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Juan José Millás: Un origen divino

 

¿Nos encontramos ante el primer papa algorítmico de la historia? Quizá sí, si atendemos a su capacidad para producir un grado de satisfacción trasversal desconocido hasta el momento. Los conservadores perciben en él señales de continuidad. Los progresistas, matices revolucionarios. Los jóvenes lo hallan cercano. Los mayores, sensato. Los creyentes se sienten ratificados en su fe, y a los ateos les parece un hombre razonable y hasta maravilloso, da gusto verle bendecir ambulancias. Como los algoritmos, León XIV es un espejo que devuelve una imagen mejorada a quien se busca en él. Abres una red social y enseguida tienes la impresión de que el mundo piensa igual que tú. Pues eso, que el algoritmo nos sirve una realidad a medida. León XIV habla de forma que cada cual escucha la música que le conviene.

ChatGPT posee una habilidad semejante. Millones de personas diferentes conversan a diario con esta IA y a todas proporciona el consuelo de ser entendidas. El mérito de una inteligencia artificial consiste en ofrecer a cada usuario lo que espera encontrar minimizando el ruido provocado por los motores de esa prestación. Hay algo inquietante en esta capacidad para agradar a todos, porque los seres humanos estamos acostumbrados a que la realidad nos contradiga. De hecho, a veces, confiamos más en quien nos incomoda que en quien nos halaga. Pero cuando alguien satisface simultáneamente a las izquierdas y a las derechas, a los optimistas y a los pesimistas, a los altos y a los bajos, a los jóvenes y a los viejos, cabe preguntarse si estamos ante una persona verdaderamente sabia o ante un espejo muy sofisticado.

Ni idea. Solo sé que, observando estos días a León XIV, tuve la impresión de que el Espíritu Santo había elegido, para ocupar el trono de San Pedro, a la encarnación de un algoritmo. A ver si dejamos de meternos, en fin, con la inteligencia artificial, que, como queda demostrado, es un invento de los dioses.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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