Porque sin fútbol este planeta sería un corral de locos sin portero, sin árbitro y sin algo importante que nos salve del desastre. Tú prendes la tele, ves once tipos corriendo detrás de una pelota y, de pronto, la vida recupera sazón. O picante. O ganas de no mandar todo al carajo.
Gracias a Dios que hay fútbol, porque si no yo estaría gritándole a la tostadora y acusando al microondas de conspiración internacional. Una vez casi le abro expediente a la licuadora por morirse en plena emergencia. El fútbol me salva de convertirme en esa señora que pelea con los electrodomésticos. Y créanme: el riesgo es real.
El sábado pasado juré que no iba a ver el partido. “Hoy soy zen”. Ajá. A los diez minutos ya estaba pegada a la pantalla, insultando con tanta creatividad que hasta el perro de la vecina me respetó. Ahí entendí: el fútbol es mi cardio emocional. Más efectivo que caminar 8 mil pasos y más barato que terapia.
El fútbol te permite decir barbaridades sin perder la compostura social. Una es dama… hasta el minuto 63. Entra el delantero contrario hasta la cocina y de mi boca sale una poesía de groserías que haría sonrojar a un camionero. Y está bien. Es saludable. Es patrimonio cultural.
Y tengo una teoría: el fútbol es la única actividad donde uno pierde la dignidad y la recupera en diez segundos. Estás diciendo “estos desgraciados no sirven ni para espantar palomas” y ¡gol! Te vuelves creyente, evangelista, misionera del optimismo. “Yo siempre confié”, dices, con descaro olímpico.
Y gracias a Dios que existe Messi.
Porque si no, ¿de qué milagros viviríamos? Ese hombre es extraterrestre. Hace cosas con la pelota que deberían venir con advertencia: “No intente esto en casa”. Messi nos recuerda que la belleza existe, aunque sea en forma de zurda. Que un gol puede ser un poema. Que el desastre puede ser hermoso.
Gracias a Dios que hay fútbol, porque sin él no habría excusa para atapuzarse de porquerías, ni para abrazar desconocidos que huelen a cerveza y esperanza, ni para sufrir en comunidad como si fuera deporte olímpico. El fútbol une. Une a los que se quieren, a los que se toleran y a los que solo coinciden para gritar “Gooooool”.
Por eso sí: gracias a Dios que hay fútbol, la Copa Mundial y Messi.
Porque sin ellos, este mundo sería demasiado cuerdo. Y la cordura, sin un buen gol, es insoportable y perjudicial para la salud.
Ahora me clavo a ver el Argentina–Austria. El resto de mi vida queda en pausa. Lo urgente que espere.
Soledadmorillobelloso@gmail.com – @solmorillob

