Leo en El Nacional la noticia de la decisión del régimen venezolano de excarcelar a Aranza Hernández Castillo, una mujer presa política de solo 19 años, detenida desde 2025. Luego me sumerjo en la lectura de un muy interesante trabajo de la brillante economista Sary Levy y me quedo con la imagen de un “estado impropio” como la versión de una supra conciencia capaz de autodefinirse, crecer por cuenta propia y, a la vez, con el relato de vida de Aranza.
El tema es clave porque entre otras cosas señala por dónde empezar a enderezarnos y en Latinoamérica el trabajo es arduo. Definitivamente, creo que el Estado —como sea— es el parto de unas mentes que conciben el camino de sus sociedades de una determinada manera. Veo las encuestas electorales en Perú y en Colombia, unas sociedades completamente divididas, en cada uno de ellas el peligro de construir estados impropios está latente, apenas los separan algunas décimas de votantes.
En realidad, el estado impropio es una obra, una construcción, una creación de seres humanos que creen que el camino para fundar una sociedad que albergue sus ambiciones, es aquel donde un poder absoluto rija el destino de todos, capaz de trastornar la libertad por sumisión. Las aspiraciones de los seres humanos son definidas desde un centro de decisión cuyos dictámenes son inexorable, sin importar su costo en vidas y en muertes.
Sin embargo, es imprescindible reconocer que el estado no es una supra conciencia autónoma que actúa con fundamentos intrínsecos. El Estado es una creación humana, es producto de una conciencia, es allí donde debemos meter el anzuelo. El Estado a diferencia del ser humano no se transforma a sí mismo, son las conciencias humanas externas las que los cambian, le dan forma y poder.
Si esto tiene algunos giros de verdad, nos trasladamos a un siguiente tema, si el Estado no se autoconstruye, si es obra de los que creen que la impropiedad es una virtud, entonces que hacemos ¿Nos concentramos en transformar ese estado impropio o volvemos la mirada a quienes fungen de constructores de esa entelequia? Al instante vuelve la imagen de la joven Aranza recién liberada.
El Estado impropio siempre está en peligro de encarnar en ciertas sociedades, como ocurre hoy en Colombia y Perú, donde la mitad de la población cree que el Estado existe para apropiarse de la vida con todos los defectos que le señala Sary Levy “un Estado impropio se materializa cuando el aparato estatal desvincula sistemáticamente su propia supervivencia institucional de la productividad y el consentimiento fiscal de su ciudadanía. Cuando un gobierno no depende directamente de los ingresos de los contribuyentes, generados por un mercado interno próspero y competitivo para su preservación básica, se rompe el tradicional vínculo de rendición de cuentas institucional. El sector público deja de actuar como árbitro imparcial o protector de la riqueza, transformándose, en cambio, en un depredador económico dominante y un obstáculo activo para la creación de valor”.
La pregunta que ocupa mi mente es: si quiero combatir el Estado impropio, ¿por dónde comienzo? ¿cuál es la estrategia? Será iniciar un proceso de reformas del aparato estatal, metamorfosis macroeconómica, independientemente del peligro que constituye el acecho de los sectores que ansían instalar ese Estado impropio, tal como ocurre en los casos citados de Colombia y Perú.
Cada vez más me convenzo de que el quid de la cuestión está concentrado en la gente, quienes creen que la solución está en reformar el aparato de Estado y no en convencer, educar, informar que el Estado impropio surge allí, donde los ciudadanos, los responsables de la sociedad se olvidan que están en peligro de caer en manos de los que creen que la impropiedad es legítima.
En Venezuela vivimos un hermoso proceso de Reforma del Estado. Grupos selectos de la sociedad se dedicaron a la Reforma del Estado (Copre), liderados por Carlos Blanco y Arnoldo Gabaldón. Su objetivo principal fue modernizar y descentralizar la estructura política y administrativa de Venezuela e incluyó:
*Descentralización: impulsó el proceso para la elección directa y universal de gobernadores y alcaldes (iniciado en 1989), rompiendo con el sistema centralista.
*Reforma electoral: promovió mecanismos de votación uninominales y de representación proporcional, para hacer el sistema más competitivo.
*Modernización de la Administración Pública: buscó reducir la burocracia, logra mayor eficiencia de la gestión gubernamental y fortalecer la rendición de cuentas a nivel local.
*Propuso el primer programa social para combatir la pobreza, que se vislumbraba como el primer gran problema para consolidar la democracia.
La idea era diseñar un Estado abierto, honesto, al servicio del ciudadano, pero, la vida y la historia nos dio una lección terrible, caímos en manos de los que anidaban las ansias de instalar un Estado impropio. Si al resumen de las características de la impropiedad pudiéramos agregar algo más, bastaría con mirar en lo que se convirtió el Estado venezolano. Una máquina implacable de represión y destrucción, como afirma el ilustre economista Jesús Cacique: “No encuentro precedentes de un país que haya perdido 75% (2014-2021) de su PIB, que le haya quitado 14 ceros a su moneda, que haya destruido el principal sector de su economía y que se le haya ido la cuarta parte de su población. Al menos, no sin un conflicto bélico”. Y que miles de venezolanos hayan sido prisioneros políticos del Estado opresor.
Haber vivido esta desastrosa circunstancia me lleva a pensar que el Estado impropio no se resuelve con reformas al aparato institucional. Creo que el tema está en ver cómo logramos hacer crecer las masas que rechazan este camino de destrucción, potenciales víctimas de un soft landing izquierdista, que siempre comienza con ofertas, regalos a la población, comida gratis, carantoñas a los más débiles, a los enfermos, defensa a ultranza de los pobres y después, poco a poco, va cerrando las rejas de la pérdida de libertad, tal como ocurrió en Venezuela.
Con base en esta terrible experiencia histórica que aún no hemos terminado de vivir en Venezuela, creo firmemente que el tema no es reformar el aparato de Estado en un principio, sino, con paciencia, sumergirse en la posibilidad de crear conciencia en la gente y mostrarle los peligros de la seducción socialista. El Estado impropio no se autogenera, brota donde sectores, grupos, partidos y líderes pregonan mensajes donde la libertad de conciencia es abatida por una terrible lucha de clases, por la entronización de políticas represivas a todos los niveles, incluyendo nuestras conciencias. En Venezuela se destruyeron los medios de comunicación, igual ocurrió en Cuba, donde la guerra contra los ciudadanos empezó y los estudiantes marxistas acompañaron la destrucción de todas las vías de información y educación.
No creo que podamos combatir la imposición de Estados impropios solo con paquetes técnicos, tales como una triangulación teórica que combine:
1. Economía Institucional Original (OIE): analiza la inercia cultural y las expectativas de paternalismo estatal heredadas de la historia colonial, que mantienen formas organizativas anacrónicas y limitan la innovación descentralizada.
2. Teoría de la Elección Pública (PCT): desplaza el análisis de la inercia cultural hacia los incentivos microeconómicos individuales.
3. Nueva Economía Institucional (NIE): incorpora dimensiones modernas de complejidad económica y redes.
Este conjunto de medidas solo podría ser efectivas si están asentadas en una base ética, fundamentada en valores primordiales como la confianza cívica, la libertad individual, la honestidad y el fuerte sentido de comunidad.
¿Por qué es imposible que en los países nórdicos se instalen Estados impropios? ¿Cuál es el camino construido por sociedades como Finlandia, Suecia, Dinamarca, Noruega, para impedir que el peligro de la imposición de un Estado impropio los invada? Han apostado a la educación, a la creación de conciencia de ciudadanía, a la moral privada y pública, al gran componente humanístico que tenemos todos, al respeto, la confianza, honestidad, solidaridad, empatía. Hoy es posible reconocer a los líderes, intelectuales que actúan como portadores de la ideología de creación de Estados impropios como instrumentos de instalación de nuevas formas de esclavitud. El Estado impropio es un engendro en estos tiempos de estertores del comunismo. La experiencia venezolana nos muestra claramente que hay que comenzar por la creación de conciencia, la educación, la preponderancia del respeto al ser humano como condición de vida. ¡No queremos más Aranzas de 19 años en prisión!

