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La corrupción es muy paleolítica, muy de chimpancé, dijo Juan Luis Arsuaga

 

El codirector del yacimiento de Atapuerca adelanta a El País las claves de su nuevo libro ‘La respuesta’, un texto luminoso, que rezuma admiración por nuestra propia especie y amor a la naturaleza. El paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, en el Instituto de Salud Carlos III, en Madrid.

Juan Luis Arsuaga, paleontólogo: La corrupción es muy paleolítica, muy de chimpancé.

En su último libro, La respuesta (Destino), el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, madrileño de 71 años, recorre los momentos estelares de la evolución humana. Están los vivos —nosotros—, los desaparecidos —como los neandertales—, y los que están a punto de desaparecer —los grandes simios como chimpancés, orangutanes y gorilas—. Al contrario que otras veces, el codirector de Atapuerca se moja: dice claramente su opinión sobre múltiples teorías que intentan responder las preguntas más importantes: ¿quiénes somos?, ¿por qué estamos aquí?, ¿hacia dónde vamos? Contra todo pronóstico, es un libro luminoso, que rezuma admiración por nuestra propia especie (posiblemente el producto más rápido, sorprendente y temible de toda la evolución), y amor a la naturaleza. A pesar de nuestras agresiones, Arsuaga cree que tenemos futuro: “Algo maravilloso va a ocurrir”, escribe. Estos días prepara una gran exposición sobre evolución humana —Crania, cráneos— que se inaugurará en septiembre en Burgos. Dice que no se jubilará hasta que lo hagan Bruce Springsteen, Matías Prats y Marie Claire-King.

Pregunta. En este libro usted asume el papel del viejo de la tribu para contarnos una historia junto al fuego. ¿Cuál?

Respuesta. La historia de la tribu, que somos toda la humanidad. Hay un cuento del que he oído muchas versiones: al presidente negro de un país africano le preguntan, de buena fe, de qué tribu es. Él contesta: mi tribu es la humanidad. Pero casi todo el mundo cuenta historias parciales. Nuestro peor enemigo es el tribalismo.

P. ¿Por qué?

R. Está muy unido al pensamiento mágico y a la ignorancia. Cuando la gente sabe cómo funciona el mundo, desaparece el pensamiento mágico y el fanatismo. Konrad Lorenz decía que hay dos remedios contra la violencia, el nazismo, el fanatismo: la ciencia y el humor.

P. ¿Usted ve progreso en la humanidad; en estos días que se habla de prioridad nacional?

R. Prioridad nacional es una expresión tribal. Hay sentimiento de tribu y hay casos extremos de fanatismo, de deshumanización. Estoy convencido de que para muchos colonos judíos los palestinos no son personas. También habrá muchos que piensen lo contrario. Los humanos tenemos algo muy curioso. Cuando pensamos en dictadores, no pensamos en todos ellos. Todo el mundo señala a unos, pero a otros los justifica. Todos tienen sus dictadores preferidos o sus dictadores tolerados. Nos falta gente que diga Trump es un mamarracho, pero Putin es espantoso.

P. ¿Hemos mejorado como especie?

R. En términos generales, sí. Asia era un continente donde la gente se moría de hambre a millones. Ahora Asia, sobre todo China, y América del Sur han mejorado en calidad de vida, educación, alfabetización; y África avanza en ese sentido. Si me preguntas por el planeta, entonces te diré que fatal. La gente piensa que nuestra amenaza es la Inteligencia Artificial, pero los problemas gordos son el tribalismo y la sostenibilidad. Y no tendría por qué ser así.

P. ¿Aporta algo bueno el tribalismo?

R. La agricultura y la ganadería son una consecuencia inevitable de él. Hace 12.000 años, cuando estábamos en las cavernas, no éramos nadie. En la península Ibérica, había más leones que personas, probablemente. Si hubiera aterrizado aquí un extraterrestre, habría dicho: ‘Bueno, es una especie que tiene lenguaje y tal’. Qué curioso. Si volviera ahora, no se podría creer la transformación. La especie ha cambiado el planeta, no hay más que verlo de noche desde el espacio.

P. ¿Hay algo similar en la historia de la evolución?

R. Nada comparable a nosotros. Esa revolución no hubiera sido posible sin dos cosas. El final de las glaciaciones y, antes de eso, que el Homo sapiens, nosotros, ya habíamos desarrollado grupos étnicos, tribus, con una cohesión muy fuerte que permitieron la organización. Entonces empieza un consumo creciente de recursos y de energía que se acelera y se acelera.

P. ¿Cómo lo paramos ahora?

R. No tenemos ni idea. El que diga que lo sabe, miente como un bellaco. Quemamos más combustible fósil que nunca, y hemos esquilmado la última frontera, los océanos.

P. Aún así, cree o quiere creer que “algo maravilloso va a pasar”.

R. Es obligatorio. Y creo que la inteligencia artificial es nuestra salvación, no nuestra némesis. No le atribuyo ninguna capacidad cognitiva o de razonamiento, porque es informática de ceros y unos, pero hace muchas cuentas. Nos permite gestionar mucho mejor todo, incluidos los recursos naturales. Es una bendición. Nadie echa de menos los buenos tiempos anteriores a la revolución industrial.

P. En su libro dice que o aceptamos a la IA como humana, o redefinimos lo que significa inteligencia. Es lo mismo que pasó cuando descubrimos que los chimpancés usan herramientas.

R. Aceptarla como humana, no, porque no tiene sentimientos. Pero inteligencia siempre ha sido la capacidad de resolver problemas complejos. Cuanto más complejo es el problema, mayor la inteligencia. Así que sí, hay que redefinir la inteligencia, porque según esto un ordenador o una pieza de silicio es más inteligente que nosotros.

P. En su libro habla de una capacidad única nuestra: la autoconciencia, tener una especie de ojo interior con el que analizamos nuestra mente.

R. Hay biólogos que piensan que surge en la evolución por casualidad, como consecuencia de otra cosa, y que no sirve para nada, como tu sombra, que no tiene utilidad. Yo estoy convencido de que es una adaptación. Tiene que valer para algo. Soy darwinista al 100%. La mayor parte de los organismos se explican como adaptaciones. Tiendo a verlas en todo.

P. ¿También en el asesinato, la violación, la corrupción?

R. La corrupción es curiosa. Pensemos en [José Luis] Ábalos. ¿Qué quería? Putas. Sus genes le empujaban a querer reproducirse y dejar muchos Ábalos por el mundo. La corrupción vale para conseguir dinero y, ¿para qué queremos dinero? Para tener poder, estatus, jerarquía; y los machos, mujeres. Es muy paleolítico, muy de chimpancé.

P. Tras años de estudiar la evolución humana, ¿tiene confianza en nuestro futuro como especie?

R. Somos buenos por naturaleza, es innegable. Vamos en el metro con personas que no conocemos de nada y no hay ninguna agresión. Eso es imposible con cualquier otro animal, ni siquiera con las especies más sociales del planeta. Ni con delfines, ni hormigas, que se matarían unas a otras. Lo nuestro de poder vivir en sociedad es un prodigio. Por regla general, somos muy razonables, y eso es también una adaptación.

Ahora bien, somos muy fácilmente manipulables con respecto a los otros, con los otros grupos. Esa es nuestra debilidad. Encima, ahora matamos a distancia, con lo cual todas nuestras inhibiciones biológicas desaparecen. Yo no puedo creer que Donald Trump fuera capaz de matar a 200 niños de un colegio. Ni él ni nadie en su sano juicio. Ahora bien, la bomba cayó por error. Porque a la IA no la habíamos suministrado información. Qué mala suerte.

P. Habla de la obsesión por curar el envejecimiento y convertirnos en una especie multiplanetaria.

R. El envejecimiento no es una enfermedad. Como biólogo, creo que es un conjunto de procesos degenerativos. El argumento que desarrollo viene de una frase que no es mía, sino de un antropólogo evolutivo que dijo: el juego de la vida consiste en transformar proteínas en hijos. Ese es el truco del almendruco. Sobre lo segundo, no hay ninguna razón por la que no podamos ser felices. Que este sea un planeta maravilloso, con una economía sostenible. No podemos irnos a otra galaxia, ni siquiera a otro planeta. La única solución es tomar decisiones globales aquí, en la Tierra. Yo creo que la IA puede ser una herramienta a favor de la humanidad, aunque solo sea para salirnos de lo que dice todo el vocerío. Es lo que perseguían los soñadores de hace décadas. Ansiaban una tecnología al servicio de la humanidad que potenciara nuestras capacidades. Es la realización de eso.

P. Los visionarios pueden ser peligrosos.

R. Todos los soñadores de la historia soñaban con hacer superhombres. Ahora algunos quieren hacerlo por modificación genética. Pero eso será por encima de mi cadáver.

P. ¿No le parece bien?

R. Yo en la carrera estudiaba mejora genética, y se aplicaba a los tomates. Me opongo a la mejora genética del ser humano, porque yo puedo tener un ideal de tomate, pero no de ser humano. Y al que lo tenga hay que encerrarlo. Lo mismo me pasa con mis tres hijos. Tengo tres y los tres son iguales y distintos a la vez. ¿Tú habrías manipulado el genoma de tu hijo, ese que va por ahí corriendo, para que fuera distinto? Si es así, eres un monstruo.

P. Su libro se llama La respuesta, ¿cuál es la pregunta?

R. Es la única que no te puedo responder. Hay que leerlo.

Nuño Domínguez – El País de España

 

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