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Leila Guerriero: Conejo desconcertado

 

No conozco a Bad Bunny, pero lo imagino desconcertado, leyendo, en un hotel español de seis estrellas, las reacciones agresivas en las redes sociales y la prensa del mismo país que, en febrero de este año, alababa su actuación en el tiempo intermedio del Super Bowl de Estados Unidos hasta colocarlo en el parnaso de los mejores héroes. Que había hecho historia, que había llevado al corazón del país gobernado por Donald Trump la esencia de lo latinoamericano. A mí siempre me pareció que su numerito remarcaba groseramente el cliché que se dibuja de nosotros, los latinoamericanos: una gente folclórica, que anda por ahí con canastos repletos de frutas en la cabeza, siempre medio cachonda y con poca ropa. Ahora, meses después, sus actuaciones en España despertaron —nunca mejor usado el término— indignación. Se le cuestionó que llenara “la casita”, una casa puertorriqueña tradicional, elemento protagónico de la escenografía, de gente heteronormativa, mujeres de muchas curvas, famosos y famosas bonitos y bonitas a fuerza de naturaleza o de bótox. ¿Qué habrá pasado, qué bicho les picó?, quizás se preguntara el pobre Bad Bunny, que sigue girando por Europa. Porque durante la actuación en el Super Bowl nada fue distinto: la “casita” estaba llena de gente como Jessica Alba, Alix Earle, Karol G, Pedro Pascal. Lo heteronormativo, el famoseo, los pechos como misiles ya estaban allí y nadie los había cuestionado. A fuerza de críticas, incluyó en los shows un poco de diversidad —gente más anónima, más bajita, más regordeta—, pero imagino el tamaño del desconcierto, el shock de encontrarse con que muchos empiezan a pensar que él, ese muchacho tan antisistema, es el sistema. De todos modos, no hay que preocuparse. Alguien capaz de escribir cosas como “hoy quiero una puta, una modelo” o “ella se lo traga y me lo escupe” puede utilizar esa misma sutileza, esa astucia, esa elegancia, para procesar esto y mucho más.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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