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Eliane Brum: Cristiano Ronaldo, ídolo de los niños y los petroestados

 

Nunca puede dejar de sorprendernos que cada mañana, cuando el portugués Cristiano Ronaldo abre los ojos, ya ha ganado 821.917 dólares. Cada mes, mientras la mayoría de nosotros hacemos malabarismos para pagar las facturas básicas, él se embolsa 25 millones. Al final de 2026, serán 300 millones, una cifra tan grandiosa que suena casi etérea. Está lejos de ser el único futbolista bien pagado. Los campos del Mundial que levanta las pasiones del momento los pisan multimillonarios, y el sistema que permite una obscenidad como esta es bien conocido. Pero hay que ir un poco más allá y preguntarse quién paga tanto a un deportista que ni siquiera está en su mejor momento y por qué. La cuestión aumenta todavía más de temperatura si te estás achicharrando en una Europa sobrecalentada o sufres insomnio por el temor a las sequías y las inundaciones que pueden provocar la coincidencia del “Super Niño” con el calentamiento global. La mayor belleza del fútbol es que habla de la vida, pero no siempre de su lado más bonito.

Quien paga la mayor parte de los ingresos del jugador del Al-Nassr es el Fondo de Inversión Pública, el fondo soberano de Arabia Saudí, país que bloquea todos los intentos de reducir la producción y el consumo de petróleo en todas las cumbres del clima y encuentros internacionales que las preparan. Como es bien sabido, los combustibles fósiles son responsables de al menos el 70% de las emisiones de los gases que provocan el calentamiento global. Dejar de producir y consumir petróleo, carbón y gas natural es la acción principal para evitar que nuestra especie (y miles de otras) se extingan. Pero, para los gobernantes de países como Arabia Saudí, así como para Donald Trump y los accionistas de las grandes corporaciones de combustibles fósiles, el sufrimiento que ya padecen millones de personas a causa de los fenómenos climáticos extremos no importa. Lo que importa es el beneficio inmediato. Y así, el dinero que genera el colapso del clima también ha convertido a Cristiano Ronaldo en el primer milmillonario de la historia del fútbol.

Cuando estaba en el Real Madrid, en el apogeo de su talento, ganaba varias veces menos. Pero para el fondo soberano de Arabia Saudí, su valor no está en sus pies, sino en su imagen. Convertirlo en el jugador mejor pagado del mundo sale barato comparado con los beneficios del petróleo, porque lo que Cristiano Ronaldo hace en los campos de fútbol importa mucho menos que lo que hace fuera de ellos, al contribuir a aumentar el poder blando de un estado que debería ser considerado uno de los villanos de la humanidad. “Nunca antes un país había invertido de manera tan masiva, explícita y planificada en el fútbol con el objetivo de blanquear su imagen”, sostuvo el periodista Roberto Kaz, del Observatorio del Clima, una red de 130 organizaciones que lucha contra la crisis climática.

Mientras transcurría el Mundial de Fútbol el mes de junio, la Conferencia sobre el Clima de Bonn, preparatoria de la COP31, generó frustración al fracasar en los puntos principales. En Inglaterra, donde se llegó a registrar una sensación térmica de 41 grados, se canceló un acto sobre el calor extremo en la Semana de la Acción Climática de Londres… debido al calor extremo. Y el último informe Banking on Climate Chaos ha recibido menos atención que cualquier partido de fútbol, pero debería ser noticia de portada y tema de conversación en los bares: en 2025, los 65 mayores bancos del mundo pusieron a disposición de empresas que explotan y comercializan combustibles fósiles 906.000 millones de dólares, casi un 8% más que el año anterior. Esto significa que a quienes controlan el sistema financiero internacional les importa un comino que el colapso climático se acelere porque los gobiernos y los accionistas están aumentando la producción de petróleo en lugar de reducirla. Al contrario, invierten en el colapso porque es lucrativo.

El Mundial es uno de esos raros momentos en que gran parte de la población del planeta tiene la mirada puesta en el mismo lugar. Esto nos ayuda a recordar que no hay un mundo y otro mundo. Es el mismo y brutalmente desigual, donde la multiplicación de la riqueza de unos pocos está provocando la muerte de muchos. En el campo, tiene todo el sentido inspirarse en la belleza de aquellas selecciones en las que el fútbol sigue siendo arte y en las que, dentro del rectángulo de juego, todo depende de la colectividad y la igualdad. Pero cuando el árbitro pita el final del partido, no se puede olvidar que este Mundial dejará 7,8 millones de toneladas de carbono, lo equivalente a las emisiones anuales de un país como Sierra Leona. Como resume una conocida frase, “el fútbol es el socialismo perfecto dentro del terreno de juego y el capitalismo salvaje fuera de él”.

Es una acción humanitaria de emergencia prestar atención a qué ídolos elegimos para ver si pueden servir de ejemplo a los niños que ya viven en un planeta más hostil para la especie humana por culpa de las acciones de los señores a quienes sirven estos multimillonarios del fútbol.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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