Sé perfectamente que los tribunales gringos no tienen ninguna competencia para juzgar a Nicolás Madduro, pues, independientemente de los sucesos del 28-7-2024, con todas las irregularidades ocurridas, era el jefe del Estado venezolano. Además, no es ningún narcoterrorista. Sin embargo, no creo que esa realidad va a impedir que el juicio siga o lo va a entorpecer, pues argumentarán que EEUU no lo reconoce como presidente y por lo tanto lo puede juzgar.
*Si el ejército gringo, sin autorización de su congreso, invadió Venezuela, la bombardeo, asesinó a un centenar de combatientes, secuestró a Maduro y a Cilia Flores y los presentó ante un tribunal de Nueva York, no creo que vayan a detenerse en sus acciones, ante el argumento de que sus tribunales no tienen jurisdicción sobre los jefes de Estado extranjeros.
*Cuando un Estado, y mucho más si es un imperio, derrota militarmente a otro país, lo somete y lo obliga, bajo amenazas violentas, a conducirse según sus intereses, y no actúa en función de las necesidades de la nación subyugada, ni se convierte, por obra de gracia del Espíritu Santo, en su nuevo mejor amigo. Por tanto, no creo ningún discurso que afirme la existencia de unas relaciones fraternas con EEUU y mucho menos bajo la administración de Trump.
*En la dominación entre naciones no se constituye nunca una relación de respeto mutuo, ni de garantía de que las necesidades del pueblo dominado van a ser satisfechas, ni sus valores respetados. Las relaciones de respeto sólo se dan entre iguales, no entre quien domina y quien es dominado. Por eso, no creo cuando la presidente Delcy Rodríguez afirma, que existen unas relaciones de respeto mutuo entre Venezuela y EEUU.
*El proceso que se ha desarrollado, luego de la invasión gringa del 3 de enero pasado, ha sido diseñado e impuesto completamente por el Departamento de Estado. Son ellos quienes han llevado la batuta de los cambios ocurridos y quienes se han beneficiado de la nueva relación. No creo, entonces, que haya una base sólida para decir que nuestro país ha recibido algún beneficio, como no sea el de “perdonavidas” de los invasores.
*Donald Trump lo clama cada vez que tiene oportunidad de hacerlo. Han hecho grandes sumas de dinero con la invasión de Venezuela, se han cobrado con creces todos los gastos militares en que han incurrido, desde que comenzaron a movilizar la cuarta flota hasta el presente de “ayuda humanitaria” por los terremotos. No creo entonces que haya ninguna razón, para tener que estarles agradecidos por habernos invadido.
*Hoy, EEUU tienen en su poder las mayores reservas de petróleo existentes, por lo que controlan la mayor parte del petróleo mundial, lo que les da una ventaja estratégica frente a China. Ésta es una situación deseable para ellos, por lo que no pueden aceptar que sea transitoria, ni que dependa de la realización de elecciones en el futuro. No creo que las elecciones cambiarán esta situación, sin importar quien las gane. No creo tampoco, que la finalización del período presidencial de Trump va a significa algún cambio en la situación actual.
*La oposición extremista violenta habla de la necesidad de que se realicen elecciones libres, que para ellos son aquéllas donde salgan victoriosos, pues si no, no serían libres, hubo fraude o cualquier otra racionalización. Otros opositores, incluso quienes pueden ser calificados de serios, también hablan de elecciones libres. Pocos parecen notar que no existen elecciones libres en una nación sojuzgada y sin soberanía. ¿Cómo se expresa la soberanía popular con los fusiles gringos apuntándonos? No creo en la posibilidad, a corto plazo, de elecciones en Venezuela verdaderamente libres.
*Y no estoy entre quienes piensan que, en Venezuela, las elecciones alguna vez, han sido totalmente libres. ¿Libres con una parte de los electores paupérrimos, desempleados o marginados socialmente? ¿Libres con partidos ilegalizados? ¿Libres con sanciones económico financieras contra el país? ¿Libres bajo amenaza militar interna o, peor aún, extranjera? No me cuento entre los adoradores de la democracia “representativa” adeco-copeyana, ni tampoco entre los fanáticos de la inexistente democracia “participativa” chavecista. Ni en la primera los electos respondían a los intereses de sus votantes, ni en la segunda les permitían verdaderamente participar. Por eso, no creo en ninguna de esas dos supuestas democracias.

