Mañana 31 de mayo es un día importante para Colombia y también lo es para Venezuela toda vez que existen mil razones para que nuestros destinos estén entrelazados.
Así pues en la noche del domingo y en los noticieros del lunes se dará cuenta de la resolución que haya tomado el pueblo colombiano reconociendo -como en efecto reconocemos- que el evento promete ser democrático y protegido por todas las garantías que deben rodear a una elección libre. ¡Qué envidia ! Pensar que durante medio siglo ese “lujo” era moneda corriente en nuestra Venezuela.
Siendo hoy el día anterior nuestro comentario se sustenta en la observación directa y en las encuestas que con bastante coincidencia parecen ubicar al momento a Iván Cepeda del Pacto Histórico como quien recibirá el mayor número de votos seguido de cerca por Abelardo de la Espriella del Partido Salvación Nacional o Paloma Valencia del Centro Democrático, quienes se repartirán los votos del centro y de la derecha.
La legislación colombiana dispone que si nadie consigue al menos 50% de los sufragios haya una segunda vuelta que sería el 21 de junio entre Cepeda y quien haya quedado de segundo que parece será de la Espriella.
Para la segunda vuelta la aritmética sugiere que pudiera ser posible que no sea Cepeda el electo definitivo sino alguno de sus dos rivales. Así ocurrió en 2022 cuando Petro en primera vuelta consiguió apenas 40% de los votos frente a Rodolfo Hernández con 28,15
Igual había ocurrido en 2018 entre Iván Duque que logró acumular 39% frente a Gustavo Petro, que en esa oportunidad obtuvo 21%, lo cual dio a Colombia un respiro adicional de cuatro años antes del triunfo incuestionable de Petro en la segunda vuelta de su segundo intento.
Las anteriores cifras permiten suponer que en una segunda vuelta la derecha y centro derecha unidas para la ocasión puedan también dar el triunfo a alguno de sus candidatos. Al momento luciría que Abelardo de la Espriella tiene mayores posibilidades de ser el oponente de Cepeda. Afortunadamente en las elecciones legislativas del pasado 8 de marzo de este año la izquierda consiguió el mayor número de senadores (25), pero aún así no podrá dominar ese cuerpo donde los más moderados acumulan casi el doble. Esa composición plural ha permitido el control del Ejecutivo muy distinto al caso de Venezuela donde la Asamblea Nacional es apenas un apéndice de Miraflores.
Lo que sí es decepcionante, pero no sorprendente, es que más de una tercera parte del electorado incline su preferencia por el candidato cuasi comunista Cepeda, cuyas credenciales más las propuestas actuales y posibles casi que garantizan un rumbo calcado del de Venezuela cuando en 1998 Chávez obtuvo 56,4% de los votos arropado por el desencanto generalizado del electorado, el hartazgo con la política tradicional (pero democrática) y la falsa esperanza de un gobierno con rasgo autoritario presidido nada menos que por un militar golpista aunque todavía no entregado al castro-comunismo.
No es necesario escarbar mucho para concluir que tanto en Colombia como en Venezuela la inclinación por el populismo de izquierda se nutre de la gran desigualdad social, la falta de oportunidades, la persistente pobreza y exclusión que afectan a los sectores indígenas, rurales y mestizos igual en otras partes del continente que muchas veces votan con la ilusión de poder comer decentemente y que se vean realizadas algunas de las promesas que se les hacen. Triste reconocer que “Caja CLAP mata democracia”, pero así ha sido.
Por razones entendibles -pero no compartidas- se puede entender que el sueño de una promesa atractiva pueda despertar más ilusión que volver a lo mismo de siempre. Así y todo es triste constatar que, aún con el ejemplo de la vecina Venezuela, grandes sectores populares, casi 40% prefieran cerrar los ojos y no aprender la obvia lección.
Sabemos que la democracia idílica es así pero parece alucinante constatar que el refrán popular de “cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo” poco se tiene en cuenta.
Esperamos y confiamos en que los resultados de mañana se ajusten a lo que predicen las encuestas y en virtud de ello sea la segunda vuelta la que decida el destino final.
Colombia y Venezuela necesitamos hoy con urgencia un amplio entendimiento. Colombia ha sido el país más generoso con nuestra diáspora que ha llegado a exceder por largo los 2 millones de compatriotas. Igualmente confiamos y necesitamos que el comercio anual bilateral entre ambos países ,que antaño llegó a superar los 7.000 millones de dólares pueda restablecerse para mutuo beneficio.
Para quienes aún sigan creyendo en el discurso de la izquierda de Petro y sus colegas los invitamos a comparar su situación personal de hoy y la de su país con la de antes.Los invitamos a evaluar la seguridad que consiguió imponer Álvaro Uribe (2002 a 2010) frente al sobresalto que hoy domina la vida social.
Les invitamos a pensar en lo que ocurrió con Pdvsa en Venezuela frente a lo que seguramente irá a ocurrir con la explotación y aprovechamiento del petróleo colombiano por Ecopetrol y ojalá no se dejen engañar por los cantos de sirena cuyas estrofas ya han demostrado cuál es el destino práctico al final.
Una nota final de contenido venezolano. Aplaudimos la exitosa visita de María Corina Machado a Panamá donde igual que en Europa se pudo comprobar su liderazgo .Sin embargo, este veterano y escéptico columnista no puede dejar de expresar la escasa credibilidad que rodea a varios de los asistentes a la reunión con la dirigencia de la Plataforma Democrática.
Entendemos que la ¨estadista¨ María Corina Machado requiere exhibir amplitud e inclusión política, pero ,en nuestra opinión, anticipamos que algunos o varios de los asistentes a la histórica reunión mañana se convertirán en obstáculos para las elecciones y la reinstitucionalización de Venezuela.
María Corina y su liderazgo representan 90% de la oposición y como tal es natural que sienta el deber de informar a sus aliados. De la misma manera creemos que salvo eso tiene poco que coordinar y mucho menos s upeditar, ante quienes juntos no representan ni el 10% restante.
Pido disculpas por la franqueza. El umbral de la octava década de vida nos ha hecho aterrizar nuevamente en la realidad.

