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Tulio Ramírez: Ausencia

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“Ausencia” es una palabra clave en el despecho latinoamericano. El poeta y compositor puertorriqueño Rafael Hernández, escribió un bolero con ese mismo título. El “Jibarito”, inspirado por los sentimientos más sublimes, explora el dolor persistente del que “si está” provocado por “quien no está”.

Daniel Santos, otro boricua universal, con su interpretación inmortalizó esa letra que, todavía después de tantos años, sigue aguando los ojos de todo aquél que fue dejado en medio de la calle por la mujer amada.

Recuerdo que una vez pillé al compadre Güicho tarareando ese bolero en el Botiquín El Lebranche Borracho de calle Independencia, allá en Carúpano. Medio zarataco, despechado (Camucha se le había ido a Cumaná debido a sus sinvergüencerías), y desafinado, cantaba, “Cuaaaando se apartan dos corazoones. Cuando se dice adiooós para olvidar. Dice la ausencia, te llevo conmigo, para que olvides, para queeee no sufras maaaás”.

En la misma tradición Héctor Lavoe popularizó otro tema donde la “Ausencia” y sus secuelas fueron descritas en tono de salsa urbana. “No importa tu ausencia, te sigo esperando. El diiiía en que tú te fuiste, triste me quedé lloraando. Ay regresa te lo pido. Que, por tu amor, te juro mamita, me estoy mataaaando”.

Imagino al Yohandrik cantándole esta canción en la pata de la oreja a la Yuleyci, en un intento de reconquistarla, luego de ella enterarse que su novio le estaba echando los perros a la Mileidys, la nueva del sector La Vereda. El chisme le llegó en tiempo real porque en los Barrios corren más rápido que el internet de fibra óptica.

También se le ha cantado a la Ausencia producida por la muerte de un ser querido.  “Amor Eterno” de Juan Gabriel o “Por qué se fue” de los 007, expresan a viva voz la tristeza por la pérdida inevitable e irreparable.

En Venezuela, últimamente algunas instituciones y voceros se han convertido en expertos en definir las Ausencias. Por ejemplo, mientras la Constitución habla de “Ausencia Temporal” y “Ausencia Absoluta” para describir las situaciones en la que se activan los mecanismos para cubrir la vacante del presidente. Algunos “constitucionalistas” han creado términos como el de “Ausencia Forzada” para evadir la implementación de tales mecanismos.

Cómo no soy menos que nadie, trataré de aportar una “clasificación” para distinguir los diferentes tipos de Ausencias. Además de las tradicionales, la Temporal y la Absoluta, así como la recién creada “Forzosa”, podríamos distinguir otras, como las ausencias espirituales, anímicas y hasta cognitivas.

A diferencia de las Ausencias por no presencia, esta clasificación alude a Ausencias paradójicamente Presenciales. En estos casos es mejor que no estén porque, como verán, estando estorban.

Las Ausencias Espirituales son aquellas en las que priva el desamor. Es decir, estás, pero sin ánimo y sin convencimiento de que debes estar. Es como cuando te ponen a cuidar carne siendo vegetariano o te dan un ministerio sin presupuesto.

La Ausencia Anímica es muy parecida a la anterior pero no se deben confundir. Es lo que llaman popularmente “matrimonio obligado”. Haces las veces, pero con desgano evidente. No hay entusiasmo ni diligencia, sino mero trámite. Es como aquel funcionario que engaveta la denuncia el Habeas Corpus o una denuncia por matraqueo policial.

La Ausencia Cognitiva es la que se desarrolla cuando quien estando presente finge demencia y no da respuesta a su interlocutor. Siempre alega desconocimiento de lo que se le habla. Es como aquel funcionario que, ante cualquier pregunta de algún ciudadano, lo remite a la página WEB del ministerio “porque allí está toda la información”.

Este tipo de Ausencias no generan nostalgia alguna. Pero los sentimientos generados por la Ausencia entendida como no presencia física, son muy personales y hasta variados. Hay quienes con nostalgia cantan aquel tema de de Marco Antonio Solís que dice en uno de sus pasajes, “No hay nada más difícil que vivir sin ti, sufriendo en la espera de verte llegar”.

Pero hay otros que, con alegría, prefieren cantar aquella guaracha que popularizara Tito Rodríguez, que comienza con “el que se fue no hace falta, hace falta el que vendrá”. Mejor no sigo.+

 

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