El Papa León XIV en su viaje a España ha incluido el deseo del Papa Francisco de peregrinar a Canarias teniendo en el horizonte la situación dolorosa de los migrantes procedentes del África occidental. El 11 y 12 de junio, visitará primero Gran Canaria y concluirá su peregrinar apostólico en Tenerife desde donde partirá de regreso al Vaticano.
Mons. Eloy Alberto Santiago, Obispo de Tenerife, nos ha invitado a los dos cardenales venezolanos para que lo acompañemos en la estadía del Papa León XIV en esta isla. El tema central son los migrantes que invita a alzar la mirada para ver más allá, la realidad migrante que hoy día atraviesa todos los países y continentes. Las pateras procedentes de los países atlánticos del África llevan consigo el cargamento humano de miles de personas de todas las edades y condiciones que aspiran gozar de una mejor vida. Para ello, se atreven a embarcarse en esas frágiles naves, después de ser explotados por quienes comercian sin escrúpulos, cobrando cantidades exorbitantes, encontrando en el camino los obstáculos de un mar bravío, en el que buscan no ir por las orillas del continente para evadir a las mafias que secuestran para cobrar más, con el escándalo de que a los facinerosos se unen las policías de los países que atraviesan que también se valen de estar en sus aguas continentales y extorsionan a quienes debían proteger y cuidar. Buscar mar adentro tiene sus riesgos por las fuertes corrientes que en ocasiones desvían el rumbo hacia el sur. Ha habido pateras que llegan milagrosamente a países como Guyana y Brasil, unas veces sin vida y otras con sobrevivientes en condiciones de salud precaria.
Si llegan a Gran Canaria o a la Isla de El Hierro es una proeza, siendo recibidos por las autoridades españolas y la atención de Caritas. Según nos informan, el porcentaje de personas que llegan vivas asciende apenas al diez por ciento. El resto perece en el mar por mil condiciones inhumanas que acaba tragándose las ilusiones de vida de muchos. El año pasado al puerto de La Restinga, en el norte de la isla de El Hierro, fueron recibidos más de cuarenta mil migrantes. La hospitalidad tiene rostro samaritano en la acogida y en la presencia de tantos voluntarios de distintas nacionalidades que le tienden una mano a esos hermanos que llegan con la salud msltrecha y con lo propio de quienes atraviesan un calvario que supera las fuerzas humanas. Se sobrevive en medio del quiebre anímico por la fuerza de una esperanza superior a la debilidad que se lleva a cuestas. Las historias que se escuchan hacen brotar lágrimas, señales de fraternidad para asumir el sufrimiento ajeno como algo propio. No podemos permanecer indiferentes y es lo que se pide a gritos a quienes tienen la responsabilidad política del bienestar de su gente, tanto los de los lugares donde parten como aquellos que los acogen.
En La Restinga, una misa muy sentida, dedicada a los migrantes vivos y difuntos que llegan a estas orillas, en medio de la preparación a la visita del Papa León XIV y de la solemnidad del Corpus Christi, contó con la presencia de cientos de fieles procedentes de las parroquias de la isla. Tuve la dicha de presidir la eucaristía que D. Eloy, el obispo, quiso que así fuera. Luego, la procesión desde la iglesia, calles abajo hasta el muelle donde llegan las pateras. Se estremecen las fibras de cada uno de los presentes. Mientras caminábamos como peregrinos sentí una fuerza interior que me mueve a no permanecer indiferente ni callado ante una realidad que nos toca de cerca. Al final de la procesión una hermosa oración presidida por D. Eloy, orando por todos los migrantes, no solo los que llegan a este puerto, sino también por los que atraviesan el Mediterráneo después de jornadas extenuantes a través del desierto. Alusión a los migrantes de otros parajes. Ante la presencia de un buen número de venezolanos, tener en la mente a los que han atravesado el Darién, los que caminan con la mochila al hombro y la alforja de la esperanza por páramos y valles gélidos y por llanuras con un calor que abrasa. Como símbolo final tanto el señor Obispo y mi persona portamos ramos de flores que echamos al mar como homenaje a los que no llegaron, a los que murieron, a los que quedan huérfanos, alzando la mirada para no caer en la desesperación y la violencia… Es una experiencia estremecedora en el que el ruido de la fuerte brisa evocaba la experiencia del profeta Elías en la cueva buscando escuchar a Yahvé. Pero el Altísimo se nos presenta en la suave e imperceptible brisa que despierta nuestros mejores sentimientos. La paz es tarea de todos y responsabilidad que no podemos hipotecar.
Siento el consuelo que la presencia en estas tierras de tantos paisanos latinoamericanos que nos abrazaban se une a los sacerdotes canarios y los venidos de nuestro continente. En la Restinga es muy apreciada la presencia generosa y activa de un sacerdote merideño, Yan Darwin Rivas, conocido aquí como D. Darwin, quien es un activo misionero en la acogida tierna a los pocos que llegan con vida para ofrecerles el cariño desinteresado que les devuelva la esperanza.
El Papa Francisco insistía en el derecho a permanecer en las tierras de origen como también en la de ser recibidos en otras latitudes. Pero la primera responsabilidad es de los gobiernos que por razones inhumanas prefieren la imposición de la fuerza y de las ideologías que no valoran al ser humano, dejando en el camino vidas e ilusiones de millones de personas, inocentes la mayor parte de ellos, que son quienes padecen los males mientras que los que mandan viven a sus anchas.
El Papa León nos invita a permanecer fieles a la verdad. “viviendo inmersos en flujos incesantes de información, opiniones e imágenes, sabemos lo fácil que es influir en decisiones y preferencias a través de algoritmos cada vez más sofisticados. En este escenario es importante custodiar un corazón que ama la verdad, que desea lo justo más que los contenidos de mayores atractivos…la verdad que no debemos perder es la de Dios y la del ser humano, tal como Cristo nos la ha revelado…” (Magnifica Humanitas, (237).
No desmayemos ante las adversidades que nos mantienen maniatados y temerosos. La esperanza de libertades y de solidaridades para que cesen los presos políticos y tengamos instituciones al servicio de la gente, es el desafío que no podemos dejar de lado.

