Cuando Mambrú regresó de aquella guerra de puros comandantes; de muertos, torturados, escondidos, perdidos, atolondrados y, en general, mucho envainado, Tetelo, quien le acompañó en las buenas y en las malas, habiendo habido más de las segundas, menos indiscreto, poco osado, pero con mejor olfato, enrumbó su larga carrera de analfabeta de pura cepa, no de aquella morisqueta llamada funcional, por los caminos de la lucha sindical y el liderazgo político.
– “Como dijo Rosa Luxemburgo, la tenaz renovadora del pensamiento obrero, lo que no cabe en una mara grande cabe en dos chiquitas.”
Así habló Tetelo, por vez primera, a una asamblea de trabajadores, atribuyéndole aquel refrán a la dirigente marxista judeo-polaca. Porque Tetelo, fue uno de esos clásicos marxistas de oído, de quienes habló José Ignacio Cabrujas. Esos que ni siquiera leyeron aquellos manuales “marxistas”, antimarxistas, llegados a nosotros, desde la Unión Soviética.
Con aquella inusitada frase, mezcla de algo escuchado a un revolucionario de universidad, con un viejo refrán usado con obstinada frecuencia por margariteños, enganchados en las compañías petroleras, de aquellos que trabajaron con su padre y todos los viernes iban a su casa a hacer sancochos y tomar cervezas, Tetelo hizo su entrada en el escenario de sus luchas posteriores. La “artimaña de Tetelo, fue sacar, usar el nombre de aquel personaje femenino, que oyó en boca de alguien a quien mucho admiraba, su comandante ya en los tiempos del reposo, para impactar a sus oyentes, los mismos que aspiraba a liderar.
Nombrar a Marx, Engels, Lenin y hasta Trotsky, estaba vedado a los nuevos líderes de la causa popular. Esto se lo caletreó el aspirante a jefe y supo que habían “santos nuevos” que podían hacer milagros. La disolución de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín, el naufragio de lo que llamaron el socialismo real, el estruendoso fracaso de la lucha guerrillera en América latina, hasta llegar a Abimael Guzmán, les obligaba a nuevas búsquedas y figuras como más frescas y lozanas.
Por eso, sin saber a ciencia cierta quién carajo eran Rosa Luxemburgo, Gramsci, el jefecito potencial añadió aquellos nombres, sólo eso, a su escuálido inventario, mencionados por intelectuales a quienes escuchaba sin entender nada de lo que intentaban enseñarle.
Era un momento, aunque él nada sabía de eso, cuando apenas comenzaban a romperse las amarras de los viejos barcos que más tarde se perdieron en el horizonte. Rosa Luxemburgo, con su pensamiento discrepante del leninismo, el centralismo democrático y, por supuesto, radicalmente distinto del estalinismo, se ofrecía como el clavo caliente de los angustiados náufragos. Allegados de Tetelo, si estudiados, habían sacado sus escritos y los llevaban como escudos y hasta pasaportes.
“Al llegar a la orilla de allá, hacia donde empujan las corrientes de agua y permiten el ahorro de energías, ya veremos en cuál bongo nos embarcamos.”
Unos y otros, entre ellos Tetelo, se decían aquello como para no adelantarse a los hechos, porque en el camino se emparejan las cargas y unos y otros se necesitaban.
Tetelo, oyó una tarde, un nostálgico discurso de alguien venido de una universidad que mencionó a la lideresa y teórica polaca y la propuso como sustituta de los vilipendiados y declarados en cuarentena, como si tuviesen culpa que gente como quien habló, no pudiesen manejar las herramientas teóricas enunciadas no para sustituir lo real sino aprehenderlo.
A Tetelo, aquella frase suya inventada para dársela de culto y “teórico”, le ayudó a levantar un prestigio, hasta ese momento apuntalado sólo sobre la base de su gritonearía, promotor de huelgas estudiantiles por sólo suspender las clases, tiradera de piedras y permanente disposición a no estar de acuerdo con nada y si con todo.
Y levantó su autoestima. Tetelo fue a una escuela nocturna y estudió unos pocos grados, pero más empeño puso en aprobar completicos los cursos fonográficos de ACUDE.
La original cultura de Tetelo, estructurada por frases como lingotes de acero, destinadas a derrumbar murallas antiguas y construir nuevas, desapareció por la sutileza de aquel novedoso aprendizaje y las influencias de las nuevas compañías.
Tetelo comenzó por no decir más aquellas frases lapidarias; optó por hablar de ecología y siembra de cachamas; de un pensamiento nuevo sin corbata, pero aspirante al verdadero poder, mejores y más provechosas relaciones.
Aprendió con rapidez que más ventajoso, menos riesgoso que acomodar el mundo, es acomodarse lo mejor posible a él.
“Todo está hecho y como debe ser”, dice su nueva carta de presentación. Por eso, dobló su pequeño cuerpo cuanto pudo y se ovilló muellemente en el espacio que, sin sutileza, le asignaron. Sus movimientos se acortaron, siendo ovillo no rodaba; comenzó a disfrutar ese, su espacio pequeño y su inmovilidad; un buen día se quedó dormido.
Pero no vayan a creer que se entregó totalmente a cambio de nada. Su vida de durmiente, es ostentosa. A veces despierta y, su verbo ordinario, estalla en favor de quienes antes combatió.

