Paisaje marino
Este paisaje celestial con garzas blancas erigidas como ángeles,
ascendiendo inclinadas tan alto como quieren y tan lejos
como quieren en hileras e hileras de inmaculados reflejos;
la región entera, desde la garza en lo alto
hasta la ingrávida isla de manglares
con luminosas hojas verdes delicadamente ribeteadas con guano
como iluminaciones de plata,
y hasta los sugerentes arcos góticos de las raíces del manglar
y en el fondo, el hermoso verde guisante del prado
donde a veces salta un pez como una flor silvestre
en una decorativa espuma de rocío;
esta es una historieta de Rafael para el tapiz de un papa:
semeja el paraíso.
Pero un faro esquelético erguido allí
con sotana en blanco y negro,
que vive desquiciado, cree saberlo todo.
Cree que el infierno brama bajo sus pies de hierro,
que por eso el agua en la marea baja es tan tibia,
y sabe bien que el paraíso no es así.
El paraíso no es como volar o nadar,
pero algo tiene que ver con lo oscuro y con un fuerte resplandor
y cuando anochezca recordará algo
sólidamente formulado que decir al respecto.
Elizabeth Bishop fue una poeta nacida en Worcester, Massachusetts, en 1911, distinguida como poeta laureada de los Estados Unidos (1949-1950) y el Premio Pulitzer de Poesía en 1956. Antes de su primer aniversario, su padre muere y, más tarde, ingresan a su madre en una institución psiquiátrica. Sin figuras paternas bajo las que arroparse y sin una ciudad o un país al que poder llamar hogar, Bishop no empezará a publicar hasta sus treinta nueve años, cuando sale a la luz North & South mientras ella vive en Nueva York. En un impulso por desprenderse de los lastres de su pasado, de su frágil salud y de su inclinación al alcoholismo, Bishop viaja a Río de Janeiro, donde vivirá los siguientes quince años de su vida en compañía de la arquitecta Lota de Macedo. Su obra, heredera de los maestros de la Alta Modernidad, como T.S. Eliot y Wallace Stevens, nos muestra una poeta apátrida, una eterna outsider, siempre entre los límites de la depresión y la vitalidad, entre el rigor y la espontaneidad.

