Vuelve por sus fueros al escenario politiquero nativo, el eterno dilema de las guerras buenas y guerras malas.
El tener que condenar, “la pavorosa y violenta captura militar de Maduro y Cilia”, por parte de Estados Unidos, por violar la soberanía. O bien, aplaudir la gesta gringa, como la única tabla salvadora, tras 27 años de gritos, reclamos fallidos y crueles calamidades padecidas por la gran mayoría de venezolanos.
Al parecer, se busca hacer abstracción en torno a la cruel y dolorosa diáspora de más 8 millones de compatriotas por el mundo, que arriesgaron sus vidas, en busca de un destino más seguro y reconfortante.
O, pasar la página, en torno a las centenares de engorrosas y pacifistas gestiones ante el CPI, ONU, CIDDHH. Y el descarado robo electoral de 28 de julio, reclamado con tanta fuerza, vehemencia, y civilidad, por ante diversas instancias internacionales.
Eh ahí, el inesperado dilema, que ahora vuelve un tanto soterrado, pero con suficiente empuje, a la opinión pública nacional, guiado sigilosamente, por la poderosa Hegemonía Comunicacional del interinato, que a juzgar por su señas, sigue más firme que nunca.
Álgido tema, que se ha hecho recurrente, en algunos espacios de opinión política de radio y Tv (mayoría afectos al régimen), que aún se difunden en el país. Y por supuesto, con invitados afectos al partido PSUV. Obviamente, sin involucrar a los organismos internacionales responsables de ventilar estos casos, apelando solo al influjo y hábil manipulación de la opinión pública y de la población en general.
Por ahora, el chavismo busca afanosamente generar polémicas, victimizarse ante la opinión pública, para avanzar en su propósito de prolongar su permanencia en el poder, o lograr una negociación que cambie todo.
En tal sentido, mantienen una intensa y bien orquestada campaña anti-USA, vía redes sociales. En paralelo, sus voceros “disfrazados” insisten en alzar las banderas de la paz, condenar la guerra, la vil agresión a Venezuela y extracción de su pareja presidencial, infiltrarse en las protestas laborales para ponerse del lado del pueblo. Y enlodar los planes de María Corina Machado (MCM), y sus aspiraciones presidenciales.
En esta agria lucha que se libra “a sangre y fuego” por el poder en Venezuela, surgen cualquier cantidad de politiqueros, que atacan e insultan indistintamente, a Donald Trump, a la presidenta sustituta, Delsy Rodríguez, y a líder de la oposición MCM, presentándose como los impolutos salvadores de la patria. Y curiosamente, se presentan a favor de la liberación y el retorno de Maduro a Miraflores.
Acusan de entreguistas tanto a Delcy como a la premio Nobel de La Paz, y arremeten con furia, contra “los cipayos venezolanos que aúpan la intervención de EE.UU en la patria de Bolívar”. Pero claman, por la libertad, independencia y fin del tutelaje de Venezuela.
Son los ególatras politiqueros que condenan rotundamente la agresión de Estados Unidos a Venezuela, critican por igual, la represión y abusos de poder del dictador Maduro, y aunque saben que no hay otras salidas, se oponen al uso de la fuerza para acabar y castigar la terrible dictadura chavista.
Insisten en ignorar, que en Venezuela se intentaron todos los mecanismos democráticos, pacíficos, y civilizados, para un cambio de gobierno. Y que cómo en Irán, no había otra manera diferente a la violencia militar, para el cambio de gobierno y de la salida los terroristas con turbantes, en la nación persa.
Se llenan la boca de derechos humanos, justicia social y libertad, pero siguen apostando al manejo del lobby cubano, para que el chavismo siga vivo, con otras caras, con otras tácticas, otros pactos, otras mentiras.
Es oportuno recordar, que la distinción entre “guerras buenas” y “guerras malas” es a menudo subjetiva y política, contrastando la noción de una guerra justa (defensa propia, alto interés moral) frente a conflictos por intereses estatales o expansionismo.
Sin embargo, la perspectiva mayoritaria sostiene que no existe tal cosa como una “buena guerra” debido a la inmensa destrucción, el sufrimiento humano y la pérdida de vidas inocentes que provocan, reflejando que incluso una paz frágil suele ser mejor que cualquier conflicto armado. (,,.) (Dixit Benvenisti Eyal).
Aspectos claves del Ius ad bellum, conjunto de normas del derecho internacional que regula la legalidad del recurso a la fuerza armada por parte de los Estados, establecen, cuándo es legítimo declarar o iniciar una guerra. Y prohíbe la fuerza, salvo por autodefensa o autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.
Guerra Mala: Aquellas impulsadas por intereses egoístas, expansión territorial o agresión, desprovistas de justificación moral. Cualquier parecido con la cruda realidad venezolana, es pura coincidencia.
Con información de Benvenisti Eyal: “Repensando la división entre el Jus ad-bello y el Jus in bello en la guerra contra actores no estatales-Redes Sociales
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