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ENCOVI 2025: 1.200.000 entre niños y adolescentes están fuera del sistema escolar venezolano

 

Por otro lado, aunque el tramo de 6 a 11 años mostró mayor resiliencia, persiste un estancamiento preocupante en la educación inicial.

Cinco años después del inicio de la crisis sanitaria global, el sistema educativo venezolano muestra señales de un estancamiento crítico que impide el retorno a la normalidad. Según los datos de la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (ENCOVI) 2025, la cobertura educativa total para la población de 3 a 24 años se ubica actualmente en un 63%, una cifra que quedó lejos de los niveles del 70% alcanzados en el período previo a la pandemia.

Esta brecha mantiene a una población estimada de 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes completamente excluidos de las aulas. El informe advierte que las metas de universalización del acceso lucen cada vez más difíciles de cumplir cuando solo faltan cinco años para el vencimiento de la Agenda 2030.

Los grupos más vulnerables ante la exclusión

El retroceso en el acceso a la formación no impactó a todas las edades por igual. El grupo de jóvenes entre 18 y 24 años registra la caída más dramática, un fenómeno vinculado directamente a los efectos acumulados de la crisis económica.

Por otro lado, aunque el tramo de 6 a 11 años mostró mayor resiliencia, persiste un estancamiento preocupante en la educación inicial.

Geográficamente, la pérdida de oportunidades se intensificó en todo el país; incluso Caracas perdió su posición privilegiada, registrando niveles de cobertura similares a los de zonas rurales al no poder garantizar educación a más de la mitad de su población joven.

Causas del abandono y desigualdades sociales

Las razones detrás de la desescolarización varían según la etapa de vida. Para los adolescentes de 12 a 17 años, los motivos principales radican en la falta de interés o la percepción de que ya terminaron sus estudios.

Sin embargo, para el grupo de 18 a 24 años, la necesidad de insertarse en el mercado laboral constituye el factor determinante, seguido por responsabilidades de maternidad o cuidado del hogar en las mujeres.

Además, la desigualdad social se profundizó: mientras el sector más favorecido muestra signos de recuperación, la brecha respecto a los sectores más pobres se amplía, evidenciando que el entorno económico del hogar define quién estudia y quién no.

El colapso de la educación privada y el refugio en lo público

El empobrecimiento generalizado de las familias forzó una migración masiva hacia el sector público. El informe revela que muchas familias buscaron cupos en el Estado al no poder asumir los costos de las instituciones privadas.

Actualmente, el 87% de los estudiantes depende del sistema público, ya que la leve mejoría económica de algunos sectores resultó insuficiente para retomar la educación privada.

Esta presión sobre el sistema estatal ocurre en un contexto donde el 44% de los alumnos asiste de forma irregular debido a fallas en servicios básicos como agua y luz, o por la inasistencia del personal docente.

El rezago escolar: la antesala de la salida definitiva

Finalmente, la ENCOVI 2025 alerta sobre el preocupante aumento del rezago escolar, que se triplicó desde el inicio de la crisis en 2017. Solo dos de cada tres niños entre 7 y 11 años lograron mantener su trayectoria educativa sin interrupciones.

Este retraso académico, especialmente severo entre los varones, suele ser el paso previo a la exclusión definitiva. La recuperación del sistema dependerá no solo de la economía, sino de una mejora real en la oferta educativa y en programas como el de alimentación escolar, que actualmente solo llega de forma diaria a 3 de cada 10 estudiantes.

Alejandra García – El Impulso

 

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