Cuatro interpretaciones que devuelven a Beethoven su verdadero pulso: rápido, tenso y revolucionario.
Durante décadas nos acostumbramos a escuchar a Beethoven a través de una tradición interpretativa dominada por la gran escuela alemana del siglo XX: Furtwängler, Karajan, Bruno Walter y otros directores extraordinarios que, sin embargo, tendieron a presentar un Beethoven más romántico, más amplio y a veces más solemne de lo que probablemente fue en realidad.
Orquestas cada vez más grandes, tempos más lentos y un sonido más denso terminaron por convertir a Beethoven en una especie de precursor de Brahms o incluso de Mahler. Pero Beethoven fue otra cosa: un compositor revolucionario que sacudió los cimientos de la música de su tiempo.
Para mostrarlo no hace falta acudir a obras raras ni a ejemplos complicados. He escogido cuatro sinfonías que todos conocemos bien —la Tercera, la Quinta, la Séptima y la Octava— dirigidas por cuatro directores muy distintos: Arturo Toscanini, John Eliot Gardiner, Carlos Kleiber y Hermann Scherchen.
El contraste es revelador. No se trata de caprichos interpretativos. Al contrario: muchas de estas versiones se acercan más a lo que indican las propias partituras de Beethoven, en particular en los tempos, la claridad rítmica y la energía de los acentos.
Sinfonía N° 3 – “Eroica” Toscanini.
Sinfonía N° 5 – John Eliott Gardiner.
Sinfonía N° 7 – Carlos Kleiber.
Sinfonía N° 8 – Hermann Scherchen.
Escucha estas versiones y juzga.
Tal vez descubras que Beethoven no era solemne ni grandilocuente: era simplemente revolucionario

Emilio Figueredo – Análitica.com

