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Italo Zapata: La impaciencia del hambre y el deber de la organización en Venezuela

 

​El clamor que recorre a Venezuela no es un murmullo de resignación, sino un rugido contenido de profunda frustración. Tras años de resistir embates sistemáticos, el ciudadano común asiste diariamente al dolor de ver a los presos políticos sepultados en el olvido o la muerte, a los saqueadores del erario público exhibiendo impunemente fortunas incalculables y a una inflación inducida que devora el fruto de cualquier esfuerzo. Ante semejante cuadro de impunidad y el aparente estancamiento de los tableros internacionales, resulta lógico y humanamente comprensible que la idea de una ruptura violenta o un estallido social incontrolable empiece a percibirse en las calles no como una tragedia evitable, sino como la única salida perentoria para un pueblo que se niega rotundamente a morir de mengua.

​Sin embargo, la historia y la crudeza de la realidad geopolítica nos imponen el deber de mirar más allá del desahogo de la rabia. El caos por sí solo no siembra libertad, ni la violencia desarticulada garantiza la justicia. Una fractura social sin una estructura civil lista para asumir el control institucional suele traducirse únicamente en el cambio de rostro de los opresores, en la consolidación de nuevas tiranías o en el control definitivo del territorio por parte de la delincuencia organizada. La queja perenne y la expectativa pasiva de un milagro de fuerza externo nos condenan a seguir ahogados en el mismo carato de siempre.

​La verdadera salida inmediata no se encuentra en el terreno de la anarquía, sino en la aceleración e intensificación de la organización civil. El rescate de la nación ya cuenta con una arquitectura técnica y social diseñada precisamente para los momentos de máxima tensión. El binomio estratégico entre la Parroquia —mediante la reactivación democrática de sus Juntas Parroquiales— y los Consejos Comunales reorientados,  representa la verdadera toma del tejido social desde abajo. No se trata de retórica partidista; es ingeniería política orientada a arrebatarle el control territorial al centralismo fraudulento, devolviendo la soberanía directa al vecino y al ciudadano organizado.

​Mientras las variables de la presión externa y el colapso interno avanzan a su propio ritmo, la única fuerza que podemos controlar, moldear y acelerar de manera inmediata es la nuestra. Contamos con las propuestas jurídicas del Estatuto Electoral Especial para asegurar la estabilidad en la transición, y con los planes operativos de contingencia para atender los servicios y el hambre desde el primer minuto del cambio. El destino de Venezuela no tiene por qué ser la devastación de un conflicto interno; nuestra misión es transformar la legítima indignación popular en poder institucional local y visible.

​Es el momento de pasar de la resistencia pasiva a la presión activa, organizada y consciente en cada comunidad, en cada parroquia y en cada rincón de nuestra geografía. La red social y civil del rescate democrático está lista para actuar y contener el vacío de poder.

​El Poder Ciudadano es la gente.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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