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Ezequiel Querales Viloria: Trump y su teoría del loco

 

Cual héroe al final de una batalla de última generación sobre un presidente victorioso, la figura de Donald Trump, se erige a lo lejos del Atlántico, sobre el El USS Gerald R. Ford (CVN-78), el portaviones más grande y costoso del mundo, como si avizorara el final de una época y el comienzo de otra.

Desde allí, el polémico mandatario  estadounidense, con los pelos al aire por la fuerte brisa, añora para su alter ego,  la eventual rendición de la Unión Europea,  Rusia, China, Irán, Corea del Norte,  Cuba,  tras su eufórico anuncio al mundo, del Estado No 51 de la Unión Americana.

“Venezuela y los venezolanos me aman”: fue su grito triunfal, al estampar su rúbrica sobre el histórico pergamino, “Incorporation Act”, (Acta Constitutiva),

de “valores, hábitos y aspiraciones de la cultura estadounidense, American way of life, identificado con los principios de la Declaración de Independencia de 1776 (‘vida, libertad y búsqueda de la felicidad, en todos los aspectos, a lo largo de 250 años de historia.

“Allá la gente está muy contenta, están bailando en las calles porque están recibiendo mucho dinero”, añadió, en medio de su desbordada egolatría.

Visto desde la distancia, la escena tiene algo de ficción y de teatro del absurdo.  Pero fue el sketch, o dibujo rápido, que nos llegó a  la mente, para describir, las insólitas ocurrencias del impredecible mandatario, con su nueva provocación política.

O como mejor lo define el destacado periodista y dirigente Omar González Moreno: “Trump desató un terremoto político al hablar de Venezuela como el Estado No 51 de la Unión, y sus implicaciones  son gigantescas”.

Y alertó muy seriamente: “No estamos hablando de cualquier país; sino de Venezuela, una nación con las mayores reservas petroleras del planeta y ubicada en el corazón estratégico del continente americano”. (…).

Advirtió además, “que cualquier escenario de esta naturaleza abriría profundos conflictos históricos y constitucionales. Cualquier intento de anexión generaría un debate feroz dentro y fuera del continente”.(dixit: Omar Gonzáles Moreno).

¿O acaso será que el timonel de la Casa Blanca, atrapado en su aluvión de enredos,  busca salirse con la suya, emulando  la Teoría del Loco, que otrora, hiciera famoso al ex mandatario Richard Nixon?

Nada más acertado en estos tiempos, para buscar entender las locuras del mundo, que meterle al loco, lanzar la piedra, esconder la mano, y hacerse el loco.

Según el destacado periodista de la BBC, Allan Little, ”Trump ha aprendido a utilizar su impredicibilidad en la política, convirtiéndola en un activo estratégico y político clave”, Sostiene además, que “ha mostrado, esa imprecisión, uno de los rasgos característicos de la odiada, rebatida y solapada  Teoría del Loco”.

La incisiva y cortante prensa estadounidense, registra para la posteridad, que ya en 1968, Richard Nixon aplicó la controversial doctrina de la impredecibilidad, “igualmente,  en una alocada búsqueda de salidas, para terminar de facto, con la odiosa y terrible guerra de Vietnan.  (…) (Dixit The Washington Post).

En tanto, los llamados científicos de la política, la describen, como el escenario, “en que un líder mundial busca convencer a su adversario de que es temporalmente capaz de cualquier cosa, para lograr concesiones”.

Trump vuelve a insistir con su estrategia de la imprecisión, esta vez, entremezclando lo insólito y absurdo, con la realidad, a ver que resulta de su ocurrencia como loquero mayor del planeta.

Con información de BBC-Mundo y del periodista Omar González Moreno.

ezzevil34@gmail.com

 

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