El “absurdo”, para Camus, nace del divorcio entre las necesidades del espíritu humano (justicia, orden, sentido, prosperidad) y el silencio irracional del mundo.
En Venezuela, el absurdo se ha institucionalizado
El mito de Sísifo cotidiano: El ciudadano común agota su energía vital en un esfuerzo sobrehumano para garantizar la mera supervivencia. Al final del día, la cima parece alcanzada, pero las condiciones estructurales hacen que la roca ruede de nuevo hacia abajo. El esfuerzo de ayer no garantiza la tranquilidad de hoy.
La Peste como asfixia social
En la novela de 1947, la peste suspende el futuro. Los habitantes quedan exiliados en su propia tierra, separados de sus seres queridos por la distancia o la muerte. Esto reverbera con fuerza en el éxodo migratorio venezolano y en la parálisis de una sociedad desgastada por un mal invisible pero omnipresente: la degradación del Estado de derecho.
El Tránsito hacia lo Libertario: El Hombre Rebelde
Si nos quedáramos únicamente en El mito de Sísifo, la conclusión podría rozar el estoicismo individual: imaginar a Sísifo dichoso en su castigo simplemente por ser dueño de su esfuerzo. Sin embargo, el pensamiento de Camus madura y se colectiviza en su obra cumbre de filosofía política, El hombre rebelde (1951).
Es aquí donde se despliegan sus planteamientos libertarios, antitotalitarios y profundamente contrarios al socialismo de Estado autoritario. Camus pronuncia una frase que redefine el existencialismo: _«Me rebelo, luego somos». La rebelión camusiana no es el resentimiento destructivo ni el mesianismo que justifica la tiranía del mañana en nombre de una utopía.
La verdadera rebelión es un acto libertario porque establece un límite infranqueable al opresor. Al decir _”no”,_ el oprimido afirma la existencia de un valor común: la dignidad humana.
Del Absurdo a la Acción: El Médico de la Peste
¿Cómo se traduce esta filosofía libertaria en una sociedad sometida al desgaste eterno? La clave nos la da el personaje del doctor Bernard Rieux en La Peste. Rieux no es un héroe militar ni un ideólogo; es un médico que cumple con su deber a sabiendas de que la peste puede ganarle la partida. Su rebeldía consiste en no arrodillarse ante el absurdo de la enfermedad.
El planteamiento libertario de Camus en Venezuela se manifiesta en la resistencia civil y moral del día a día. No proviene de la expectativa de un cambio mágico o de la fe ciega en un mesías político (lo que Camus llamaría un “suicidio filosófico” o evasión). Proviene de la obstinación de los maestros que siguen enseñando, de los médicos que salvan vidas sin insumos, de las comunidades que se organizan de forma autónoma, de la búsqueda de los familiares hasta ubicar a sus presos políticos; y de los ciudadanos que se niegan a normalizar la mentira del “Rodrigato”.
El Triunfo sobre los dioses
Los dioses condenaron a Sísifo pensando que no había castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Pero Camus sostiene que Sísifo es superior a su destino porque es consciente de él. En el momento en que desciende de la montaña a buscar la piedra, su mente le pertenece: conoce su miseria, pero también su libertad para seguir caminando.
Hacer la analogía con Venezuela exige asumir la lucidez camusiana. Vivir entre la roca y la peste es una tragedia indiscutible, pero el entrelazamiento con el espíritu libertario ocurre cuando se comprende que el poder totalitario se nutre de la desesperanza y la sumisión. La solidaridad orgánica, el rechazo a los dogmas destructivos y la porfía permanente por mantener la dignidad son la encarnación del hombre rebelde. Al igual que Sísifo, en la resistencia consciente, el ciudadano recupera su soberanía y el opresor pierde su victoria.
Participación y Perseverancia: La Libertad como Oficio Cotidiano
El mayor peligro de transitar una peste interminable o de empujar una roca sin fin es la resignación nihilista: el abandono de la esfera pública para refugiarse en el sálvese quien pueda. Camus identificó con lucidez que los sistemas opresivos triunfan plenamente cuando logran atomizar a la sociedad, haciendo que cada individuo se sienta radicalmente solo en su desgracia. Es aquí donde la participación ciudadana muta de deber cívico a imperativo existencial.
La verdadera libertad, desde una óptica libertaria y camusiana, no es la simple ausencia de cadenas; es la capacidad de actuar en común. No se puede delegar la liberación en un tercero, porque la libertad delegada suele convertirse en una nueva forma de servidumbre. El filósofo nos recuerda que la rebelión es inherentemente colectiva («somos»).
Participar —ya sea a través de la organización comunitaria, la denuncia de la injusticia, el rescate de los espacios políticos, sociales culturales, económicos o la solidaridad con el vecino— es el mecanismo mediante el cual el ciudadano recupera la iniciativa histórica que el poder intenta arrebatarle.
Por su parte, la perseverancia es la respuesta directa a la naturaleza cíclica del absurdo. Si Sísifo dejara caer la roca por cansancio moral, los dioses habrían vencido. La constancia del ciudadano venezolano, que insiste en la búsqueda de la justicia a pesar de las derrotas acumuladas, no es terquedad ciega; es la obstinación de quien sabe que la dignidad no tiene fecha de vencimiento…que es ¡Hasta el Final!
La libertad no se hereda ni se decreta: se conquista palmo a palmo a través de una insistencia indomable. Para Camus, la perseverancia es el mayor carajazo al absurdo, porque demuestra que el espíritu humano es capaz de resistir más allá de lo que el tirano o la circunstancia calculan. Camus, con una sensibilidad libertaria inquebrantable, se plantó firmemente en la acera de enfrente. Para él, los medios justifican el fin. Si utilizas la tiranía, el terror o la mentira para construir una supuesta sociedad libre, lo único que lograrás será perfeccionar la tiranía. Camus defendía que la rebelión auténtica debe tener límites morales: no se puede liberar a la humanidad destruyendo al ser humano concreto que tienes al frente.
Llevando esto al contexto venezolano, la postura de Camus es un llamado de atención histórico. El proceso político que devastó al país se construyó bajo la lógica sartreana: la promesa de un paraíso utópico futuro justificó el desmantelamiento de las libertades, la persecución y el hambre del presente. Camus nos advierte que ninguna ideología vale más que la vida de un solo individuo. Por lo tanto, la verdadera participación y perseverancia ciudadana en Venezuela no debe replicar los métodos del opresor, sino fundamentarse en la ética, el rescate de la verdad y la dignidad humana.
El Debate Camus-Sartre y la Trampa Ideológica en Venezuela
Para comprender a fondo por qué la perseverancia ciudadana en Venezuela debe mantener una postura ética innegociable, es imperativo revisar la célebre ruptura histórica entre Albert Camus y Jean-Paul Sartre a principios de la década de 1950. Este quiebre intelectual, detonado por la publicación de El Hombre Rebelde, condensa con escalofriante exactitud el drama político que décadas más tarde devoraría a la sociedad venezolana. Sartre, encandilado por el proyecto soviético, justificaba el autoritarismo, la violencia y la supresión de las libertades presentes en nombre de una utopía futura. Para él, el compromiso político exigía _”ensuciarse las manos”;_ los medios quedaban redimidos por el fin glorioso de la revolución. Camus, en una muestra de coraje que le costó el aislamiento de la élite intelectual parisina, se opuso radicalmente. Su respuesta fue contundente: son los medios los que definen y justifican el fin. Si utilizas la tiranía, la mentira y el desprecio por la vida para construir el ” _hombre nuevo”_ , lo único que lograrás será perfeccionar el arte de la opresión. El colapso del modelo ideológico en Venezuela es el triunfo de la advertencia camusiana sobre la soberbia sartreana. El aparato de poder que se instaló en el país operó bajo la estricta premisa de que la promesa de un paraíso socialista justificaba el desmantelamiento del Estado de derecho, la persecución del disidente y la condena de la población a una lucha por la supervivencia material. Se sacrificó al hombre de carne y hueso en el altar de una abstracción teórica.
La lección libertaria que Camus nos hereda a través de este debate es que la verdadera rebelión ciudadana no puede replicar los vicios del opresor. No se combate la peste inoculando otro virus totalitario, ni se suelta la roca adoptando el nihilismo del verdugo. La participación y el compromiso en el contexto venezolano encuentran su brújula en el “pensamiento del mediodía” de Camus: una rebeldía que no busca el poder absoluto, sino el restablecimiento de los límites; que no se alimenta del resentimiento, sino de la solidaridad; y que entiende que la libertad solo es real si se defiende, antes que nada, la dignidad del ser humano que tenemos al lado.
Sociólogo de la Universidad de Carabobo. Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo.

