En el devenir de las civilizaciones, la identidad no se construye únicamente sobre el frío mármol de los monumentos, sino en la urdimbre invisible de la fe que sostiene la memoria de los pueblos.
El municipio José Rafael Revenga, enclavado en el corazón del Estado Aragua, ha protagonizado recientemente un acto de profunda trascendencia ontológica: la elevación de Nuestra Señora del Buen Consejo como el Cuarto Símbolo Municipal. Esta resolución, plasmada en el Decreto 002/2026 por el Alcalde, Licenciado Daniel Francisco Perdomo Briceño, no debe leerse como una mera disposición administrativa, sino como el reconocimiento oficial de una presencia que ha vertebrado nuestra historia desde la aurora misma de la localidad. Nuestra Señora del Buen Consejo no es aquí un elemento exógeno; es la raíz que ha nutrido la resistencia y la esperanza de esta tierra aragüeña durante un cuarto de milenio.
Para la mirada del intelectual y del pastor, este símbolo representa la síntesis perfecta entre el ethos popular y la herencia que nos define. Al integrarse formalmente al escudo, la bandera y el himno, la advocación de Nuestra Señora del Buen Consejo se erige como un recordatorio para las generaciones venideras de que nuestra ciudadanía es inseparable de nuestra espiritualidad.
Esta devoción, que el pasado 19 de abril alcanzó un hito luminoso con la Coronación Diocesana de Nuestra Señora del Buen Consejo de manos de Monseñor Enrique José Parravano Marino, Obispo de Maracay, clama ahora por una dimensión de universalidad.
Quien escribe estas líneas lo hace desde la múltiple condición de maestro que custodia la herencia de los valores, de ciudadano que pisa el polvo de su pueblo y de fiel devoto que se reconoce pequeño ante la inmensidad del misterio; pero, sobre todo, como un hombre de a pie que apela a la sensibilidad de la Iglesia.
Bajo la estela luminosa del Papa León XIII —aquel pontífice de ingente profundidad intelectual que, cautivado por la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo, la inscribió en las Letanías Lauretanas—, elevo una humilde pero fervorosa súplica dirigida a Su Santidad, el Papa León XIV, para que escuche nuestro clamor humilde desde este rincón de Venezuela.
Pedimos que el Sucesor de Pedro considere la Coronación Canónica de Nuestra Señora del Buen Consejo, confiando en que su magisterio sabrá reconocer el valor de una comunidad que el próximo año arriba a 250 años de devoción ininterrumpida.
Dos siglos y medio de fidelidad constituyen un argumento teológico y social de peso suficiente para que esta tierra del Estado Aragua reciba la gracia de ver a su Patrona coronada con la autoridad de la Santa Sede. Que este aniversario sea el corolario de una historia compartida y el inicio de una nueva era de luz bajo el manto de Nuestra Señora del Buen Consejo, quien como símbolo y como madre, sigue dándonos el mejor de los consejos.

Rafael Sanabria Martínez.

