¿Entidades de interés público?
Situación actual
Se avecina en el corto o mediano plazo, la deseada transición hacia la Democracia, ya fue anunciada, ergo, ello implicará aumento de la actividad política y electoral, especialmente por parte de los partidos políticos, dado que, ellos constituyen como bien afirmaba Hans Kelsen, _“órganos esenciales para la formación de la voluntad estatal”_. Sin embargo, en el caso venezolano, dejaron de ser genuinos representantes de distintos sectores de nuestra Sociedad, porque, se _desconectaron y se “desfiguraron”_ en sus cometidos, por diferencias internas irresolutas, que han hecho que, no gocen de confianza ni legitimidad, para lo que se avecina.
Conveniencia de los partidos políticos
Sin embargo, el anterior cuadro político, no es conveniente, ni para el _actual liderazgo nacional,_ ni para el _sistema democrático_ que se pretende restablecer en poco tiempo, pues estos dos factores, requerirán de partidos políticos, suficientemente organizados y legitimados, no solamente para funcionar a lo interno de ellos, sino más importante aún, para ser _“restablecedores” y “sostenedores”_ de la anhelada Democracia, lo que, les exigirá que, abandonen la retrograda idea de que sus intereses privados, están por encima del *“interés democrático”*, principio que deberá ser privilegiado en sus normas estatutarias.
Nuevo orden legal
Representar los intereses de sus adherentes y en especial de la “Democracia”, será una función básica de los partidos políticos en una nueva era, que necesariamente debe ser enmarcada por _“una detallada reforma legal a dictarse de manera impostergable”_ a la Ley que los rige, que debería poner en juego la verdadera voluntad democrática de sus conductores, estableciéndoles reglas claras y transparentes, sobre su _“democracia interna”_, burlada y manipulada de múltiples maneras y, visibilizadas con la imposición de candidatos, prescindencia de las bases y procesos electorales simulados.
Fragmentación-Efectos
Hoy por hoy, a pesar de los cuestionamientos, los partidos políticos siguen siendo, actores indispensables para la Democracia. Sin partidos políticos, _la representación se fragmentaría_ de tal manera que, el Estado, sería ocupado y manejado por un solo partido, como ocurre en la actualidad. Un ejemplo de fragmentación partidista, sería la numerosa existencia de “minipartidos” que, lejos de contribuir a la consolidación de un régimen democrático cohesionado y de partidos serios, ocasionarían «distorsiones democráticas”,pues su presencia en la arena político-electoral, sería para negociar prebendas a cambio de apoyos.
Pluralismo partidista
Una de las innovaciones que podría ser considerada legislativamente, es la de permitir el pluralismo partidista, como otra manera de evitar la mencionada fragmentación, pues resulta inaceptable a la libertad de opinión que, _“las disidencias”_, sean sancionadas con expulsión o autoexclusión, por parte de la burocracia dirigencial dominante a lo interno, que no admiten otras posiciones, sobre distintos asuntos, que son comunes a todos; por supuesto que, las tendencias enfrentadas, quedarán sometidas a la “democracia interna”, para resolver las diferencias de criterios, evitando así las divisiones del partido.
Oposición deseable
Una oposición deseable, _estará obligada a diseñar y mantener al restaurado régimen democrático,_ así como prever el funcionamiento adecuado de los partidos, en línea con lo que la gente espera de ellos, garantizar libertad en el ejercicio pleno de los derechos y libertades fundamentales que promuevan, conforme a los postulados constitucionales vigentes, y cuyos aspirantes a cargos públicos de elección popular, deberán pasar por jornadas de formación en los asuntos de Estado, para de esta manera evitar seguir con la improvisación, los errores y las omisiones, que ahora lo caracterizan.
Escuelas partidistas
Se insiste entonces en la ineludible formación y adiestramiento de los dirigentes políticos, en las diferentes áreas de conocimiento que se manejan en los asuntos del Estado y del Gobierno. A tal fin, la función del partido, como fuente de reclutamiento de la clase política, sería la de proveer esas herramientas, para que sea en gobierno o en oposición, el _“principio de responsabilidad”_ sea norte de la función dirigencial, ante su propio partido político y la sociedad, pues hasta el momento, lo que los ha caracterizado, es justamente lo contrario al principio asomado, ante distintos hechos que se han sucedido.
Omisiones lamentables
La inobservancia del principio de responsabilidad, ha convertido a los partidos políticos en simples instrumentos de la clase política, que se ha *“burocratizado”* en la conducción de sus asuntos, sin que se ocupen de rendir cuenta de sus gestiones, ni nadie se las exija, lo que, por supuesto oxida la credibilidad del partido y lo que es peor aún, _la democracia pierde o perderá un actor o actores_, por prácticas indebidas en sus funciones, lo que por supuesto, en una mejor democracia, no debería ser ignorado y para ello, se requerirá de una *mayor supervisión* de estas asociaciones políticas, acostumbradas a manejarse según la voluntad de un férreo poder interno.
Nuevas actitudes
En la consolidación de la Democracia, los partidos políticos, deberán estar atentos a la “oposición desleal”, entendida como aquella que no ha tenido, ni tiene disimulo en utilizar métodos engañosos, fraudulentos o violentos con el fin de obtener el poder. En tal sentido, se hace necesario tener la suficiente legislación democrática partidista, para prevenir y sancionar esas felonías; en tal sentido, una de las reglas normativas a fijarse, sería la de que, de ocurrir un atentado fáctico o violento contra la vigencia de la Democracia, ello significará de inmediato la disolución del partido o partidos que lo respalden o apoyen.
Mejor legislación
El incremento de la influencia del orden legal en los partidos es hoy una necesidad, sobre todo para hacer que se comporten de manera democrática. Hasta el momento se pudiera decir que, la _legislación que los rige_, ha sido muy laxa. Se hace necesario poner atención sobre el modo en que gobiernan, cómo los líderes ejercen el poder y a quiénes beneficia su gestión. Que se reconozca que, deben ser gobernados por la mayoría de sus adherentes, en cuyas decisiones debe estar el destino del partido, sobre todo cuando ocurren fracturas, que se resuelven por la vía judicial y no por la vía democrática.
Directrices
Principios como los de _electividad y alternancia_, ambos de rango constitucional, deben servir, para que cualquier militante o grupo de militantes tengan el derecho a gobernar al partido, que deberá observar en sus procesos electorales, adicionalmente los mismos principios que rigen para la elección de los distintos Poderes Públicos. Es así como, en atención al _principio de igualdad_ ningún dirigente dentro del partido, podrá ser considerado más sabio, más legitimo o más honesto, que sus adversarios, evitándose de esta manera a los *“cultores de populistas”* con derechos por sobre la organización.
Perspectivas de los partidos
Tarde o temprano, vendrá un proceso político-electoral, que seguramente concluirá con el triunfo de las fuerzas democráticas, pero antes y después de este hecho, se requerirán partidos cohesionados y predispuestos a adaptarse a las nuevas circunstancias, que sepan defender con argumentos y acciones constructivas a la Democracia, por supuesto que, sobre la marcha, debe haber una renovación en su conducción, con nuevas reglas que impliquen mayor responsabilidad para con los ciudadanos, pero por sobre todo, que sean capaces de poner siempre en el centro de sus actividades a la Democracia.

