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Sergio Monsalve: Alas de libertad

 

Dos documentales llegan a la cartelera de Venezuela para evidenciar cómo la escena de conciertos se redujo al polvo, producto de la crisis política.

Ambos filmes, de no ficción, compensan el aislamiento cultural que vive el país, apenas visitado por reguetoneros quemados y un circuito de bandas, venidas a menos.

Se han hecho múltiples esfuerzos por traer de regreso a los grupos y los cantantes de moda. Pero no es menos cierto que el contexto influye y marca la agenda de innumerables formaciones, a la hora de presentarse en suelo patrio.

Por ende, recibimos con entusiasmo a Billie Eilish en 3D y a Iron Maiden: Burning Ambition, dos trabajos audiovisuales que nos permiten conectar con la obra de músicos disruptivos y masivos, a su modo pop de rock de estadio.

La propuesta de Billie Eilish se disfruta y consume en la sala, casi como verla en vivo, por parte de fanáticos y espectadores, quienes se entregan a una danza tribal de techno y rave de colores, delante de la pantalla, bajo el ritmo inconfundible de los grandes temas de la joven compositora de apenas 24 años, nacida a principios del siglo en el seno de una familia angelina de clase media.

Un desahogo para la generación Z, tan incomprendida e infravalorada.

Billie tiene un documental más denso y ambicioso, titulado El mundo es un poco borroso, en el que disecciona su vida personal, sus problemas de salud mental, al estilo del prototípico En la cama con Madonna, aquel famoso largometraje que sentaría las bases para el género en las próximas décadas.
Desde entonces, se considera un ritual de paso que las estrellas del Grammy expongan sus intimidades frente al lente de un realizador de prestigio, con el propósito de hacer una especie de manual de autoayuda.

Es lo que hicieron luego Michael con su último tour, Beyoncé en Coachela, Taylor Swift y J Balvin en El niño de Medellín, sin olvidar la reciente incursión de Karol G, que por fortuna fue de las pocas que quiso visitarnos en el Estadio Monumental.

El nuevo documental de Billie Eilish nos sumerge en la experiencia de su gira, entre sus canciones, sus trucos de backstage, sus intervenciones, sus momentos previos, sus encuentros con los fanáticos y su salida a escondidas, por la puerta de atrás, disfrutando de unos minutos de soledad.
No es necesariamente original el repertorio de situaciones que muestra la película.

Sin embargo, permite comprender el proceso creativo y el impacto de ella, beneficiándose de una dirección inmersiva de James Cameron, un especialista en pasar desapercibido, dejando que su protagonista se luzca en un acuario digital de proporciones titánicas, donde nadan e interactúan las audiencias, dándose un baño de la realidad de su celebridad, a la que adoran, desean y sueñan con tocar.
Es un acierto que la técnica documental en 3D permita semejante comunión, que rompe la cuarta pared y cumple con la fantasía que descubrieron Los Beatles de girar por el mundo con sus películas, en los rincones más remotos, gracias a la magia del cine.

De tal manera, también regresaron a Venezuela los miembros de Iron Maiden, a los que sí vimos en par de ocasiones, en los noventa y los primeros dos mil.

Pude ir al concierto de 2009 en el estacionamiento de Poliedro y constatar el poder metalero de la banda británica, liderada por Steve Harris y la voz de Bruce Dickinson.

Iron Maiden exprimió el jugo de aquel segundo aire, filmando además un documental como el de Billie en 2026, el famoso Vuelo 666, más una concert movie que un documental.

Para compensar y equilibrar la balanza, los Maiden retornan con un biopic más elaborado al calor de cabezas parlantes, material de archivo y reflexiones en off de los integrantes del team.

Es impresionante la densidad del montaje, para hablarnos del mercadeo de la figura zombie de Eddie, de los ascensos y caídas de la banda, de los secretos y de sus alcances sociopolíticos, al tocar en territorios cerrados como Polonia, que se abrió por el contacto con Maiden en la época de la cortina de hierro.
En tal sentido, recomiendo Scream for me Sarajevo, sobre el impacto de Iron Maiden en la ex Yugoslavia, al instante de librar su cruenta guerra civil.

Por eso, para que caigan los muros de la censura y la represión, para que la historia no se detenga en los mismos relatos del poder, es buena noticia que las pantallas de cine nos hagan soñar con la posibilidad de ver a Billie Eilish en vivo, a Maiden de vuelta a Caracas.

Un deseo de libertad que sigue entre nosotros.

 

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