Eso de echárselas de “analista internacional” y emitir opiniones con alguna periodicidad otorga al opinador un cierto barniz intelectual. Sin embargo, suele ocurrir que más de un “sesudo” análisis termina convertido en algo distinto al escenario real que en definitiva se haya podido dar.
Tan es así que hacia el 24 de febrero de 2022, cuando Rusia desató su ofensiva militar contra Ucrania, la opinión predominante era que aquello no podía durar más que una o dos semanas habida cuenta de la diametral asimetría en recursos económicos y militares existentes entre los dos adversarios.
Han transcurrido ya más de cuatro años sin que Rusia haya podido concretar su aspiración anexionista, más bien, al día de hoy, apenas las líneas militares permanecen más o menos iguales que al principio. Ucrania ha sufrido grandes daños materiales, pero continúa con un heroico esfuerzo defensivo que en las últimas semanas ha logrado poner en práctica la increíble iniciativa de lanzar ataques aéreos con drones hasta en los suburbios de la misma Moscú y en San Petersburgo, justamente cuando Putin celebraba allí una importante reunión económica internacional.
Lo anterior ha dejado en evidencia que no es solo el poderío militar el que determina los resultados, sino que también hay factores humanos que influyen decididamente. En Ucrania, Putin se encontró con un líder de excepción (Zelenski ) y un pueblo decidido a enfrentar los sufrimientos que ocurrieran en un conflicto tan sangriento como prolongado, mientras que en Rusia el cansancio y desencanto ya también van atentando contra el objetivo originalmente proclamado por Moscú. Así pues, la mayoría de los análisis resultaron equivocados con serias consecuencias para ambos bandos, pero sin que se pueda proclamar triunfo por ninguno de los dos lados.
Esa misma era la pregunta que nos formulamos en artículo publicado en estas mismas páginas el 18 de febrero pasado (Adolfo P. Salgueiro: Conflicto con Irán: ¿Quién está ganando?), más ahora cuando en Rusia el cansancio y desencanto también vienen actuando en contra del objetivo original concebido por Moscú. Por eso afirmamos que muchos de los “análisis” de entonces estuvieron equivocados. Lo mismo ha ocurrido y sigue ocurriendo entre Estados Unidos, Israel e Irán cuando esas mismas deficiencias estaban ya presentes al momento que Mr. Trump, en junio de 2025, desató un bombardeo masivo sobre las instalaciones en las que presumiblemente se esconde el programa nuclear “pacífico” de Teherán. Fue entonces cuando Trump anunció “urbi et orbi” la “obliteración” total de esas instalaciones y aseguró que ya nada habría que temer.
En Irán lo dramático es que el grueso de la población es rehén de un gobierno de fanáticos religiosos que no han dudado ya en recurrir varias veces a sangrientas represiones contra toda disidencia interna, lo cual a su vez impide que la población se rebele para desplazarla, puesto que la misma evidentemente desea preservar el poder y que la población nunca intente sustituirla porque, evidentemente, mantenerse en el poder a cualquier precio es determinante.
Sin embargo, aun así ese mismo pueblo ha intentado varias veces, sin éxito, buscar cambios. Le ha sido impedido de lograrlo al precio de miles de muertos, detenidos y sufrimiento colectivo.
Así y todo ese pueblo -mal representado por una dirigencia fundamentalista-lleva aguantando varias semanas de bombardeo y destrucción por parte de Estados Unidos e Israel, que intentan desmantelar el “programa nuclear pacífico” del que se sospecha -con fundamento- que Irán tiene para proveerse de un arma atómica que le permita extender su influencia en la zona a través del terrorismo y la acción conjunta con aliados como Hezbolá en Líbano o Hamás en Gaza o los huties en Yemen, y posibles “células dormidas” que pueden estar esperando su turno en otros lugares. Se rumorea que ello pudiera ser en Margarita, Venezuela, o en la “triple frontera” (Argentina, Paraguay y Brasil) u otros.
Es el caso que la dirigencia que habla en nombre de ese pueblo -impedido de manifestar libremente su voluntad- ha decidido enfrentar, a muy alto precio, la fuerza militar desplegada por Estados Unidos e Israel en esta segunda fase del operativo “Midnight Hammer” (Martillo de medianoche) frente a todo pronóstico que asegura que el daño y el sufrimiento perdurarán bastante más tiempo, ya sea que se reabra o no el paso marítimo por el crucial estrecho de Ormuz que la geografía divina colocó como regalo justamente en ese lugar que hoy Irán utiliza para su ventaja y que Estados Unidos procura neutralizar con su propio bloqueo naval impuesto en el lado externo de dicho estrecho con el fin de impedir así el flujo de hidrocarburos que surte 20% del consumo diario mundial.
Hoy, después de varias semanas de destrucción indiscriminada, que también alcanzó a los demás Estados de la zona, se nos hace saber que se ha llegado a una tregua temporal de sesenta días, la cual ambos bandos califican como una “gran victoria” sin que en definitiva el resto del mundo pueda entender cuál es la verdadera realidad ni sus consecuencias a corto, mediano o largo plazo, pese a que a primera vista pareciera que algunas variables han mejorado, tales como el precio del petróleo y los mercados financieros mundiales que, por el momento, interpretan la tregua como beneficiosa.
La historia y nuestra propia intuición nos permiten anticipar que el cese del fuego será violado por alguna o ambas partes en pocos días ahora que Iran ha verificado la importancia universal del cierre o apertura de Ormuz y que Israel acusa a su aliado Trump de haberse comprometido con decisiones que han sido tomadas sin su consulta ni participación. Israel considera, con cierta razón, que resolver la confrontación militar con Hezbollah en el sur de El Líbano forma parte integral del asunto y por tanto se sienten ahora libres y ajenos a los compromisos pactados para Ormuz. Tal desacuerdo ha puesto en seria tensión la relación Trump/Netanyahu tomando en cuenta también que ambos líderes enfrentarán elecciones en pocos meses (generales en Israel y legislativas en Estados Unidos) para las que precisan exhibir algo mas que un simple y frágil acuerdo de tregua parcial en la que ni siquiera se ha puesto sobre la mesa el asunto central, que es el desmantelamiento de la capacidad nuclear de Irán.
Las consideraciones anteriores son las que no permiten por ahora hacer ninguna proyección futura.
apsalgueiro1@gmail.com

