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Luis Fuenmayor Toro: La producción farmacéutica

 

La terapia medicamentosa es hoy por hoy la más importante en el tratamiento de pacientes con diversas enfermedades, por lo menos en lo que conocemos como el hemisferio occidental, donde están localizados los mercados más grandes de medicamentos. De los 16 países productores de fármacos más importantes del mundo, sólo cuatro son asiáticos y ninguno es africano, una clara demostración de que el uso de medicamentos es principalmente occidental. Sin embargo, en el momento actual, dos de los más grandes productores, China, el segundo, e India el noveno, son asiáticos, los más habitados del mundo, pues concentran un tercio de la población mundial, por lo que parte de su producción de fármacos está dirigida a su mercado interno. EEUU, por su parte, es el productor más grande y es el primer mercado de consumo y de importación de fármacos.

La industria farmacéutica es de las más importantes industrias del mundo entero, no sólo por sus funciones, en relación con la salud de la población, sino por la cantidad de capital invertido en la misma, las enormes ganancias que genera y el hecho de que realiza las inversiones más elevadas en investigación y desarrollo. Ni la industria electrónica, ni la aéreo espacial, ni las empresas energéticas, ni otras empresas del sector tecnológico y financiero, alcanzan a invertir en producción de conocimientos, lo que la industria químico farmacéutica invierte. Es una de las cinco industrias más grandes por los ingresos recibidos y sin duda la más rentable de todas, entre otras razones por estar parcialmente protegida por las patentes de investigación y por ser de carácter inelástico la demanda de sus productos. Está valorada entre 2 y 2,5 mil millones de dólares estadounidenses.

Los cinco países que exportan más medicamentos en el mundo son todos occidentales y en su mayoría europeos, encabezados por Alemania, seguida de Suiza, EEUU, Bélgica e Irlanda. China es el primer productor mundial de ingredientes farmacéuticos y es el primer productor del mundo por volumen de medicamentos, mientras India ocupa el tercer lugar como productor por volumen de medicamentos y es el mayor productor mundial de medicamentos genéricos. Su presencia en los mercados de países desarrollados es muy grande. Así, una cuarta parte de todos los medicamentos del Reino Unido depende de la India, mientras que, en Estados Unidos, el 40 por ciento de sus medicamentos genéricos dependen de la producción india. No en balde, India posee el mayor número de plantas de fabricación farmacéutica, que cumplen íntegramente las directrices de la FDA.

Hay otros países asiáticos que también han desarrollado su capacidad productiva de fármacos, uno de ellos es Japón, el cuarto país productor de medicamentos del mundo y el tercer mercado farmacéutico mundial, mientras Corea del Sur, también asiático, está en la posición décimo quinta como productor, pero se caracteriza por tener una robusta industria productora de medicamentos genéricos de alta calidad y de precios muy competitivos. Pero los genéricos no son sólo de interés asiático, de hecho, Países Bajos, el décimo sexto productor de medicamentos en el mundo, está entre las naciones europeas que cuenta con una consolidada industria de medicamentos genéricos, que comercializa a precios inferiores a los de marca. Otro tanto hace en Iberoamérica Brasil, décimo tercer país productor de fármacos, que impulsa el uso de medicamentos genéricos y ofrece fármacos subsidiados a su población.

Para quienes conocemos el sector, es claro que los medicamentos de marca son mucho más costosos que los genéricos, sin que ello signifique en absoluto que sean de mejor calidad, ni que tengan un costo de producción más elevado, aunque esa matriz de opinión ha sido construida a través de la propaganda y de la influencia malsana sobre los profesionales médicos de nuestros países, precisamente por los grandes laboratorios, cuyos medicamentos no están al alcance de la mayoría de las poblaciones de nuestras naciones. Algunos señalan, que los grandes laboratorios asumen los costos de investigación y desarrollo de nuevos productos, por lo que sus elevados precios son una consecuencia de este hecho. Basta ver las ganancias fabulosas de los grandes laboratorios, para percatarse de que este argumento es una racionalización que pretende encubrir lo que en la realidad es una vulgar especulación.

 

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