El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, afirmó que las expectativas de inflación a largo plazo están bajo control y bien ancladas, indicando que la economía estadounidense se mantiene en una posición sólida. A pesar de la vigilancia sobre tensiones geopolíticas y el mercado laboral, la postura actual de la Fed busca mantener el equilibrio.
Los bonos del Tesoro de Estados Unidos repuntaron después de que el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, afirmara que los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump generaron un aumento puntual de los precios y que el banco central tiene un control limitado sobre shocks de oferta, como el encarecimiento del petróleo provocado por la guerra.
El movimiento en el mercado de deuda —valorado en US$31 billones— se aceleró mientras Powell intervenía. Antes de sus comentarios, los inversores ya mostraban inquietud por el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre el crecimiento global, lo que había reavivado la demanda por deuda soberana y atraído el interés de firmas como Pacific Investment Management Co., JPMorgan Chase & Co. y Columbia Threadneedle Investments.
Rendimientos en caída y apuestas de tasas en retroceso
Mientras hablaba ante estudiantes de la Universidad de Harvard, los rendimientos de los bonos a entre dos y diez años ampliaron sus caídas diarias a más de 10 puntos básicos. Los operadores redujeron de forma significativa las apuestas a un aumento de tasas este año y volvieron a incorporar la posibilidad de un recorte hacia finales de 2026.
Krishna Guha, jefe de estrategia de bancos centrales en Evercore ISI, señaló que los comentarios de Powell devuelven al mercado a un escenario en el que uno o más recortes son “ligeramente más probables” que un alza, aunque advirtió que persiste la incertidumbre sobre un eventual acuerdo entre Estados Unidos e Irán.
El repunte de los Treasuries llega tras semanas de ventas impulsadas por el alza del petróleo y el temor a que los bancos centrales adoptaran una postura más restrictiva. El giro hacia la preocupación por la desaceleración económica ha reducido la expectativa de una respuesta agresiva contra la inflación.
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