Nacimos en los 40, 50, 60, 70, o más años del siglo pasado. Crecimos, nos enamoramos, nos casamos y descubrimos el mundo, en los 60, 70, 80 o 90, del mismo siglo. Nos estabilizamos en los 2000. Nos hicimos más sabios en los 2020-2025 (…).
De modo que hemos vivido parte de 8 décadas diferentes. De dos siglos diferentes y de dos milenios igualmente, distintos. Un caso único que seguramente no alcanzará a vivir ninguna otra generación humana, en miles o tal vez, en millones de años.
Lo describe con tanto asombro y originalidad, un magnífico video-reportaje que se ha hecho viral por las redes sociales, que nos recuerda, que hemos pasado de una niñez analógica, a una vida adulta digital, entre otras maravillosas genialidades. Y da entender que es nuestra generación, la que literalmente se ha adaptado al cambio. La que ahora pugna contra una insensible sociedad, no solo para ganar un lugar en el mundo, sino para que se respeten los derechos de los viejitos
Ya un ilustre miembro de esa exclusiva generación, como Joan Manuel Serrat, lanzó su oportuno SOS: “Debemos recuperar la centralidad de la experiencia, y alertar sobre el riesgo de una indolente sociedad sin memoria intergeneracional”.
Aludía, al aumento de las expectativas de vida que se ha venido dando los últimos años, en muchos lugares del mundo en el segmento de la tercera edad, (Con Japón a la cabeza) donde al mismo tiempo, surgen trabas, “irónicamente impuestas, por la misma sociedad”(…).
Se aclara no obstante, que la idea no es volver a ilusa pretensión de la inmortalidad o eterna juventud, polémicos temas tan manejados desde los mismos albores de la civilización, sino alertar sobre la solapada “discriminación” que se introduce cada vez con mayor virulencia contra los adultos mayores.
Ya es imposible, esconder el crecimiento de la longevidad mundial, sobre todo, los últimos 50 o 60 años, quizás mucho más tiempo. Pues ya Oscar Wilde, (1890), la miraba desde otra ingeniosa perspectiva, en su famosa novela “El Retrato de Dorian Gray”.
Y como es sabido, durante las distintas épocas de la humanidad, predominó el mito de la eterna juventud.
Lejos de ser un simple cuento de hadas, la literatura y el cine, han abordado muchas veces este tema como una advertencia: “vivir para siempre a menudo se convierte en una condena psicológica, una distopia social o reflexión sobre el verdadero sentido de la vida.
Entonces surge la ácida interrogante: ¿Para qué vivir más tiempo si en la mayor parte del mundo, no existen condiciones mínimas necesarias, de ocupación, atención, recreación, alojamiento, salud, expectativas de desarrollo en general, para las personas mayores?.
Como si no bastaran inconvenientes, se aduce, que a tan avanzada edad, tampoco hay amigos, pues se han muerto, o están distanciados y solo se pueden ver y hablar digitalmente. Igual ocurre con los familiares, separados del amor y de la amistad, de sus seres queridos. Lo que según los expertos, constituyen las fuentes más importante de la felicidad humana.
La longevidad, ha tomado tal importancia, que destacadas universidades como Harvard y Stanford, en EE.UU, han creado especialidades, para enseñar, incluso, como cultivar la amistad y el amor a la familia, temas que poco a poco han ido desapareciendo.
Apologistas cristianos como Clive Staples Lewis, profundiza la polémica, cuando declara: “que nunca eres demasiado viejo para fijarte metas o tener nuevos sueños. La edad es solo un número y la motivación, la curiosidad o las ganas de reinventar no tienen fecha de caducidad”. Apunta.
A su longeva edad de 82 años, Joan Manuel Serrat, no deja de expresar sus pertinentes reclamos y duras observaciones: “Me gusta estar vivo y sentirme útil, por eso me rebelo contra el mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad”.
Igualmente ha expresado duras críticas hacia el edadismo (discriminación por la avanzada edad). Así como contra la marginación que le hacen a las personas mayores. Su posición contra la exclusión de la tercera edad, ha sido tan determinante, que ha llegado a calificarla, como “un acto criminal imbécil”.
Por ciento, la semana pasada falleció el eminente filósofo y pensador francés Edgar Morin, otro titán de la longevidad, (rebasó los 100 años).Tuvo una intensa vida que
“transitó sin arrepentirse de lo vivido, lo bebido, y lo tenido; como debe ser”. Dejó una obra extensa y diversa; al punto que lo llegaron a calificar el “teórico del pensamiento complejo”.
Con su lucidez desafiaba a la genética— Fue la celebración de un siglo entero de pensamiento libre, rebelde y profundamente vital”..
El centenario que se seguía enamorando como un adolescente. Se casó nuevamente a los 80 años. “Hay que vivir poéticamente porque todos los momentos de felicidad están llenos de poesía”. “Creo que he vivido mucho tiempo (104 años) porque no he sido rencoroso”, pontificó para la posteridad.
Todos a uno, han contribuido a proyectar la polémica, longevidad, cuando atizan sus indeclinables ideas “sobre la vejez como memoria o desafío”. Y han hecho más interesante y vital, el tema existencial.
Con Información de CLIC-BBC-Harvard Business Review – Redes Sociales.
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