En mi país, en los últimos por lo menos cinco años, se ha construido un sistema de ingreso laboral de carácter no salarial que es infrahumano, de naturaleza feudal, en este, el salario no valora la fuerza de trabajo o el trabajo realizado. Los trabajadores han sido condenados a ingresos de “supervivencia”, sus ahorros a largo plazo y su patrimonio han dejado de existir. Venezuela es, en el sentido de la acumulación, un capitalismo anómalo.
El reciente incremento de los bonos establecidos para pulverizar el salario apenas alcanzó los 50 dólares americanos. Un incremento de 26% frente a una pérdida acumulada del poder adquisitivo de 90% en los últimos años es insuficiente para sacar a la mayoría de la población de la pobreza monetaria. Los 50 dólares americanos de ingreso adicional serán anulados en pocos días por las expectativas inflacionarias porque los precios de los productos básicos suelen ajustarse inmediatamente.
¿Por qué ese monto? Aprecio que, con ingresos petroleros superiores a los 20.000 millones de dólares, estimados para mayo-diciembre de 2026, existe base fiscal para afrontar un mayor aumento, manteniendo reservas internacionales para estabilizar el tipo de cambio y evitar la hiperinflación. Lo incrementado lo cubrirá el gobierno con 3,5 meses de regalías petroleras.
En cualquier otra economía el salario mínimo es un piso de negociación, en Venezuela, el ingreso bonificado es un techo que alcanza apenas para 35% del consumo de alimentos necesarios.
En nuestro país, Venezuela, el único consenso implícito es el existente entre el gobierno y los gremios de empresarios para no aumentar el salario mínimo. La verdad es que el modelo impuesto de la bonificación del ingreso opera como un subsidio indirecto a la tasa de ganancia del capital, especialmente en sectores de baja productividad o de alta dependencia de las importaciones. El trabajador sobrevive en el subconsumo de alimentos y medicinas, principalmente, permitiendo que el excedente generado por las ventas de esos bienes se mantenga en el lado de la ganancia empresarial o se reinvierta en importaciones, alimentando el ciclo del sector servicios.
El sector importador de la rama de servicios y bienes finales al no pagar prestaciones sociales pueden rotar inventarios con mayor agilidad y proteger su flujo de caja en divisas. Así es como farmacias y alimentos tienen tasas de beneficio entre 8 y 12%, repuestos y telecomunicaciones entre 20 y 35%. El negocio bancario y financiero de 25 y 30% y el sector industrial de 5 y 7%.
En contraste, el capitalismo feudal al que hacemos referencia tiene indicadores que lo muestran como una de las economías más desiguales y pobres del planeta, cuyo crecimiento de 20 trimestres consecutivos, de los cuales se jacta el gobierno, se han concentrado en la acumulación de capital y no en la redistribución vía salarios.
Señalemos dos de estos indicadores de vital importancia macroeconómica y en teoría del desarrollo. En Venezuela la participación del salario en el PIB es menor a 15%, en los países capitalistas desarrollados promedia 56%. Suiza y Alemania superan el 61%. Igualmente, la participación de la ganancia del capital (excedente de explotación) en nuestro PIB es de 55-60%, esto es que, el capital captura la mayor parte del valor porque el salario ha dejado de existir como costo significativo, alcanzando apenas 5-8% de los costos de producción, la comparación sigue siendo válida: en el capitalismo desarrollado esto representan el 20-35%.
¿Qué es lo de fondo, lo estructural? Al mundo del trabajo, manual e intelectual, de la ciudad y del campo, se le destruyó el sistema de seguridad social y económico, enviando a la pobreza a millones de trabajadores y jubilados, con la élite empresarial y de gobierno intentando justificar la desaparición de la categoría histórica del salario, que nos retrotrae a la Edad Media, en razón del encarecimiento del cálculo del régimen de prestaciones sociales. Ello es inaceptable por infrahumano.
Si ese régimen es “una camisa de fuerza” que impide aumentar el salario, entonces que los trabajadores, los empresarios y el gobierno, discutan, consensen y den fuerza de ley a un nuevo sistema de seguridad social y económica que incluya la restitución del valor del trabajo con un salario digno, un nuevo sistema de cálculo de beneficios, viable y sostenible, que respete derechos adquiridos (vacaciones, utilidades, prestaciones) y la reproducción del capital, el derecho a la discusión de la convención colectiva, el restablecimiento del Seguro Hospitalario (SSO), el derecho a la democracia sindical y el derecho a huelga.
Capital y trabajo, inversión y consumo, ambos en el mismo tiempo histórico de la economía venezolana. Mirando la experiencia histórica universal del capitalismo desarrollado en la cual tan importante fue la capacidad de ampliar la producción como la de consumir.
Economista, profesor activo de LUZ, exministro de Finanzas (2007).

