Charlatanes y pescadores en río revuelto abundan, cuando del tema laboral se trata en estos momentos. Pareciera haber una matriz orientada a crear las más falsas expectativas posibles. No me vengan a decir de la defensa de los derechos laborales. Hemos conocido de eso en todos estos negativos años para el trabajo, el trabajador y sus familias en nuestro país.
No es verdad que de golpe y porrazo van a crear -porque no existe- un salario mínimo acorde a la canasta alimentaria ni básica. No es verdad. Griten y lloren. No es verdad. La ruina del país ha sido profunda: la corrupción, la disposición del dinero donde no es urgente o siquiera necesario, para ganar coimas y el abuso de controlar con hambre han sido el pan de cada día. Por allí está la emigración forzada, por el hambre que es también persecución política en este caso. Sin disimulo. ¿Lo van a cambiar en tres o cuatro meses? No es verdad.
En ese panorama, la respuesta política a las legítimas demandas de los trabajadores -sustentadas en Constitución, leyes y derechos humanos es la cómica de la Constituyente laboral avanzada. ¿Quiere doña Delcy contentar con eso a los radicales de su partido haciendo carantoñas con el extinto madurismo? No lo sé. Lo cierto es que no parece, no lo es, el camino hacia la reconciliación, la paz laboral ni del país, el entendimiento, el diálogo, la apertura, en fin, no parece, no lo es, el camino que dirija a la transición que pudiera verse frustrada. ¿Por qué no?
Preguntar en una encuesta a los trabajadores si la están pasando mal con un salario mínimo -inexistente, insisto- de 130 bolívares, es el extremo de la ridiculez. La cómica mayor la constituye pretender que cientos de supuestos trabajadores y sus representantes también supuestos, sesgados, oficialistas, pueden ofrecer, como focas aplaudidoras, propuestas que puedan ser discutidas. El diálogo ocurre entre por lo menos dos factores, dos elementos. Ese monólogo no se lo cala nadie. Es más de la imposición simulada, como la del hambre. Esa Constituyente buscará transformar Constitución y leyes e imponer criterios laborales sobre o, por debajo, más bien, de lo establecido en el papel e ignorando en la realidad. Defenestra: sindicatos, gremios, liderazgos tradicionales conocedores de la problemática; defenestra también el trabajo de la OIT en Venezuela. Es, en fin, una cómica, gigantesca, monumental.
La Venezuela laboral quiere diálogo sí, pero más que ello, efectividad, claridad y transparencia. Falta un estadista de verdad que reúna a los trabajadores y le diga las verdades, las informe sin miedo, al país trabajador. Esto no se va a resolver a favor de quien trabaja entre gallos y medianoche o madrugada. Pero queremos conocer un plan económico general, que hable de la posible recuperación más inmediata de las empresas públicas y privadas, el plan de ahorro en la administración pública, de saneamiento, el plan laboral en toda su dimensión: ¿En cuántos años vamos a recuperar el valor del trabajo? Tirar incrementos de bonos, engañar o esconder, sin un diseño y sin claridad y transparencia es muy mal augurio para una transición en lo laboral. Como mal augurio es haber colocado en la cómica laboral a Eduardo Piñate, tan despreciado por los trabajadores venezolanos y los mismos empresarios.
Si Trump y Marco Rubio pensaban una transición de entendimiento, o un encaminar la transición con diálogo, calma, moderación y tranquilidad, estos hechos, anuncios y escondrijos, son todo lo contrario a ello. Cambiar el rumbo de inmediato es lo conducente. No pinta bien el Primero de Mayo. No pinta bien el camino laboral. No pinta bien, así, el camino hacia la transición y la paz democrática. Giro o pérdida, extravío. Ya pusieron la cómica. Recompongan desde el poder. Los trabajadores, jubilados y pensionados con las familias estamos hartos ya de todo esto. Se puede revertir el camino de la transición, cosa que nadie quiere. ¿Verdad?
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