La crisis política e institucional que se ha desarrollado en Venezuela durante las últimas tres décadas ha derivado en un inédito proceso de tutelaje, promovido por el actual gobierno de los Estados Unidos, con el propósito de lograr la estabilización del país, su recuperación y, como objetivo final, una transición hacia un proceso electoral supervisado que garantice el retorno a un gobierno democrático y estable.
Para comprender mejor los orígenes de este proceso y las circunstancias que lo han generado, así como para impulsar con visión de futuro la fase de transición planteada, resulta fundamental analizar el entorno global y geopolítico que está condicionando la realidad venezolana. Dicho contexto debe ser evaluado con precisión para orientar acciones efectivas que garanticen la libertad y un desarrollo democrático próspero.
La sociedad contemporánea experimenta un ritmo acelerado de transformaciones que está dando lugar a una nueva configuración económica: la cibereconomía. Esta ya no se sustenta en la explotación tradicional de recursos naturales, sino en el aprovechamiento del conocimiento, la innovación científica y el desarrollo tecnológico, incorporando el comercio digital y el trabajo virtual, apoyados en avances como la nanomecánica, la robótica y la cibernética. Se trata de una transformación de época que apunta hacia la consolidación de una sociedad cuántica, en la cual el conocimiento y la conciencia adquieren un papel central por encima de la materia. En este contexto emerge el metaverso como una posible evolución del internet: un espacio virtual tridimensional que permitirá la interconexión de los individuos en múltiples dimensiones de su vida.
Estos cambios están influyendo de manera determinante en la conducta individual y en el comportamiento social, así como en las formas de hacer política y de gestionar el gobierno.
En consecuencia, se hace necesaria la emergencia de un nuevo liderazgo, sustentado en sólidos principios y valores, junto con el fortalecimiento de la sociedad civil en defensa de la libertad y la democracia frente a diversas amenazas ideológicas y geopolíticas, como el neomarxismo, el Globalismo y el terrorismo islamico que ponen en riesgo valores de la cultura occidental judeocristiana que son soportes de la libertad y la democracia.
En el caso venezolano, resulta igualmente relevante considerar la nueva visión global de los Estados Unidos, expuesta en febrero pasado por el Secretario de Estado, Marco Rubio, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich. En dicho foro se planteó la configuración de un sistema internacional caracterizado por la interacción entre grandes potencias que negocian en función de intereses más que de normas universales, bajo un enfoque de nacionalismo estratégico, alianzas condicionales, mayor énfasis en el poder militar y menor confianza en las instituciones multilaterales.
Esta visión redefine el orden internacional, alejándose de la globalización idealista para priorizar el interés nacional y la disuasión como mecanismo fundamental para la preservación de la paz. Asimismo, plantea una nueva etapa de competencia entre grandes potencias, con menor peso de las organizaciones internacionales y mayor protagonismo de las relaciones de poder. En este marco geopolítico, el gobierno estadounidense concibe una amplia zona de influencia estratégica que abarca desde Canadá hasta Ecuador, lo que explica su marcado interés en incidir en la resolución de la crisis venezolana.
Este interés está vinculado, entre otros factores, al potencial energético del país, especialmente en el ámbito petrolero y a su ubicación geoestratégica, lo cual refuerza la necesidad de comprender, sin complejos chauvinistas, la estrecha relación entre el futuro de Venezuela y las dinámicas impuestas por el entorno internacional.
Como corolario, el desafío venezolano no puede resolverse únicamente mediante un cambio político formal, sino que exige una transformación estructural del modelo de desarrollo. Resulta imprescindible superar definitivamente el rentismo petrolero y entender que el recurso fundamental del país es el venezolano bien formado y motivado para impulsar una economía diversificada, competitiva, basada en el conocimiento y capaz de insertarse de manera efectiva en la economía global contemporánea. Ello demanda una nueva concepción de la política, sustentada en liderazgos éticos, competentes y comprometidos con el interés nacional, así como en la reconstrucción del tejido institucional.
En este contexto, adquiere especial relevancia la construcción de un gran pacto de capital social que articule a la sociedad civil, el sector privado y el Estado, orientado a fortalecer la confianza, la cooperación y la participación ciudadana. Solo sobre estas bases será posible consolidar una democracia de ciudadanos estables, modernos y prósperos, capaces de responder a las exigencias del nuevo orden global y de garantizar, de manera sostenible y autónoma la libertad y el desarrollo compartido.-
Ex Rector de la Universidad Metropolitana de Caracas.

