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Sebastián de la Nuez : La problemática del chavismo residual y el caso Víctor Quero Navas

Los medios y las redes han informado prolijamente sobre la madre de 81 años, Carmen Teresa Navas, que buscó en vano a su hijo, Víctor Hugo Quero Navas, durante más de un año sin que el régimen le diera respuesta hasta ahora, cuando se descubre que Víctor Hugo fue probablemente asesinado por sus custodios. Este artículo atiende a los elementos secundarios que hacen posible el horror o que tratan de justificarlo.

Ese chavismo residual que sobrevive en el poder, quintaesencia de lo sembrado por el golpista desde el 4-F, es una jauría. Toda jauría se alimenta de sangre. Algún día habrá, al menos, una calle llamada «Víctor Hugo Quero», pero eso no es consuelo hoy ni lo será nunca. Todo el relato de esta historia está fraccionado en las redes sociales; es el mérito y la virtud de la tecnología: inmediatez y viralidad que encienden las alarmas igual en Caracas que en Madrid o Buenos Aires. De hecho, este 8 de mayo el país que vive afuera amanece con esta realidad encima, vivo retrato de la inhumanidad alcanzada por el régimen.
De las redes tomo frases de gente indignada que ha estado mucho más cerca que uno. Por ejemplo, el economista José Guerra dice: «El colmo del cinismo: la Defensoría del Pueblo emitió un acta en octubre de 2025 afirmando que Víctor Quero estaba recluido, cuando ya había muerto en julio. El Ministerio Público y la Defensoría mintieron a una madre, simulando un proceso sobre un cadáver. ¡Crueldad e impunidad total!».

El ingeniero Francisco Fernández dice, por su parte: «Estos criminales revolucionarios ya hacen, sin vergüenza, sin pudor y sin temor al castigo, con la vida de los venezolanos lo mismo que hacen con la riqueza: se la roban, la ultrajan, la desaparecen, la tiran a la basura».

El periodista Víctor Amaya narra en su cuenta que el 24 de octubre de 2025 la Defensoría del Pueblo le había informado a Carmen Navas que su hijo, Víctor Hugo Quero Navas, se encontraba «actualmente» en la penitenciaría de El Rodeo I. Ya entonces, apunta Amaya, Víctor Hugo llevaba tres meses fallecido.

En efecto, circula en redes la imagen de ese papel de la Defensoría del Pueblo en el que se relata que la peticionaria —así la llama el escrito—, Carmen Teresa Navas, «ha comparecido por una problemática sobre supuestos de una situación relacionada en materia de debido proceso. Acto seguido a una situación irregular relacionada con su hijo [nombres y datos del hijo y número de su expediente], el cual se encuentra recluido en la DGCIM (…). En efecto, se le informó que en fecha 23 de octubre se había realizado traslado hasta la Fiscalía 67, siendo la comisión de la Defensoría del Pueblo atendida por el ciudadano José Contreras, quien luego de ponerle tanto sobre los pormenores del caso indicó que a su hijo, (sic), está siendo imputado por los delitos de Traición a la Patria, Conspiración y Terrorismo; y actualmente se encuentra en el Centro de Detención El Rodeo I. Es todo. Se terminó, se leyó y conforme firman…».

De un lado, una defensora III que dice ser doctora: Dionita Coronado. Del otro, la señora Quero Navas, peticionaria. El membrete del papel dice, arriba y a la izquierda: REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA / DEFENSORÍA DEL PUEBLO / DEFENSORÍA DELEGADA DEL ÁREA METROPOLITANA DE CARACAS.

Tanto nombre en el membrete para cometer, bajo ese paraguas, un crimen gramatical y sintáctico que, a su vez, envuelve y disimula —o simplemente ignora— el crimen mayor. Dionita Coronado no sabe dónde van o no las comas ni cómo evitar las mayúsculas, pues las mayúsculas, por lo visto, dan mayor peso a los delitos que se le han imputado a Víctor Hugo. La defensora tercera (¿cómo serán la cuarta y la quinta?) lanza este cometido en su perfil de X: «Demuestra al mundo que no eres una copia, que eres original».

Ella está en eso, pero al parecer no se esfuerza lo suficiente. Es cómplice de un crimen o, más bien, de una problemática. O sea, es una copia de cualquier chavista y, para cualquier chavista, la lengua puede pervertirse: así como los presos políticos no son víctimas sino «privados de libertad», a Víctor Hugo no lo dejaron morir, sino que se vio envuelto en una problemática. Eso es todo.

Si realmente es usted doctora, diga, por favor, por qué el texto emanado de su oficina, redactado por usted o por su secretaria, está minado de burradas gramaticales. ¿Dónde se sacó el título de doctora, Dionita? ¿En la Universidad Bolivariana? ¿De modo que la señora Carmen Teresa «ha comparecido por una problemática sobre supuestos de una situación»? Caramba, qué manera de ponerse guantes antisépticos para tratar el tema que cuenta la señora. Lo que escribiste, Dionita, o lo que escribió alguien bajo tu dictado, es la prueba fehaciente de la indolencia que acompaña no al crimen, pero sí a su oscurecimiento o disimulo. Has cogido línea, te ha llegado la directriz sin que haya sido necesario explicártela con un PowerPoint proyectado en la pantalla.

En la ignorancia militante no puede haber valores, o estos están trastocados por el lugar común, el adoctrinamiento y la estulticia circundante. También hay que comprender a Dionita: ese es el ambiente de lodazal en que se mueve.

El caso Quero Navas, con esa madre marchando doce veces al suplicio de El Rodeo, como una cristiana arrastraría su cruz al Gólgota —periplo del desespero y el desgarro—, puede ser visto como la versión actualizada de aquella pesadilla que vivió el norteamericano Ed Horman durante los inicios del régimen pinochetista. Encarnado por Jack Lemmon en la película Desaparecido (Costa-Gavras, 1982), Horman busca denodadamente a su hijo Charles en Santiago, con la propia embajada de Estados Unidos disimuladamente en contra. El hombre no sabía que Charlie, periodista y cineasta de 31 años, ya había sido ejecutado el 18 de septiembre de 1973, pocos días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet. El joven solo era un simpatizante del gobierno de Allende.

El problema en Venezuela no es que los hermanos Rodríguez sigan teniendo peso, descaro y apoyo foráneo suficientes. El problema es el elemento secundario: el encapuchado y el burócrata, el amanuense y el vigilante que cobra más por no vigilar que por vigilar. El problema es la línea que adoptan los solícitos, los normalizadores, los diputados amaestrados, los ignorantes con parcelita de poder. Todos ellos han aprendido a sobrevivir cogiendo línea hasta en el lenguaje, que te pierde antes que iluminarte. ¿Verdad, doctora Dionita?

 

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