Apreciación Politológica.
Las declaraciones de Donald Trump sobre convertir a Venezuela en el “estado número 51” de EE.UU. tuvieron la réplica de Delcy Rodríguez desde la Corte Internacional de Justicia, donde rechazó cualquier anexión como un insulto al orgullo independentista venezolano, en el marco de su participación en la audiencia ante esta instancia, en ocasión del reclamo que históricamente mantiene Venezuela sobre el territorio de la Guayana Esequibo.
Los intereses petroleros en la zona en reclamación del Esequibo contextualizan esta retórica como una pugna por recursos estratégicos, con la participación en el bloque Stabroek de ExxonMobil con un 45%, liderando operaciones junto a Chevron con 30%, las dos petroleras estadounidenses, y la china CNOOC con 25%, produciendo, aproximadamente, más de 650.000 barriles diarios en 2026. Otras firmas como la francesa TotalEnergies, la qatarí QatarEnergy, Petronas de Malasia y Tullow Oil del Reino Unido, tienen concesiones en bloques adyacentes como Kanuku o Uaru, amplificando la tensión al vincular la “estatidad trumpista” con el control de 11 mil millones de barriles recuperables.
Una hipótesis inquietante surge: ¿podría la Corte CIJ fallar a favor del alegato histórico venezolano sobre el Esequibo, pero condicionado a una cesión de soberanía nacional a EE.UU. como “garantía” de estabilidad? Esto alinearía con precedentes de resoluciones multilaterales que priorizan intereses energéticos sobre autodeterminación, beneficiando a ExxonMobil y Chevron mientras Venezuela “recupera” territorio a costa de su independencia, un trueque geopolítico disfrazado de justicia.
Politólogo


