El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. Salmo 91:1
Finaliza la tarde de un día festivo en Venezuela, el 24 de junio es fecha patria se conmemora la Batalla de Carabobo, además es día de San Juan el precursor, una jornada para buscar el refugio en la familia, que sufre bajo un régimen político que ha convertido los actos más elementales de la vida en epopeyas reales, tener agua potable, energía eléctrica, dinero suficiente para comprar la dieta básica, en suma un régimen que destruyó el concepto de Estado, pues no podemos caer en el error de definirlo como Estado fallido, pues para que un Estado falle, primero ha de existir como estructura, es decir tener territorio, que en nuestro caso se encuentra fragmentado, población en diáspora y estado de sobrevivencia y poder, también devenido mecanismo de control.
En este final de un día festivo, en dónde se recurre a la creatividad para intentar pasarla lo menos mal posible, la rutina de toda una sociedad de sobrevivientes se interrumpe, por un rugido indescriptible. ¡Un temblor! Esa es otra de las múltiples agonías del venezolano, pero aquello era más y mucho más, un terremoto de 7,1 grados, la angustia residía en que aquel monstruo no parecía calmarse, por el contrario se intensificaba, un fenómeno que los geólogos llaman doblete, todo lo malo en Venezuela es doble, hasta las desgracias, pues el chavismo lleva dobletes de años inoculado en el poder, el segundo terremoto de 7,5 grados el cual devasto a un país, que experimenta una emergencia humanitaria compleja (EHC), justo en ese dolor se incardina esta tragedia.
Cifras concretas para explicar que no son estadísticas es dolor y gente:
Los supuestos hacedores de políticas públicas, están incapacitados para pensar de manera libre, por el contrario, se aferran a datos, cifras, algoritmos, procesos actuariales, que reducen el pensamiento a una simplificación abstracta, que no supone profundidad, sino extracción de partes, el pensamiento se reduce a pernos, elementos de instrumentalización que nos alejan de necesarias profundizaciones, de un pensamiento concreto en el cual con crezca la racionalidad trascendental que embride lo teleológico, lo axiológico, lo epistemológico, lo hermenéutico, lo fenomenológico y por ende lo estrictamente ontológico, en su obra Dialéctica de la ilustración Horkheimer, Max y Theodor Adorno (1994), argumentaban que el positivismo reduce el pensamiento a un mero mecanismo de datos empíricos y hechos observables: “Al eliminar la capacidad de la razón de criticar o imaginar realidades alternativas, el positivismo transforma el pensamiento en algo estático, burocrático y muerto” (Horkheimeier, M; Adorno, T, 1994).
Por su parte Herbert Marcuse, en su obra el hombre unidimensional (1964) fustiga duramente al positivismo, así como a la filosofía analítica por liquidar elementos críticos del lenguaje y por ende al pensamiento, para Marcuse, “al exponer el acto de pensar a la ratio tecnológica y científico, se mata la dimensión de la mente humana” (Marcuse, 1964), convirtiéndonos en meras herramientas, tornillos, pernos, manuales de instrucciones, procedimientos, códigos y modelos actuariales que jamás podrán reproducir la realidad, por ende se enfrascan en abstraerse en análisis de validez, en medio de una plenitud de incertidumbres imposibles de recrear, por ende la ratio tecnológica asesina la trascendencia del pensamiento del hombre, lo somete a la mera interpretación de datos, reportes y estadísticas.
En este orden de ideas, encontramos en Unamuno, quien desde el existencialismo cristiano ataca con firmeza al positivismo y cientificismo de su época, argumentando la siguiente frase: “El pensamiento que no nos duele es pensamiento muerto puro esqueleto”, es imposible reducir, congelar la realidad a fórmulas y realidades científicas obviando el transcurrir de la vida, dándole la espalda a la angustia de la mortalidad y la verdadera experiencia humana. Datos fríos, programas que intentan explicar lo absolutamente vulnerables que somos, intersticios de la mente en donde se maquillan de ciencia, las más inconfesables posturas humanas, las más reprochables miserias del ser dejado, caído en la charla.
Los dos terremotos que sufrió Venezuela, fracturaron la careta de un interinato, quien hereda la ruindad del régimen al cual traicionó, pues son lo mismo, arquitectos del terror, una escinción de la crueldad de un régimen usurpador, se pensaron que podían a punta de pragmatismos científicos y positivistas, podían encontrar más tiempo, para cumplir los caprichos de sus acompañantes poderosos, así mismo bajo esa égida consiguen seguir rapiñando a un país entero, no son dóciles y han logrado engañar a su acompañante imperial, otrora enemigo mortal, pero no contaban que los eventos catastróficos, son estocásticos e impredecibles, estos dos monstruos que nos golpearon el pasado 24 de junio de 2026, liberaron una energía equivalente a doscientas sesenta bombas atómicas, como la lanzada sobre Hiroshima, esa energía cambiar{a la mirada del pueblo venezolano, el Padre Jesuita Pedro Arrupe, quien fuera testigo de la devastación en Hiroshima, explica que la explosión nuclear “ Produjo un efecto psico-político-religioso que cambió para siempre al Japón, la destrucción fue masiva, Japón supo que tenía que levantarse, quiso hacerlo además. Basta recordar los interminables y violentos movimientos de la tierra, la destrucción causada, la cual no puede ser ocultada por el interinato, aunque en su propósito fundamental subyace la mentira y la praxis de espectáculo y la subestimación de la tragedia.
El dolor, el sufrimiento, la muerte, la pérdida de seres queridos, además de la destrucción de todo lo material, que en Venezuela es irrecuperable, sin la ayuda del mundo, hacen más traumático el escenario, el chavismo ha demostrado en estos veintiocho años de horror, que es más lesivo que una tragedia de esta dimensión, de hecho nos destruyó el país produjo una horrible contracción del Producto Interno Bruto del 75%, solo en el lapso de 2013 al 202, igualmente una hiperinflación sideral de 130.000% en 2018, dejando al país atado a una inercia inflacionaria que nos hace cada día más pobre, todo esto configura una Emergencia humanitaria, que copuló en un siniestro acto de perversión con un doble terremoto.
Venezuela fue sacudida por fuera y por dentro, este doble terremoto mostro la cara cruel del interinato, pero también la mejor cara de un pueblo, los venezolanos al lado de la desolación decidimos, levantar paredes, con las manos denudas, armados con herramientas rupestres llagar las manos para sacar a vivos y muertos de las entrañas de los edificios colapsados, frente a la anomia criminal del régimen interino, quienes omitieron el llamado de oportuno socorro, decidimos ayudar al vecino, al desconocido, con la solidaria ayuda de la comunidad internacional, a pesar de la perversa intención de impedir la entrada de rescatistas, pues los dos terremotos les tumbaron el negocio de lo indebido, demostraron que no son obedientes y que en muchas de las ruinas tenían aun a secuestrados políticos, la linterna del celular, la comida de otro venezolano, la medicina donada, solo la población salvándose entre sí misma.
Esto no fue un castigo caído desde el cielo, como si fuéramos una moderna Sodoma. Venezuela es un país extenuado por muchos años de sufrimiento, esto no fue un castigo venido desde el cielo, es el resultado de un evento que vino de las entrañas de la tierra, la descomunal liberación de energía similar a doscientas sesenta bombas de Hiroshima, es una oportunidad para liberar al país. La energía era para Aristóteles era energeia un principio para explicar la realidad frente a la posibilidad o la potencia, la energía en la física nos permite el paso de la responsabilidad a la realidad, este es el momento para la reconstrucción nacional. Este proceso va mucho más allá de recoger escombros y levantar paredes, nace en el espíritu de quienes decidieron poner al país de pie.
Esta tragedia nos permite puntualizar, el talante avieso del interinato, en vidas los terremotos nos causaron 1.700 muertes, cifra horrenda y subestimada, 5.000 lesionados en un país sin alcohol en los hospitales, 15.000 damnificados y el costo de entre 7.500 -9.000 millones de dólares, aproximadamente 8 puntos del PIB, los reportes durante el doblete de terremotos, que nos dejó sin electricidad y desconectados, generó 59.000 estructuras afectadas, una mixtura de Gaza y la destruida Desde en Alemania durante la II Guerra Mundial. Para los positivistas quienes intentan colaborar con la mentira oficial, detrás de cada cifra hay un nombre, una vida una realidad.
El costo económico, ese dato inoportuno pero necesario:
Confieso, que aun siendo economista hablar de cifras y cálculos, me lleva a ese lugar del positivismo de mi profesión, pero como diría Keynes a su maestro Marshall, un economista debe estar en todas las realidades, nada de cuanto ocurra le es extraño, la estimación de la inversión puede ubicarse entre 12 mil millones hasta 15 mil millones de dólares, el monto de los daños oscila entre 7.500 millones de dólares y 9.000 millones de dólares, un 8,5% del Producto Interno Bruto (PIB), estas cifras superan la capacidad financiera del país, solo en reservas internacionales ostentamos un monto de 15 mil millones de dólares. Los sectores más afectados son viviendas, infraestructura, transporte y logística, estos sectores presentaban conductas negativas antes de la tragedia, dependemos de la ayuda internacional, de un transparente proceso de reestructuración de la deuda, con una quita importante o condonación basado en su carácter odioso, una deuda que el día anterior a los dos terremotos, se estaba negociando en un monto de 240 mil millones de dólares, aceptados por el interinato y la complicidad silente de sus socios en los multilaterales.
Finalmente, el cambio debe ser en lo humano en lo antropológico reconociendo, la urgencia de salir de esta hegemonía política responsable no del terremoto, pero sí de la destrucción del sector de salud, de la infraestructura, culpable de la inmensa corrupción en la cual sumieron al país, solo lo mal habido, por el otrora ex vicepresidente de petróleos, Tarek El Aissami asciende a 23 mil millones de dólares, cifras impronunciables, al tirano capturado de Maduro, solamente en una cuenta en Suiza, se le encontraron 2.5 toneladas de oro, la trama de corrupción Miraflores, La Moncloa, con la participación activa de Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, dos errores en la historia entre Venezuela y España.
Esta tragedia nos interpela, con la búsqueda de la verdad, con la decencia, la justicia y la honradez, salir de estos quienes hoy usurpan el poder, que cometieron el crimen de la omisión del auxilio, convirtiendo una tragedia en escenografía para el populismo abyecto, allí también subyacen los intereses de una oposición corrupta, asquerosa, que le sirve a la medida al régimen para aterran y seguir violentando a este pueblo. Que nos dejen llorar a nuestros muertos, enterrarlos, reconstruirnos por dentro y exorcizarnos de años de perversión diabólica, los perros rescatistas, tienen más mérito que todo el interinato gobernante, los venezolanos estamos solos y en nuestra orfandad decidimos ayudar al caído. Así pues, que ya basta, ¡Váyanse todos los arquitectos de este horror y sus cómplices en la cohabitación y el contubernio! Dios reciba a las almas de quienes aún se corrompen bajo toneladas de concreto, ese Dios mío, tuyo y vuestro se vuelva hacia este país, para cerrar las heridas. Hoy Venezuela es un dolor punzante en el pecho, en el lado izquierdo en donde late ya por inercia un corazón destruido.
Referencias.
Horkheimeier, M; Adorno, T. (1994). Dialéctica de la ilustración fragmentos filosóficos. Madrid: Trotta.
Marcuse, H. (1964). El hombre unidimensional. Madrid: Joaquin Mortiz.
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