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Los médicos detallan el impacto de las lesiones en accidentes con motos y el peso financiero de esas lesiones

 

Las fracturas de fémur, tibia y peroné son las más comunes. Conrad Estol, neurólogo, alerta que 8 de cada 10 de accidentes de moto se asocian con muerte o discapacidad permanente. César Lobo, neurocirujano, especialista en cerebro, cráneo y columna, asegura que el casco puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. “Hay un aumento acelerado de traumatismos craneoencefálicos y espinales en los hospitales”, advierte. En 2025, según datos del Observatorio de Seguridad Vial (OSV), se registró una tendencia de hasta 158 heridos por cada 100 accidentes.

A diario, las emergencias de hospitales venezolanos reciben a jóvenes con lesiones devastadoras tras accidentes de moto: fracturas expuestas, traumatismos craneales y daños irreversibles que, en segundos, cambian sus vidas y las de sus familias.

Los traumatólogos ya no necesitan escuchar la historia completa para imaginar el accidente. Apenas ven entrar la camilla, reconocen el mismo cuadro: Huesos rotos, extremidades destrozadas y piel arrancada por el pavimento.

Josmar Arrieche, traumatólogo, ortopedista y director médico de la Clínica IGM, afirma que en los accidentes de moto las lesiones traumatológicas más frecuentes vienen relacionadas con las lesiones de huesos largos, principalmente fémur y tibia.

La razón de este diagnóstico, explica, es debido a que el motorizado recibe toda la fuerza del impacto e incluso cuando no circulan a velocidades extremas, el golpe contra el asfalto puede resultar catastrófico. La reacción al momento de una caída también deja huellas difíciles de borrar.

El motorizado, por reflejo, trata de meter las manos para protegerse y puede tener lesiones a nivel del antebrazo, muñeca, codo, húmero, lesiones en el tobillo. La mayoría de estas lesiones son fracturas desplazadas por el mismo mecanismo de la lesión”, explica.

El especialista señala que en este tipo de accidentes, el hueso, al momento de fracturarse, se desplaza, y ese desplazamiento condiciona que esas lesiones, en la mayoría de los casos, sean quirúrgicas.

Además, Arriechi agrega que un grado de complejidad aún mayor es que estas lesiones pueden ser fracturas abiertas. “Nos encontramos con fracturas abiertas donde, además del hueso, hay lesiones de músculo, tendones, ligamentos y piel”, describe.

Vivencias desde el quirófano

Con más de 30 años de experiencia en quirófano, el doctor Gohad Kotieche, especialista en traumatología, ortopedia, microcirugía y cirugía reconstructiva de la mano, ha tratado cientos de casos de pacientes con lesiones severas producto de accidentes de motocicleta.

El médico destaca que el traumatismo craneoencefálico y de columna cervical sigue siendo la principal causa de muerte o de discapacidad permanente. Sin embargo, agrega que también se presentan muchos casos con fracturas de muñeca y de los huesos del carpo. “Esto ocurre porque el instinto natural es meter la mano para frenar la caída”, asegura.

Para el traumatólogo, la atención de un paciente accidentado en moto “es una carrera contra el reloj”, donde se necesita ser preciso para evitar daños mayores.

A menudo recibimos casos donde no solo hay una fractura, sino una pérdida de sustancia, donde el asfalto actúa como una lija gigante, eliminando piel, músculo y exponiendo el hueso.  Esto complica enormemente el pronóstico de recuperación”, destaca.

Kotieche advierte que existen lesiones por desforramiento o degloving, que, a su juicio, son algunas de las más aterradoras porque la fricción contra el asfalto arranca literalmente la piel y el tejido celular de los músculos. “Es como si te quitaras un guante”, dice.

Aclara que las avulsiones del plexo braquial, conformado por nervios que envían señales desde la médula espinal en el cuello hacia el hombro, brazo y mano, son el tipo más grave de daño debido a que puede ocasionar una parálisis parcial o total del miembro superior.

Vemos con frecuencia el mecanismo de alta energía, donde no solo hay una fractura, sino que existe un daño severo a las partes blandas: piel, músculos, tendones, nervios y vasos sanguíneos. Estos últimos cada vez más frecuentes que existan lesiones neurovasculares que comprometen la viabilidad de cualquier miembro superior o inferior”, señala.

Pacientes que nunca se olvidan

Durante su larga trayectoria en el área médica, Kotieche aún recuerda momentos que marcaron un antes y un después en su carrera.

Pese a estar acostumbrado a observar lesiones de todo tipo, el experimentado traumatólogo no olvida cuando tuvo que atender a un paciente joven con una amputación traumática de mano tras impactar contra un objeto fijo en la vía.

Fue una cirugía de más de 16 horas para unir huesos, arterias, venas, nervios y tendones mediante técnicas de microcirugía. “Lograr que ese paciente recuperara la función de su mano fue una satisfacción profesional inmensa”, menciona.

Cada paciente recuperado es también un recordatorio de lo que ocurre diariamente en las calles: motos acelerando entre huecos, conductores sin casco y accidentes que en segundos transforman la vida de muchas personas en historias de quirófano y rehabilitación.

Otro de los momentos que quedó grabado en su memoria tuvo como protagonista a un joven de 22 años, padre de familia, que llegó con la mano dominante destrozada después de perder el control de su moto y quedar atrapado debajo de un vehículo.

Era una lesión catastrófica con múltiples fracturas, pérdida de tendones y compromiso vascular severo. Médicamente, la opción más rápida era la amputación”, recuerda el especialista.

Después de evaluar todas las alternativas viables, el equipo médico apostó por la reconstrucción microquirúrgica. Fueron horas de cirugía para revascularizar y fijar huesos. La intervención resultó exitosa. El paciente tuvo que ser intervenido un mes después para transferir tendones hasta recuperarse de manera plena.

Un año después de esa intervención “milagrosa”, el médico recuerda cómo aquel joven, cuya mano estuvo a punto de ser amputada, había recuperado la capacidad de agarrar una herramienta para trabajar y sostener a su hijo. “Ese caso marcó un antes y un después en mi compromiso con la cirugía de salvamento de extremidades. Es lo que da sentido a nuestra especialidad. “No solo operamos huesos, sino proyectos de vida”, resalta.

El peso financiero de las lesiones

El médico señala que en Maracaibo hay una incidencia altísima de fracturas abiertas o expuestas, donde el hueso sale al exterior. Asimismo, resalta que la recuperación total no termina en el quirófano.

Kotieche explica que la recuperación total de un politraumatismo severo en el sector privado es difícil de calcular en términos monetarios. Además, añade que la dificultad para conseguir los insumos básicos representa una carga enorme para el sistema de salud, que la mayoría de las veces resulta catastrófica para el presupuesto de cualquier familia trabajadora en Maracaibo.

Los montos son elevados tanto para el sistema público como para el privado. Estas lesiones dejan secuelas a largo plazo. Muchos de estos pacientes no logran reintegrarse al trabajo de inmediato, lo que genera un círculo de pobreza y una carga económica para el Estado y la familia en rehabilitación y prótesis”, sentencia.

En 2025, según datos del Observatorio de Seguridad Vial (OSV), se registró una tendencia de hasta 158 heridos por cada 100 accidentes.

La importancia del casco

Un joven está en el suelo, le cuesta moverse y respirar. Su casco está roto y su moto destrozada después de chocar con un vehículo en una de las avenidas más transitadas.

La imagen es terrible: hay sangre por todas partes, el hombre no se mueve en el asfalto, y los paramédicos hacen todo lo posible para evitar un peor escenario. Aunque parezca algo raro, esta se escena se ha convertido en el pan de cada día.

Traumatismos que ocasionan hemorragias internas, inflamación cerebral y fracturas del cráneo. Lesiones en el cuello, capaces de producir secuelas permanentes. Muchos de los afectados terminan inconscientes y con respiradores mientras los médicos tratan de impedir daños irreversibles.

César Lobo, neurocirujano, especialista en cerebro, cráneo y columna, afirma que existe un gran porcentaje de personas conduciendo motos, lo que conlleva un aumento acelerado de traumatismo craneoencefálico y espinal.

El especialista explica que, una vez que ocurre un accidente, se debe evaluar la conducción neurológica de la persona afectada: si vomita, si está somnolienta, si tiene agitación psicomotriz. “Todos son indicios de que no fue un traumatismo leve. Dependiendo de todo esto, por supuesto, su observación, su tomografía y muchas veces no ocurre mayor cosa”, detalla.

Lobo explica que ha aumentado la incidencia de accidentes en moto: moto contra moto, moto bicicleta, moto contra vehículo.

Debemos prevenir daños mayores al tener el accidente. El motorizado, por supuesto, usar su casco de seguridad certificado, conducir como debe ser, y a nivel del conductor del vehículo, tener una conducta preventiva”.

Y agrega: El motorizado debe usar su casco de seguridad certificado, conducir como debe ser y, a nivel del conductor del vehículo, tener una conducta preventiva para prevenir daños mayores al tener el accidente.

 La muerte en dos ruedas

Las cifras muestran lo grande que es el peligro.

El neurólogo Conrado Estol alerta que los motociclistas pueden tener hasta 30 veces más probabilidades de morir en un accidente en comparación con otros conductores. A su juicio, los accidentes de moto son la primera causa de discapacidad y, después de los 40 años, el 54 % de las muertes.

El neurólogo alerta que un 80 % de los accidentes de moto se asocian con muerte o discapacidad permanente. Y a pesar de representar el 3 % de todos los vehículos, causan el 17 % de todas las muertes en accidentes viales. Además, detalla que más del 90 % de estos eventos ocurren con buen clima.

Yo tengo muchos amigos con moto de mi edad, más grandes y más jóvenes. Lo mejor es quizás ponerla en el garage. Y las motos en general: el que no puede comprar un auto, que tenga una moto; el que tiene que usarla para trabajar, que la tenga… pero quizás solo para eso. Y cuidar la cabeza, explicarle a nuestros chicos y cuidarlos en la infancia”, comenta.

Estol destaca la importancia del casco: 70 % de los accidentes ocurren en personas que llevan uno puesto. “Y algunos tienen unas sustancias químicas que con el golpe producen frío. Se llaman autohipotérmicos. Producen una reacción endotérmica que saca calor del cerebro para mantener frías las neuronas hasta que la persona llega al hospital”, comenta.

El mensaje de Conrad Estol es claro: usar casco no elimina el riesgo de sufrir daños durante un accidente, pero es un objeto valioso que puede marcar la diferencia entre vivir o morir.

Un equipo de supervivencia

El doctor Gohad Kotieche asegura de manera contundente que el casco no es un accesorio, sino un equipo de supervivencia. “Su función es absorber el impacto y distribuir la fuerza para que el cerebro no choque contra las paredes internas del cráneo”, explica el traumatólogo.

El riesgo de muerte aumenta un 40% y el de lesiones cerebrales permanentes 70% cuando no se utiliza el casco. Sin embargo, el uso de equipos de baja resistencia sin el ajuste correcto es uno de los problemas más comunes que reducen casi por completo la capacidad de protección del motorizado. “El casco debe cubrir toda la cabeza, estar debidamente certificado y correctamente abrochado. Un casco suelto es, en la práctica, como no llevar nada”, menciona.

La vulnerabilidad no termina con los adultos. En las calles ya era común ver hasta cuatro personas sobre una misma moto: niños apretados entre dos pasajeros, bebés que iban en brazos o jóvenes que viajaban sin los equipos de protección adecuados.

El doctor Kotieche recuerda que la ley venezolana no permite llevar a los niños en una motocicleta si no tienen más de diez años, porque sus cuerpos son frágiles para soportar la inercia de un frenazo brusco o un impacto, ni siquiera con casco, lo que aumenta exponencialmente el riesgo de lesiones cervicales fatales.

A pesar de las advertencias médicas y de las limitaciones legales, la práctica continúa formando parte de la rutina diaria de muchas ciudades del país.

Mientras estos escenarios se repiten en las calles a diario, en las emergencias los especialistas siguen recibiendo a pacientes jóvenes con traumatismos severos, fracturas craneales y lesiones que ponen en riesgo sus vidas en cuestión de segundos.

Los médicos insisten en que, en numerosos accidentes, un casco adecuado y correctamente asegurado puede convertirse en la barrera que separa una recuperación posible de una tragedia irreversible.

Alexander Rodríguez – Versión Final

 

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