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Elizabeth Bishop: Un arte

 

Un arte

 

El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.

 

Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.

 

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

 

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.

 

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

 

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.


Elizabeth Bishop fue una poeta nacida en Worcester, Massachusetts, en 1911, distinguida como poeta laureada de los Estados Unidos (1949-1950) y el Premio Pulitzer de Poesía en 1956. Antes de su primer aniversario, su padre muere y, más tarde, ingresan a su madre en una institución psiquiátrica. Sin figuras paternas bajo las que arroparse y sin una ciudad o un país al que poder llamar hogar, Bishop no empezará a publicar hasta sus treinta nueve años, cuando sale a la luz North & South mientras ella vive en Nueva York. En un impulso por desprenderse de los lastres de su pasado, de su frágil salud y de su inclinación al alcoholismo, Bishop viaja a Río de Janeiro, donde vivirá los siguientes quince años de su vida en compañía de la arquitecta Lota de Macedo. Su obra, heredera de los maestros de la Alta Modernidad, como T.S. Eliot y Wallace Stevens, nos muestra una poeta apátrida, una eterna outsider, siempre entre los límites de la depresión y la vitalidad, entre el rigor y la espontaneidad.

 

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