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Thiago Ferrer Morini: La izquierda y ‘Mario Kart’

 

Hace unas semanas, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, utilizaba una metáfora basada en el videojuego Mario Kart para explicar la colaboración público-privada en su programa de ofrecer guarderías gratuitas a los menores de cinco años. “Si eres un fan de Mario Kart, la Administración es Yoshi, y la filantropía es la seta dorada, ese empujón que hace falta para derrotar a Bowser en la Carretera Arcoíris”, afirmó. “Para seguir desarrollando esta metáfora, aquí Bowser es la codicia empresarial”.

La metáfora de Mamdani viene al punto, porque, famosamente, Mario Kart es un juego en el que el ordenador reconocidamente hace trampas. Para los no nintenderos en la sala, estamos hablando de un juego de carreras en el que el competidor conduce un vehículo y puede usar artefactos que igualmente pueden ser usados en su contra. Sin embargo, desde su primera versión, de 1992, los adversarios pueden usar artefactos de maneras imposibles para el jugador humano: primero por mera imposibilidad técnica, y luego porque ya se ha convertido en una característica del juego.

¿Por qué jugamos a juegos que sabemos que no son equilibrados? La idea es que la victoria compensa la injusticia; es más, la satisfacción está precisamente en superar el desequilibrio. Pongamos el caso del ministro de Transportes y delegado oficioso del Gobierno en redes, Óscar Puente. El viernes, publicó un largo vídeo (casi 10 minutos) en X explicando por qué el Ejecutivo cree que existen “maniobras anti democráticas [sic] concertadas” por la suma de casos judiciales que afectan al PSOE. Y lo hace en una red que, según el Financial Times, en el Reino Unido ya está potenciando al partido de extrema derecha que Elon Musk prefiere en detrimento del más votado por los británicos. Pensar que un Musk que ya ha declarado la guerra a este Gobierno no va a amordazar ese contenido en detrimento del que lo contradice es o de una ingenuidad pasmosa o demuestra unas ganas de enfrentarse al adversario en nivel imposible. Probablemente lo segundo.

Sin embargo, hay jugadores que no se conforman con que el tablero esté sesgado en su contra. En las últimas semanas, han aparecido numerosos tuits, la mayoría desde la esfera socialista, lamentando el “doble rasero” con respecto al tratamiento judicial y mediático de los escándalos de corrupción. No pongo ejemplos por no dejarlos en evidencia, pero al final el mensaje es siempre el mismo: ¿por qué ellos pueden romper las reglas y nosotros no? ¿Por qué nosotros no podemos hacer lo que ellos hacen?

Entiendo la exasperación que provoca la coyuntura. Y ante los que dicen que la prudencia es un lujo que solo se permiten los que no tienen nada en juego, les recuerdo que la ultraderecha se ha arrogado el derecho a privarme arbitrariamente de mi identidad. Pero la democracia y la libertad no admiten atajos ni trampas: mientras se pueda hacer dentro de la ley, se debe hacer dentro de la ley, hagan lo que hagan los demás. Primero, porque siempre es mejor tener reglas que no tenerlas: bien sabe este país lo que es vivir bajo la arbitrariedad. Pero, segundo, porque no solo se trata del país que existe, sino del que uno quiere que exista.

¿Y entonces, qué? Uno de los artefactos más famosos de Mario Kart es el caparazón azul. Solo puede ser lanzado por un jugador que va muy atrás, y está destinado a quien va en cabeza: le persigue volando hasta que lo encuentra y estalla sobre él, paralizándole. Es casi imposible de esquivar, pero puede hacerse. La forma más sencilla es con un artefacto que es la versión estilizada de un altavoz. Pulsada a tiempo, las ondas sonoras desactivan el caparazón. Así que, si hay que usar metáforas, usen esta: contra un enemigo que parece invencible e implacable, hagan ruido.

 

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