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Pedro Benítez: En Cuba desaparecieron los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)

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Desde La Habana la periodista y directora del diario 14ymedio, Yoani Sánchez, reporta la muerte de los tristemente célebres Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la más extendida estructura de control y vigilancia social creada en el hemisferio occidental.

Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) han muerto aunque ningún medio oficial #cubano lo ha anunciado. Frente a la sede nacional de esta organización parapolicial, en La Habana, comento su defunción. Yoani Sánchez (@yoanisanchez) April 7, 2026.

Aunque obviamente la disidente cubana exagera en la rotundidad de su afirmación, todo indica que su reporte del tema está bastante cerca de la realidad que por estos días se vive en la Isla.

Concebidas por Fidel Castro como un escudo político e ideológico, los “ojos y oídos de la Revolución”, los CDR fueron creados el 28 de septiembre de 1960 en respuesta a lo que él denominó como actividades contrarrevolucionarias. Ese día proclamó que serían “un sistema colectivo de vigilancia revolucionaria (…) para que todos sepan quién vive en cada cuadra, qué hacen en cada cuadra, qué relaciones han tenido con la tiranía, en qué actividades participan y con quién se reúnen”.

Ese fue un momento clave en la consolidación de su régimen. Castro explotó hábilmente algo típico de ese tipo de procesos: la creciente desconfianza colectiva, incluso paranoia, hacia los enemigos internos y externos, reales o supuestos, del nuevo orden. Eso incluyó la purga de comandantes que habían protagonizado la lucha contra Fulgencio Batista, pero que luego cuestionaron la deriva procomunista del proceso, como Huber Matos, Eloy Gutiérrez Menoyo y William Morgan.

Eran los primeros meses en los cuales la revolución se sumergía en su fase de radicalización, en medio de un ambiente de zozobra, y actos de sabotaje atribuidos siempre a Estados Unidos, como la explosión del carguero francés La Coubre, ocurrida el 4 de marzo de ese mismo año.

Desde entonces los CDR actuaron como una red de vigilancia vecinal para defender el gobierno socialista, además de movilizar a la población en campañas de salud, donaciones de sangre, limpieza y apoyo comunitario. También desempeñaron un papel en las campañas nacionales de alfabetización y vacunación, movilizaron a la gente para manifestaciones en apoyo al régimen como en el caso de Elián Goznalez o durante el éxodo de Mariel de 1980, y, además, han participado en los planes de evacuación antes de cada temporada de huracanes.

No obstante, su objetivo fundamental siempre ha consistido en prevenir actividades contrarias al sistema político, creando un auténtico ambiente de desconfianza “orwealiano” entre vecinos y las propias familias, donde todo el mundo vigila (o vigilaba) a todo el mundo). Según el gobierno, 8,4 millones de los 11,2 millones cubanos estaban registrados como miembros de los CDR en 2010.

Organizados verticalmente por cada barrio, calle, manzana o sector de todo el país, cada comité contaba con responsables de vigilancia, ideología y comunidad, encargados de recopilar información y escribir anotaciones sobre los vecinos, monitoreando con qué frecuencia alguien los visitaba en sus casas y cuántas personas eran; el monitoreo diario incluía paradero, historial familiar y laboral, cuántos paquetes podían estar recibiendo o haciendo cumplir los toques de queda. Dicha información es (o era) suministrada a la policía local y al Partido Comunista (PCC), a una escala mucho mayor (proporcionalmente) y en un estilo más abierto que, por ejemplo, la red de informantes que existió en la extinta Alemania Oriental hasta 1989.

Oficialmente se les considera la máxima expresión del poder popular. Si al lector venezolano esta última expresión le suena familiar, no es por casualidad.

Las organizaciones de derechos humanos en Cuba siempre han denunciado a los CDR de estar detrás de los llamados actos de repudio, en los cuales las masas leales al castrismo han insultado, intimidado y, en ocasiones, agredido físicamente, arrojando piedras y otros objetos, a los hogares de cubanos considerados contrarrevolucionarios. Una manera perversamente hábil de hacer a buena parte de la población civil cómplice de la represión.

En los años sesenta y setenta, estos comités participaron en la identificación de homosexuales y grupos religiosos como Testigos de Jehová, quienes fueron enviados a Unidades Militares de Ayuda a la Producción, campos de trabajo diseñados para albergar a personas “antisociales”.

Durante el éxodo de Mariel, el gobierno cubano ordenó actos de repudio contra quienes deseaban emigrar.

En esa ocasión las turbas atacaron a los considerados desleales, golpeándolos u obligándolos a marchar con un cartel acusatorio colgado al cuello, copiando el estilo aplicado en China durante la época maoísta. Estos ataques contribuyeron a consolidar la imagen de que quienes partían en la emigración eran los indeseables de la isla. El Ministerio de Justicia llegó a organizar palizas públicas y se consideró obligatorio que los funcionarios participaran.

En 2006, Castro se refirió a los ataques contra los disidentes afirmando: “Y esto es lo que sucederá cuando los traidores y mercenarios sobrepasen un milímetro el límite que nuestro pueblo revolucionario… Esté dispuesto a aceptar”.

Las Damas de Blanco han sido frecuentemente acosadas durante sus marchas semanales, y tras las protestas del 11 de julio de 2021, se llevaron a cabo actos de repudio contra las familias de los manifestantes detenidos.

El castrismo se ha permitido exportar una versión de ese método de intimidación política, organizando este tipo de manifestaciones contra críticos del régimen en la ciudad de Nueva York o alguna capital de Europa Occidental, lugares donde nunca le han faltado partidarios.

Los CDR le otorgaron al régimen cubano su característico estilo de “dictadura popular”, debido a la movilización masiva de ciudadanos mediante los cuales se lograba reprimir la libertad de expresión y mantener un cierto apoyo social, sin necesidad de recurrir directamente al Ejército o la Policía en las tareas de represión inmediata, en una sociedad en la cual prácticamente todos los espacios de expresión pública han sido monitoreados por funcionarios gubernamentales.

Sin embargo, la percepción de que los CDR “han muerto” es un sentimiento común que refleja el estado actual de la organización, debido a la falta de participación y la profunda crisis económica que impide sus actividades tradicionales.

Aunque el gobierno sigue presentándolos como un “pilar de la Revolución”, críticos y usuarios en redes sociales señalan que ya no logran la convocaría de otras épocas, limitándose en muchos casos a una estructura formal sin vida comunitaria real.

En particular desde las protestas de julio de 2021, la escasez de alimentos y los frecuentes apagones han sustituido el ambiente de antaño por un sentimiento de apatía o rechazo hacia las tareas de vigilancia y movilización política. Siguen existiendo formalmente, pero su función política es mucho más limitada, con participación irregular o simbólica en muchos barrios. Muchos comités existen solo en papel debido al envejecimiento de sus miembros y a la emigración masiva de los jóvenes.

Todo indica que hay una nueva generación de cubanos que no siente apego alguno por la épica política en la cual fueron formados sus abuelos y padres; aunque precariamente, están conectados al resto del mundo mediante las redes sociales, y cuestionan abiertamente el cinismo imperante en la élite del país.

A todo esto, hay que agregar el contexto inmediato. En medio de la presión de la administración Trump se anunció la liberación de 2.010 presos en el marco de la Semana Santa. Y aunque activistas y fuentes señalan que, hasta ahora, en el grupo de liberados la mayoría son presos comunes con buena conducta y no políticos, el gobierno cubano intenta exhibir por estos días una imagen menos represiva. De modo que bien sea por la coyuntura, bien sea por el proceso de cambio que opera dentro de la sociedad cubana, uno de los otrora pilares del sistema se encuentra en terapia intensiva. Como el sistema mismo.

@Pedrobenitezf

 

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