Amigos lectores:
I. Hasta el momento de leer el ensayo de Federico Vegas, no conocía la conceptualización que guarda la palabra ponerología, que debemos al polaco Andrzej Łobaczewski (1921-2007). Explica: “La palabra ponerología, o “estudio del mal”, proviene del griego poneros (malvado). Ese fue el nombre que Andrzej Łobaczewski eligió para bautizar el estudio de las causas y consecuencias del desarrollo y propagación de la maldad en contextos sociales y políticos. Andrzej nos explica cómo individuos con trastornos de personalidad pueden infiltrarse e influir en las estructuras de poder (supongo que el extremo supremo es Hitler) generando fenómenos como las guerras, la agresión, el genocidio y los estados policiales”. Huelga añadir algo sobre la pertinencia del hallazgo de Federico Vegas. Página 1.
II. Escribe Rafael Tomás Caldera, al inicio de Crisis de pueblo, en la página 2: “Nunca como al presente necesitó nuestro país de una atención mayor en el examen de sus problemas de pueblo, porque nunca como ahora se hizo tan notoria la crisis de los valores sustantivos. Tampoco jamás desde la edad heroica nuestro país se había confrontado con mayor número de problemas a la vez”. Así escribía, con voz de profeta, Mario Briceño-Iragorry en un Mensaje sin destino, dado a la luz hace setenta y cinco años. Ese mensaje ha resonado con fuerza en la conciencia de quienes lo han leído a lo largo de este tiempo y –como vemos– nos llama aún a pensar con hondura en nuestros problemas”.
III. El ensayo de Juan Carlos Pérez Toribio se titula Judith Shklar: el miedo a la crueldad. La película El portero de noche (Liliana Cavani) o las referencias a autores como Zygmunt Bauman o Philip Zimbardo, le sirven para aproximarse a Judith Shklar: “Para Shklar, el mal moral no es un misterio metafísico ni un pecado abstracto, sino un hecho político concreto: el daño que el poder inflige injustamente sobre las personas, especialmente cuando ese daño adopta la forma de la crueldad. Como advertía Lord Acton, el poder tiende a corromper la fibra misma de la relación humana. De ahí que, en la mise en scène de Cavani, el poder actúe sobre los cuerpos, moldeando incluso los deseos y las resistencias hasta producir identidades sometidas”. También en la página 2.
IV. Páginas 3 y 4: El crepúsculo de lo político y la deriva democrática es el ensayo de Carolina Guerrero, que tomamos del volumen La crisis espiritual de la democracia (Editorial Almuraza, España, 2025), prologado por Joseph Halevi Horowicz Weiler. Trae además textos de Paola Bautista de Alemán, Elena Álvarez-Álvarez, Rudy Albino de Assuncao, Cristina Barreiro, Massimo Borghesi, Juan Manuel Burgos, Ignacio Sánche Cámara, Julio Borges Junyent, Francisco Fernández Labatida, José Antonio Marina, Juan Miguel Matheus, Jorge Velarde Rosso, David Walsh y Nikolaus Werz.
V. Carolina Guerrero: “Toda democracia republicana es una democracia moderada, y aspira a evitar las condiciones de dominación derivables de la conducta ilimitada de una mayoría arbitraria. De allí que la restricción impuesta por leyes justas no represente la confiscación de la libertad, sino un elemento esencial de dicha libertad. Pero hoy, alimentada por el vaciamiento del ser y la indiferencia, la democracia, devenida en democracia colectivista, configura una amenaza totalitaria contra la libertad y la dignidad humana”.
VI. María Corina Machado, a contracorriente (Editorial Dahbar, 2026), recién publicado, reúne 13 ensayos o artículos. Una parte, escritos para la publicación, otros que ya habían aparecido en diarios y revistas de Estados Unidos, México y Estados Unidos. Ofrece textos de Rafael Osío Cabrices, Beatriz Becerra, Elías Pino Iturrieta, María del Carmen Míguez, William Neuman, Luis Emilio Bruni, Enrique Krauze, Roberto Saviano, Javier Corrales, Carlos Granés y Alejandro Tarre. Entre los atributos del conjunto, este me pareció destacado: aunque no escapa de las realidades de la coyuntura -María Corina Machado es la figura axial y parteaguas de la política venezolana-, entre el periodismo y el ensayo, el libro se inclina más hacia lo segundo, hacia una valoración histórica de la trayectoria y los dilemas de la dirigente política por más de dos décadas.
VII. En las páginas 5 y 6 viene un fragmento del admirable texto de Rafael Osío Cabrices -tejido que es reportaje, crónica y ensayo a un mismo tiempo-, que arranca con estos dos párrafos:
Tiene que haber producido una forma particular de miedo, sin antecedentes que permitan dibujar desenlaces, sin vías de escape si algo sale mal. Era la madrugada, o la mañana, del 10 de diciembre de 2025, un mes que en la costa venezolana es de grandes cielos de azul crujiente y viento voraz, y el mar entre Venezuela y las Antillas Neerlandesas estaba picado. Las olas aparecían y desaparecían como colmillos de cachalote, ocultando el horizonte, sin dejar de mover la lancha en la que María Corina Machado esperaba que la fueran a buscar.
No era cualquier espera. Por año y medio, Machado solo había visto el exterior para moverse de un escondite a otro. El único día de ese periodo de clandestinidad en que pasó más horas en la calle, el 9 de enero del mismo 2025, fue secuestrada por hombres armados y sin uniforme que la tumbaron de una moto al salir de una manifestación y se la llevaron a un parque en el este de Caracas, donde le hicieron grabar un video en el que decía que estaba bien, antes de dejarla libre para que volviera a esconderse.
VIII. Hoy recordamos a esa magnífica ciudadana que fue Paulina Gamus Gallegos (1937-2025), abogada, política, articulista y servidora pública quien, además fue parlamentaria, ministra de la Cultura y una conversadora de lujos y gracia. Quiero añadir. Gamus fue incansable en su apoyo a proyectos y causas de artistas e intelectuales. En el 2018 publicó Permítanme contarles, vivaz libro de memorias, como es previsible en ella, animoso y franco, de la primera a la última línea. La siempre sorprendente Gamus que cautivaba a la audiencia con su apego a los hechos, es la prosista que recapitula en el libro.
IX. “Mi papá, judío observante, hacía salir con cualquier pretexto a la empleada doméstica antes de rezar sus oraciones del Shabat (sábado) u otras festividades. Yo no estaba en edad de saber, a pesar de la alineación del gobierno del general Isaías Medina Angarita con los países aliados en contra del nazifascismo, que se había girado a todos los consulados de Venezuela en Europa un instructivo que prohibía conceder visas a judíos que penaban por escapar del genocidio. Ese instructivo, casi idéntico en varios países de la América Latina, se mantuvo vigente hasta entrados los años 50. Mi mamá había perdido en el campo de exterminio de Auschwitz a todos sus tíos y primos que vivían en Salónica cuando esa ciudad, la Jerusalén sefardita, fue ocupada por el ejército nazi. Por razones más que lógicas, mi papá sentía pavor de expresarse políticamente”. Páginas 7 y 8.
X. Descripción y recomendaciones, el ensayo de Miguel Ángel Campos con que cierra la edición, está en las páginas 9, 10 y 11. Como buena parte de su obra ensayística de los últimos años, también aquí está presente el pensador que huye de frases hechas y respuestas cómodas. Campos, uno de nosotros, se interroga y nos interroga. Se inquieta y nos inquieta. Tiene su prosa la facultad de remover, de desalojarnos de ciertas comodidades:
“Lo ocurrido en Venezuela desde 1998 y hasta hoy corresponde a un único suceso con variedad de escenas encadenadas, es una sola pulsión. Si empezó como la voluntad de un hombre en quien todos los vicios y egolatría confluían, la verificación pública de aquella obscenidad privada adquirió formas funcionales y hubo un desarrollo y entronización de unas maneras susceptibles de ser reivindicadas por unos herederos, y estos ya no eran solo sus secuaces inmediatos. Si bien es necesario hacer la enumeración de cuanto ha sido demolido, describir saqueo y evaporación de recursos, bienes, cosas, instituciones, hábitos, símbolos, el inventario de lo arrasado, no es menos revelador el crepitar de su discurrir, la actitud de sus espectadores. Se ha asistido a un espectáculo somnoliento, como congelado en el tiempo, de flujo lento, si una característica moral pudiéramos espigar sería esta: impasibilidad”.
XI. Les dejo, apreciados lectores, con el pensamiento en la Venezuela de nuestras heridas. De ello tratan en su fondo común las once páginas. Seguimos llamados a pensarla y a pensarnos.
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Nelson Rivera.

