pancarta sol scaled

Luis Enrique Vizcaya: El país indignado

 

Tan inmensa como el dolor de la señora Carmen Teresa Navas es la indignación que recorre al país, al conocerse la noticia de la muerte de su hijo Victor Hugo Quero Navas, bajo custodia del Estado venezolano, luego de su detención por cuerpos represivos en enero de 2025.

El comunicado oficial aparece diecisiete meses después de su desaparición forzada. Durante este tiempo su transida madre fue sometida a un perverso viacrucis, sin respuesta ni compasión alguna: ¡Aquí no está!

Tan ominoso trato puede hacernos pensar que se trata de un simple mecanismo psicológico, dirigido a castigar con desamparo e incertidumbre a los adversarios. Pero más que eso, es una concepción de Estado autoritario, pensamiento excluyente, una cultura de poder permeadora, avasallante, de dominación y control, la cual aprisiona al azar inocentes ciudadanos como muestrario para la intimidación, el terror. Asigna la condición de enemigo a quienes promuevan modelos democráticos, libertarios, contrarios, a los cuales hay que neutralizar, cuya vida no tiene valor alguno frente a los “objetivos de la revolución”, lo cual justifica su detención, sometimiento, tortura, desaparición.

Una visión de Estado sostenida por una estructura administrativa oficial, también paralela, conductas coherentes, sistemáticas, comportamientos, mecanismos como la mentira, orquestada como argumento público, la creación  de sucesos, “rebeliones, conspiraciones del enemigo”, manejo de la opinión pública, manipulación de estados de paranoia colectiva, manipulación sistemática de la plataforma comunicacional telemática.

Todo hecho al calco del modelo cubano, cuya vitrina más resaltante, vergonzosa, es la de los presos políticos, viles torturas, desapariciones forzosas, la red nacional de mazmorras, los crímenes de lesa humanidad.

Es ese modo criminal que pretende camuflar el gobierno interino de los Rodríguez, que el crimen de Víctor Hugo Quero ha puesto en evidencia, el mismo que cada día inunda de lágrimas a cientos de hogares venezolanos, ha convertido en familias centinelas que aguardan por la libertad a las puertas de las cárceles, como la heroica Sra. Carmen Teresa Navas, cuya tenacidad, grandeza de alma, los ha desnudado ante el país. Emulemos a Doña Carmen, así entonces la indignación     se tornará dignidad para lograr la libertad, la democracia, la prosperidad.

 

Tradución »