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Eduardo Robaina: El Niño se acerca y llevará a un planeta ya sobrecalentado aún más al límite

 

Con una probabilidad del 80% para los próximos meses, la Organización Meteorológica Mundial insta a prepararse ante el desarrollo de este evento climático natural. El Niño, alimentado por temperaturas oceánicas inusualmente cálidas, amenaza con exacerbar la crisis climática y elevar el riesgo de sequías y lluvias torrenciales extremas.

Las condiciones para que se desarrolle el fenómeno de El Niño ya están aquí. En abril, la Organización Meteorológica Mundial avisaba de que su llegada era inminente. Ahora, el organismo de Naciones Unidas ha actualizado sus previsiones y señala que existe un 80% de probabilidades de que este evento climático se consolide entre junio y agosto de este mismo año, una cifra que asciende a cerca del 90% si proyectamos el pronóstico hasta el mes de noviembre.

Aunque todavía persiste un margen de incertidumbre sobre la intensidad máxima que alcanzará y el momento exacto de su apogeo, la mayoría de los modelos de predicción apuntan a que será, como mínimo, un evento de carácter moderado, sin descartar en absoluto que evolucione hacia un episodio fuerte. Sobre esto último, la OMM recuerda que no utiliza el término «superniño» (término habitual en medios) porque “no forma parte de las clasificaciones operacionales estandarizadas”.

El Niño y La Niña representan fases opuestas de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), uno de los motores climáticos más poderosos de la Tierra. Históricamente, el fenómeno de El Niño se caracteriza por un calentamiento de la temperatura de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Suele ocurrir con frecuencias que varían entre los dos y los siete años, y dura entre nueve y 12 meses.

Las observaciones recopiladas por la OMM revelan que, entre finales de abril y mediados de mayo, la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centro-oriental ya rozaba los umbrales que definen históricamente a El Niño. A nivel subsuperficial, la situación es aún más anómala: se han registrado temperaturas de hasta 6 °C por encima de la media, un enorme depósito de calor profundo que está alimentando directamente el calentamiento en la superficie oceánica.

En un contexto de crisis climática, la llegada de El Niño no es un mero ciclo meteorológico más. «La ciencia es clara: El Niño llega a nuestra puerta en los próximos meses con un 90 % de certeza. El mundo debe tratarlo como la advertencia climática urgente que es», ha señalado António Guterres, secretario general de la ONU. Para el mandatario, este fenómeno «echará leña al fuego de un mundo en calentamiento», provocando que los impactos climáticos golpeen con mayor dureza y crucen fronteras a una velocidad devastadora. Ante esta realidad, Guterres ha vuelto a poner el foco en la raíz del problema, exigiendo poner fin a «la adicción a los combustibles fósiles», acelerar el despliegue de las energías renovables y proteger a las poblaciones más vulnerables.

Precipitaciones y sequías

Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, ha insistido en la necesidad de “prepararnos para un posible fenómeno de El Niño intenso” que “agravará la sequía y las fuertes lluvias, e incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”.

Como ha recordado Saulo, el último fenómeno de El Niño, ocurrido en 2023-24, fue uno de los cinco más intensos registrados y contribuyó, junto al cambio climático, a las temperaturas globales récord de 2024, hasta ahora el año más caluroso desde que hay registros.

Aunque la OMM recalca que no hay pruebas de que el calentamiento global aumente la frecuencia o la intensidad de los fenómenos de El Niño, sí deja claro que actúa como un poderoso amplificador de sus efectos. Un océano y una atmósfera sobrecalentados implican una mayor disponibilidad de energía y humedad, el combustible perfecto para desencadenar eventos meteorológicos violentos.

Si bien cada fenómeno de El Niño es único en cuanto a su evolución, patrón espacial e impactos, los patrones históricos y las nuevas proyecciones de la OMM indican que este ciclo alterará profundamente el mapa de precipitaciones. Se espera un incremento de las lluvias -y, por tanto, un mayor riesgo de inundaciones- en el Cuerno de África, Asia central, el sur de Estados Unidos y zonas del sur de Sudamérica. Mientras, millones de personas se enfrentarán a condiciones mucho más secas y cálidas en Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia, Indonesia y el sur de Asia.

Además, los efectos se dejarán sentir en la temporada de huracanes. La influencia atmosférica de El Niño tiende a dificultar la formación de ciclones en la cuenca atlántica -motivo por el cual la NOAA estadounidense pronostica una actividad por debajo de lo normal en esa región- mientras que puede avivarlos considerablemente en el Pacífico central y oriental.

La OMM concluye su informe con una actualización climática estacional que deja muy poco margen para el optimismo: para el trimestre de junio a agosto se proyecta un dominio casi universal de temperaturas superiores a la media en todo el planeta.

 

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