La catástrofe económica que ha provocado el llamado “Socialismo del Siglo XXI” es inconmensurable. Y a ello se suma ahora la tragedia de los dos terremotos que han castigado a nuestro país. Recuperar la salud de la economía venezolana nos va a costar Dios y su ayuda.
Sin embargo, es necesario decirlo con toda claridad: la economía venezolana se puede y se debe recuperar. Los venezolanos podemos, más aún con el apoyo de quienes estén dispuestos a ayudarnos y felizmente son muchos los que están en disposición de hacerlo.
Adicionalmente, la infraestructura del sector petrolero y manufacturero no resultaron severamente afectadas a consecuencia de los sismos.
Hay un conjunto de malas palabras que tenemos que superar: recesión, inflación, devaluación, gasto público exagerado y dispendioso, expropiaciones, endeudamiento, populismo, estatismo, intervencionismo, discrecionalidad, arbitrariedad, y un largo etcétera.
Por el contrario, hay un conjunto de buenas palabras que debemos cultivar. La primera de ellas es: Confianza.
La economía no se recupera si no hay inversiones y no habrá inversiones mientras no haya confianza. Así de simple!
Necesitamos inversiones públicas, pero, sobre todo inversiones privadas. Inversiones nacionales, pero, sobre todo, inversiones internacionales.
Las expropiaciones tan aplaudidas por la “galería” en los tiempos iniciales del chavismo, le causaron un daño gigantesco a la economía nacional.
Afortunadamente, la Divina Providencia ha sido muy generosa con nosotros. Tenemos petróleo y gas en grandes cantidades. Tenemos recursos minerales muy valiosos y muy variados. Tenemos un enorme potencial agrícola, pecuario y turístico. Tenemos hierro y aluminio. Lo que requerimos es un gobierno serio y unas políticas responsables y sensatas.
¡Seguiremos conversando!

