Irreverente, cortante, el podcast ”Venezuela Libre y de los Venezolanos”, que se viralizó en redes sociales, como un himno de amor y paz, contra la humillante xenofobia latinoamericana, y la vergonzosa indiferencia del mundo.
Al verlo y oírlo, sentimos como un “airecito”, de alivio y de consuelo, por lo que en el fondo nos toca.
Es un testimonio de sobria emotividad, en la que sus talentosos e inspirados productores, captaron desde la distancia, las heridas abiertas en la piel y el alma de millones de migrantes venezolanos, por “la tétrica guillotina” castro-chavo-madurista del siglo XXI.
Razones de sobra, para quienes en medio de una dolida obstinación, no lo pensaran dos veces, y salieran a desafiar al mundo, en busca de libertad, sustento, aprecio, seguridad, para ellos y su familia.
Impresiona, como al instante, los episodios de audio video, transmiten una simbiosis de sentimientos, alegrías, admiración, nostalgias, culpas, penas, temeridad, odio, rencor, en la que se mezclan cronológicamente, ciudades, pueblos y los lugares únicos y más añorados, de nuestra geografía nacional.
Sin poder evitarlo, percibimos que se nos infla el pecho de orgullo y a los más sensibleros, les corren las lágrimas, y la memoria, se abruma de recuerdos.
Sentimos en carne propia, lo que se vive desde la distancia, con nuestros seres queridos, al otro lado del mundo. Y de pronto, quedamos atrapados en un llanto que no llora, y en medio de un torbellino de nostalgias.
Un conjuro de armonía musical, canto rebelde, historia de la patria y de América nos regresa, al pasado de nuestros libertadores, Bolívar, Sucre, Miranda, Páez, Urdaneta, que a nadie negaron la mano de la libertad.
Que además de libertad, sembraron en esas tierras hitos de hermandad, de dignidad, de una esplendorosa elevación del ser y solidaridad humana. Jamás las miserias con que ahora tratan a nuestros compatriotas.
Un válido reclamo, aunque suene cortante, sin contemplaciones. “Para que el mundo lo sepa”.
-¡Que estamos arrechos, por el maltrato canalla, que en sus propios países, reciben millones de connacionales!.
“Nos tratan como basura, nos niegan el pan, se olvidan de Cristo, se olvidan de Adán, nos graban con rabia en sus residenciales como si ellos fueran de sangre reales”(.,,). Es parte del dolido, pero “vergatario” reclamo venezolano.
Y continúa la furia sutil: “Venimos de la tierra del sol, de la tierra que le dio libertad a este continente. Hoy nos humillas, hoy nos tratas como si fuéramos mierda. Pero mírame a los ojos, Venezuela se está levantando y mi orgullo no lo vas a pisar jamás” (…). Tan sentida e insolente esta estrofa, que parece que la coreara todo el país.
De un envión, la genial ocurrencia audiovisual, nos llena de satisfacciones, y aunque suene chocante, de una deuda saldada, pero jamás cicatrizada.
Por un momento sentimos que ese influjo de imágenes, colores, sonidos, palabras altaneras y de compromiso, blandieran las antiguas espadas libertarias, de Ayacucho, Junín, Boyacá, Carabobo, para azotar y poner en sus sitios, a tantos desagradecidos malvados vecinos.
En tanto, desde cada región del país, desde la memoria, desde ese rincón del pecho donde guardamos lo que no termina de cicatrizar, no guardamos absoluto rencor, ni odio, pero cobramos las facturas del desprecio, de la hipocresía y ante todo, de la cínica e ingrata cobardía.
Que el mundo lo sepa. Soy venezolano, ese es mi poderío. ¡Viva Venezuela Carajo! (…)
Nota: No hemos podido identificar a los productores del magnífico video. Lo reproducimos del portal, del tiktokero Agostinho Goncalvez.
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