una determinada situación. Recordemos también que la palabra “espectáculo” proviene de “observar atentamente”. Una buena arquitectura es capaz tanto de crear como de satisfacer expectativas”: fragmento de Una plaza, un mercado, un paseo, ensayo cuidadosamente tejido de Federico Vegas que conecta la cuestión de la ciudad con otras dimensiones del pensamiento y del desarrollo urbanístico de Caracas.
III. Pablo Antillano fue un caraqueño irremediable. Urbanitas nato que hizo de Caracas su modo de vivir. En el recorrido de sus numerosos emprendimientos culturales -guías, revistas y suplementos culturales- Caracas siempre ocupó un estatuto protagónico. En las páginas 3 y 4 vienen:
Una reseña suya del libro Caracas (Editor: Carsten Todtmann, 1988), con fotografías de Gorka Dorronsoro y textos de José Ignacio Cabrujas, publicada en el suplemento Lectores, en enero de 1989.
Caracas: ver o no ver, ensayo publicado en la Revista Bigott (creo que en 1994), que es, entre otras cosas, un homenaje a los muchos autores que han pensado la ciudad: “Entre los grandes interioranos vinieron Oswaldo Trejo de Los Andes, José Balza de Tucupita, y Adriano González León de Valera, a escribir sobre una ciudad que se ocultaba a sus habitantes nativos. Los grupos literarios, Sardio, Tabla Redonda y el Techo de la Ballena, y más tarde la famosa República del Este, estaban llenos de trujillanos, merideños, guayaneses, larenses, guariqueños y orientales. Fueron ellos los que escribieron sobre putas importadas y prostíbulos, sobre Sabana Grande y la guerrilla urbana, alentaban la bohemia surrealista como en las grandes ciudades, fundaron la necrópolis se entremezclaban con policías y políticos, los temas de una capital”. Páginas 3 y 4.
IV. En las dos siguientes páginas, vienen dos textos de Douglas Bohórquez, de tonalidad memoriosa: Caracas, memoria y deseo, y Mapas de infancia. Escribe en el primero: “A pesar del temor, Caracas ejercía sobre mí una gran fascinación. En el traslado en taxi a la Universidad Central, vimos ya los primeros rascacielos y una que otra vieja casa o algún modesto hotel. El taxista se desplazaba por grandes avenidas y a nuestras preguntas nos mencionaba lugares cuyos nombres eran absolutamente nuevos para nosotros: avenida Lecuna, avenida Libertador, plaza Venezuela. Sentí que estaba en la capital de un país que apenas conocía, capté la vibración de una gran ciudad que intuía diversa, intrincada y en alguna medida arrolladora”. Páginas 5 y 6.
V. Pedro Romero y Miguel Ángel Campos escriben Zulima y demás demoliciones, potente ensayo cargado de resonancias sobre el presente venezolano: “Tras la nacionalización los campos residenciales entraron en una fase de depresión, quedaron como en un limbo, expuestos al desgaste moral, sus moradores no supieron atesorar el modelo funcional, incapaces de retener una experiencia de generaciones, para ellos eran solo viviendas condenadas a la ruina y el deterioro. Pues esas urbanizaciones, ciudadelas como transición entre los iniciales campamentos y la evolución del resto del poblamiento, que generaron en su momento desarrollos abiertos (Tamare en la Costa Oriental y Judibana en Paraguaná), han empezado a ser demolidas. La arquitectura residencial petrolera tiene un significado social que desborda el hecho funcional (…)”. Páginas 7 y 8.
VI. El ensayo de Helena Arellano Mayz se titula La mirada de otro. En el fragmento que sigue están sugeridos algunos de los arcos hacia los que se proyecta su pensamiento: “La mirada del otro nos es indispensable, aunque a veces quisiéramos disponer de ella, evitarla. Estar solos… en una esquina apartada donde el alma no se disfrace para los demás. Dónde poder ser, sin aparentar. Porque la sociedad constituye un espacio en el que, por lo general, representamos, así sea de manera inconsciente, un papel, una persona. Incluso la elección en el vestido conlleva parte de ese «disfraz», la manera que elegimos mostrarnos en el ruedo. En la mirada de los otros puede haber algo depredador que nos haga sentir su presa. Parecer es comparecer ante los demás. Es someterse a la mirada, por tanto, al dictamen de esa mirada”. Página 9.
VII. Gisela Capellin Editora ha puesto en circulación Transectos de la selva, que reúne 14 crónicas de Guadalupe Burelli (1955-2025). Además del prólogo a cargo de Rafael Arráiz Lucca, el volumen incluye evocaciones de Eugenia Arráiz Burelli, Cristóbal Arráiz Burelli y Adela Burelli-Kinsky. En la página 8 reproducimos dos de los textos más breves del libro: Transectos de la selva y El graduado. Escribe la autora en la primera: “Llego a la puerta, entrego la tarjeta de embarque y coloco mi cartera y maleta en la correa de seguridad. Pasa el arco y no suena nada. Esta vez tomé la precaución de no ponerme cinturón. La oficial que mira la pantalla del scanner que analiza mi maleta de mano color azul marino la hace detener. Vuelve hacia atrás y observa de nuevo. Aparecen unos manchones de colores en la pantalla y yo hago un repaso veloz de lo que pudiera ser tomado como sospechoso. Tengo la conciencia tranquila, pero nunca se sabe”. Página 10.
VII. Cuando escribo estas líneas todavía estoy por recorrer el tercio final de Buscando a Ítaca (Editorial Planeta, España, 2026), el más reciente libro de Miguel Ángel Escotet, titular de un notable expediente académico en ámbitos como la sicología, la educación, la administración de instituciones de educación superior. Autor de más cincuenta libros -muchos de ellos dedicados a la Educación-, ha sido Profesor Emérito y Decano de la Universidad de Texas, director de Postgrados de la Universidad de DEUSTO, consejero del director general de la UNESCO, actual rector de la española Universidad Continental de Empresa, y más.
IX. Buscando a Ítaca tiene casi 80 ensayos, organizados en siete secciones –LA ARJÉ, EL NÓSTOS, EL ÁGORA, LA POLIS, LA EIKÓN, LA PAIDEIA y LA PSIQUE-, que invitan a pensar en grandes interrogantes sobre la educación, la democracia, la cultura, el estado de cosas en nuestro tiempo. Buscando a Ítaca es el libro de un humanista, en el que ha volcado lo mejor de sí mismo. En la página 11, escribe Luís Pousa: “Se interroga y nos interroga sobre los grandes movimientos migratorios que definen nuestro tiempo —es deliciosa la definición de Ulises como “el primer migrante de la historia” en busca del retorno al hogar—, el papel de la ciencia, la literatura, el periodismo, el arte, la psicología —su vocación irrenunciable— y la universidad —sin duda, la gran pasión vital del autor—, los desafíos a los que se enfrenta la democracia y, siempre presente, la reivindicación del pensamiento, el diálogo y los valores —la compasión y la dignidad esencial de todo ser humano— como guías fundamentales para construir nuestra vida en convivencia con los demás”.
X. Página 12, página de columnas:
* Mirla Alcibíades Rondón, disse en Terremotos: “La irritabilidad del suelo fue tema de varios discursos. El primero que conozco fue responsabilidad de sor María Josefa de los Ángeles, surgió a raíz de la catástrofe del 26 de marzo de 1812. “El terremoto” es un poema que nos sitúa en la intimidad de la vida de estas carmelitas obligadas a abandonar temporalmente el claustro para buscar refugio en una carpa improvisada que un par de voluntarios las ayudaron a instalar en las faldas del monte El Calvario, acá en Caracas”.
* Juan Pablo Gómez Cova cuenta en Una nueva traducción de la Odisea: “El año pasado (2025) apareció en la editorial Colihue de Buenos Aires una nueva y seria versión, gracias a la profesora Marta Alesso (Universidad Nacional de La Pampa). Se trata de una cuidada edición con un amplio cuerpo de notas y una introducción tan pedagógica como rigurosa. La traductora ha optado por verter cada palabra griega a un vocablo correspondiente en español (salvo contadas excepciones).
* Tahía Rivero, escribe en Abrazar el vacío: “Son numerosos los artistas que han desarrollado con maestría la técnica del torneado y esmaltado partiendo del cuenco y la vasija modernista: Cristina Merchán, Miguel Arroyo, Luisa y Gonzalo Palacios, Seka, Esther Alzaibar, Josefina Álvarez, Gisela Tello, María Pont, Carolina Alfonso Boulton y Guillermo Cuellar, entre otros”.
XI.Que leer sea también como orar.
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Nelson Rivera.

