Esta mañana, amanecí reflexionando acerca de la cultura e instintos del capitalismo. Como que el capital no tiene patria. Él se va donde tenga espacio y oportunidad de reproducirse y sus amigos, dispuestos a defender y hasta partirse el pecho, están en su espacio, donde no tiene barreras. Por eso existe el cuadro del cual hablas y, la realidad es que, uno está en un sitio, espacio y, hasta por pequeño, cercado por grandes murallas. Esto implica tener que adaptarse, sin perder la dignidad a vivir en el espacio donde está encerrado. Los «amigos» lejanos, suponiendo que en el capitalismo haya amigos y no socios que contribuyan a que el capital crezca, de poco o nada sirven, si las murallas son muy altas, las olas gigantescas y las distancias enormes, tanto que al capital eso no estimula ni le incita a correr grandes riesgos o sufrir pérdidas por idealismos, un defecto o virtud que no tiene.
Remontar montañas, saltar cercas demasiado altas y remar hasta el cansancio, venciendo olas enormes, agitadas, para llegar lejos, por objetivos inciertos, es propio del romanticismo y al capital eso no le adorna.
Entonces, los profetas, esos que diagnostican, no fundamentados en la realidad, sino en sus deseos, como que organizan su vida y la de su familia toda, pensando que hallarán una isla de jauja o Barataria, suelen llevar al desastre, como dijo Nicolás Guillén, “Son simples pendejadas de negro pa´ conversá”.
Al revisar lo simple, lo que sabemos, esos intentos de construir el socialismo o sólo alcanzar la independencia y hasta la soberanía, a voluntad de la vanguardia y no atendiendo al desarrollo de las «fuerzas productivas», lo que implica lo estructural y superestructural, tal como se dieron los cambios que llevaron al capitalismo, y de paso contando con una vana esperanza de ayuda, respaldo incondicional y hasta arrojada de sociedades donde domina el capital con su lógica, aparte que pese, lo que pudiera haber en ellos de interés por intervenir en lo nuestro, dentro de la lógica del capital, quedan demasiado lejos, es fácil entender el porqué de tanto fracaso y frustración.

