La pobreza en Venezuela se erige frente nosotros como el monstruo devorador de la posibilidad de enfrentar y resolver los ingentes problemas que definen la vida de la mayoría de la población hoy y mañana.
En estos momentos y como saldo del chavismo-madurismo, la pobreza envuelve a la mayoría de los venezolanos. Todas las cifras hablan de 80% de la población sumida en el caos que significa la imposibilidad de cubrir los requerimientos alimentarios, crisis de servicios básicos como acceso al agua potable, caídas y fallas de electricidad, todo en medio de la inseguridad que domina la mayor parte del territorio donde habitan la mayoría de las familias venezolanas.
Pobreza en Venezuela (proyecciones 2025-2026):
*Pobreza multidimensional: informes recientes de Encovi indicaron que más de la mitad de los hogares venezolanos se mantiene en pobreza multidimensional (que mide educación, vivienda, servicios y empleo).
*Desigualdad extrema: Venezuela se mantiene como uno de los países más desiguales de América Latina, con un aumento en la brecha entre 10% más pobre (con ingresos promedio de $12,50 mensuales) y 10% más rico (con promedios de $633,72).
*Desigualdad de ingresos: el índice de Gini mostró un aumento, indicando una mayor concentración de riqueza y una brecha creciente entre ricos y pobres.
*Pobreza en adultos mayores: aproximadamente un tercio de los adultos mayores en Venezuela vive en situación de pobreza extrema.
*Hogares dirigidos por mujeres solas: la pobreza afecta de manera desproporcionada a los hogares encabezados por mujeres, con altos niveles de precariedad laboral.
La situación se agrava por el desmantelamiento institucional ocurrido en las últimas décadas en las organizaciones dedicadas a la atención de población de menores recursos o en estado declarado de pobreza, aunado a la ineficacia y falta de impacto de los diversos programas definidos para enfrentar la pobreza.
Al eliminar todas las acciones populistas creadas en los últimos años con el objetivo de paliar la pobreza y asegurar un acceso mínimo a los alimentos (entre ellas las bolsas Clap), la gran mayoría de nuestra población, calculada en más de 80%, entra en una fase de hambruna y desnutrición que afecta sobre todo a la población infantil y juvenil en pleno proceso de desarrollo de sus potencialidades físicas.
En estos momentos no existe una red institucional que permita desarrollar programas de enfrentamiento a la pobreza, dada la desestructuración de las instituciones que tradicionalmente atendían los problemas sociales de mayor urgencia. La crisis en Venezuela hace referencia a un profundo caos político y social desarrollado durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Esta etapa ha sido marcada por una fuerte hiperinflación, aumento importante de la pobreza, reaparición de enfermedades erradicadas, auge de la delincuencia, incremento de la mortalidad infantil, desnutrición severa y violaciones a los Derechos Humanos, trayendo como resultado una ola de emigración masiva del país.
La situación es de lejos la peor crisis económica en la historia de Venezuela y en el mundo, la más grave desde mediados del siglo XX de un país que no está experimentando una guerra, mucho más espinosa que la Gran Depresión en los Estados Unidos, peor que la crisis económica de 1985-1994 de Brasil o que la crisis hiperinflacionaria en Zimbabue de 2000.
La situación es tan grave que requiere respuestas inmediatas, torna imprescindible definir programas e instituciones cuya responsabilidad inmediata sea el enfrentamiento de la pobreza, una acción que debe ser acompañada por programas de alimentación escolar y atención inmediata a la desnutrición que afecta a 33% de nuestra población infantil.
La encuesta Encovi deja ver que 3,9 millones de niños y jóvenes están fuera del sistema escolar (34%), situación que contribuye a perpetuar la exclusión.
Entre las evidencias que lo confirman está el señalamiento de 72,4% de los hogares pobres con un rezago escolar severo entre niños y adolescentes de 8 a 17 años de edad, 65,5% observan una escolaridad inferior a los 11 años y en 69,7% de esos hogares los adolescentes de 15 a 24 años no asisten a clases.
Las respuestas a la emergencia de la pobreza incluyen transferencias directas de efectivo, distribución de alimentos, refugio y programas de empleo rápido para garantizar la supervivencia y dignidad humana. A nivel estructural, se prioriza la protección social, la educación, el acceso a agua potable y la reconstrucción económica de los hogares para prevenir futuras crisis.
Acciones inmediatas de emergencia (corto plazo):
*Asistencia en efectivo y bancaria: transferencias directas (frecuentemente vía móvil) permiten a las familias decidir sus necesidades prioritarias.
*Ayuda alimentaria y nutrición: operación de bancos de alimentos, despensas móviles y programas de alimentación escolar para combatir el hambre aguda.
*Refugio y Vivienda: programas de emergencia para personas sin hogar o desplazados, incluyendo apoyo para el alquiler.
*Salud y bienestar: atención psicológica, servicios de salud primaria y acceso a agua potable.
Respuestas de estabilización (mediano/largo plazo):
*Programas de inclusión económica: fomento de capacitación laboral, microcréditos y creación de microempresas para promover la autosuficiencia.
*Protección social: expansión de sistemas de pensiones, subsidios y redes de seguridad.
*Desarrollo comunitario: inversión en infraestructura (escuelas, agua) y agricultura para fomentar la autosuficiencia.
Los enfoques claves proponen erradicar la pobreza extrema con apoyo de la cooperación internacional, políticas nacionales sólidas y atención concentrada en grupos vulnerables, en especial niños, ancianos y personas con discapacidad.
Los venezolanos sabemos que estamos viviendo una difícil etapa de transición, intentando recuperar una democracia que fue abatida durante el último cuarto de siglo, también sabemos que es una tarea harto difícil para los sectores que aspiran conducir el país en los próximos años, sin embargo, hay temas que deben reconsiderarse y priorizarse en los nuevos tiempos, entre ellos el reconocimiento de la existencia de una sociedad y población que aún subsiste en el medio rural, cuya principal actividad económica es la agricultura, la ganadería, la actividad forestal y el desarrollo de una economía piscícola que nos permiten los 2.800 y más de 4.000 kilómetros de costa Caribe, incluyendo la costa continental, islas y archipiélagos. Las estimaciones más comunes suelen situarla alrededor de los 4.006 km o 4.208 km cuando se contabilizan todas sus dependencias federales de costa sobre el mar caribe del cual disponemos.
Las disponibilidades económicas derivadas del petróleo deben ser manejadas con base a criterios que permitan una mayor efectividad en la atención de grandes problemas sociales como el hambre que cubre a 80% de la población y la desnutrición infantil que nos marca como un país fracturado para los próximos tiempos. La diáspora de sectores populares no ha sido más que una desesperada búsqueda de paliativos a la pobreza que enfrentan los hogares que permanecieron en el país, pero no puede ser visto como solución a la pobreza que impera en los sectores populares.
Lo deseable sería que todos aquellos contingentes familiares que han salido a otros países ejerciendo oficios de menor calificación puedan regresar e incorporarse a nuestra sociedad. Para lograrlo es imprescindible que se reconozca, que se admita, que la pobreza constituye uno de nuestros problemas prioritarios y que se actúe en la búsqueda de respuestas posibles a esta grave y profunda crisis que nos afecta como sociedad y que define nuestro posible futuro.

