Si Carl von Clausewitz hubiera tenido noventa minutos y un silbato, no habría escrito sus famosos ocho volúmenes sobre la guerra. Desde hoy y hasta el 19 de julio, cuarenta y ocho ejércitos desplegarán sus divisiones ciento cuatro veces sobre el fango, o más bien sobre el césped.

Hombres casi desnudos, armados solo con piernas y astucia, reescribirán los tratados de estrategia. En esta otra guerra no hay pólvora, solo el sabor nostálgico de los generales que se retiran (Messi, Ronaldo, Modric) y la embestida de los reclutas que toman el cielo por asalto: Vinicius Jr., Lamine, Endrick, Mikel Oyarzabal…
Hoy empieza un armisticio de ciento cuatro combates, los ojos del planeta atentos a los que se disputan la gloria en ese rectángulo verde. Morirán algunas estrellas rutilantes y nacerán nuevos imperios en noventa minutos. Si “la política es la continuación de la guerra por otros medios” , el Mundial es la única guerra que nos hace más placentera la vida.
Cuando ruede la esfera, la nostalgia y el futuro se verán las caras, demostrando que el mundo es redondo y que la paz, por fin, tiene forma de prórroga.
Que suba el telón: la guerra ha sido suspendida por el espectáculo. El grupete espera, voy saliendo armado con mi pito y uniforme.
Nos vemos por ahí.

